
Del 11 al 20 de septiembre de 2026, la Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín hace parte de la 19ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, un encuentro ciudadano en torno a la lectura, la cultura, la ciencia y la creación. Te invitamos a participar en una agenda con actividades académicas, artísticas y editoriales que conectan el conocimiento con la ciudad.

Dicen que tú y yo estamos locos es un documental de 77 minutos que cuenta las historias de los “locos” que habitan la Biblioteca Pública Luis Ángel Arango, la más grande de Colombia y una de las más importantes de América Latina.
Qué es verdad de lo que dicen sus protagonistas, no podemos saberlo. La única verdad que importa es la de sus vidas, buscando refugio y compañía dentro de los muros y los libros de la biblioteca Luis Ángel Arango.
Juan Mauricio Piñeros, realizador y docente colombiano, egresado de la Escuela de Cine y
Televisión de la Universidad Nacional de Colombia y director de la cinta.
¿Cómo empezó esa relación con la biblioteca que se termina materializando en una película?
Lo que pasa es que el origen de la película realmente es un recuerdo que tengo de hace años en la biblioteca. Cuando era adolescente, era la única biblioteca de Bogotá importante. A mí me gustaba mucho leer sobre aviones, entonces llegó un momento en el que ya no había más que leer en la casa, ni en la biblioteca del colegio. Y el paso siguiente fue: vaya a la Luis Ángel Arango, porque allá usted va a encontrar un montón de libros. Ir allá fue la primera volada al centro de Bogotá solo. Me volé con un amigo del colegio y la biblioteca fue amor a primera vista. A mediados de los 90s, o finales, a la biblioteca le hicieron una reestructuración y estaba nuevecita. Uno llegaba y esa biblioteca acabada en mármol con esos espacios y esa la luz. Entonces, para mí eso fue una locura, yo no podía creer que existiera un sitio tan chévere. Que le diera a uno tantas cosas, hasta el olor me acuerdo, olía a nuevo la biblioteca. Entonces, enseguida pensé: “Este sitio es una locura”. Y se me volvió un hábito ir.
Empecé a ir los fines de semana y en esa época los empleados me empezaron a reconocer y me guardaban libros y me decían: “Mire, hay esto de los aviones”. Entonces yo siento que en esa época me volví como una especie de esos personajes que yo intento recrear, es decir, en esa época antes de internet, la biblioteca era como el sitio donde toda la gente quería saber de algo. O conspirar sobre algo, hacer cualquier cosa, estaba allá. Todo el que tenía quería investigar sobre fútbol o sobre aviones o sobre intrigas, teorías de la conspiración, de moda, lo que fuera, literatura, todo el mundo estaba allá. Y obviamente había gente excéntrica.
¿Y por qué decidió contar estos personajes?
Lo que sucedió fue que me fijé en un personaje que era un man con el que yo me sentaba en una sala. Era un tipo que estaba en una mesa enfrente y siempre ponía un montón de libros sobre paradojas matemáticas, como El hombre que calculaba, libros de acertijos matemáticos. Y el tipo todo el tiempo estaba leyendo eso y yo creo que entramos en conversación porque alguna vez me hizo como un acertijo de esos. Y yo le dije:
— A usted, ¿por qué le interesa todo eso?
—No, lo que pasa es que yo estoy entrenando, porque quiero ganar un Guinness Record de acertijos matemáticos.
Era su obsesión. Y era un tipo muy brillante, muy inteligente y le gustaban mucho las matemáticas. Era un tipo talentoso. (...) Yo me volví amigo del man, me lo encontraba los sábados, pero lo que sucedió es que cada día que lo veía más desmejorado, como más sucio, entonces me di cuenta que él, Jimmy se llamaba, era habitante de la calle, que no tenía casa. Fue otro descubrimiento: la inteligencia, la gana de conocimiento, la inquietud intelectual no tienen estrato. Es una cosa que está en la gente.
¿Y que de pronto en una biblioteca pública se materializa ese acceso al conocimiento para todos?
Eso es otra cosa, la biblioteca Luis Ángel Arango era un sitio que también ha sido un ejemplo de lo público bien llevado, sí, porque la biblioteca es un sitio muy bonito en Bogotá, está muy bien mantenida, usted va y está limpia, todo funciona, todo está bien, no hay nada roto. Uno a veces ve al público como que está ahí más o menos llevado, a medias, pero no, la biblioteca es un sitio, que inclusive hay gente que pregunta si hay que pagar en la entrada. Pero adicionalmente, es un sitio donde se ven esos fenómenos que no se ven en ningún sitio de Bogotá, fenómenos que yo a esa edad solamente los había visto en las películas. En Nueva York o en el primer mundo había gente que vivía en las estaciones de metro. O que guardaba las cosas en los casilleros, y era una condición aceptada y eso en Bogotá no pasaba. En cambio la Luis Angel Arango era un sitio muy elegante, pero se daban esas escenas, uno entraba al baño y se daba cuenta que el hombre ha ido afeitándose (..). Desde niño siempre tuve la idea de la biblioteca como un pequeño sitio donde está la dinámica de lo público. Allá a todo el mundo lo tratan como un igual.
La idea de volver esto algo audiovisual comenzó como un guion ficcional mientras cursaba su maestría y terminó siendo un documental. ¿Cómo ocurrió ese cambio?
Yo he ido a la biblioteca por periodos, hay momentos en los que vuelvo, porque quiero hacer una investigación o porque me quiero desconectar del mundo, estoy deprimido, momentos en la vida. Hubo otro momento en el que regresé, después de muchos años, me di cuenta que estos personajes todavía existían, que todavía existían estos manes raros, pero que algo había cambiado y es que en los 90 estaba todo el mundo. Pero cuando apareció internet y Google y todo esto, pues la gente que ya tenía acceso a internet prefirió irse para la casa y eso es una cosa que ha afectado a las bibliotecas en todo el mundo. ¿Qué pasa? Que la línea baja un poco y entonces los personajes que están ahora en la biblioteca siguen siendo personas muy especiales, tienen un interés por acumular información, son obsesivos, pero ya la línea está más cerca de la marginalidad. (...) Es un fenómeno que estoy seguro qué pasa en todas las bibliotecas del mundo. Yo estoy seguro que acá en Medellín hay personajes así. Entonces, yo estaba iniciando la maestría de escritura creativa en la en la UNAL y buscando un tema para escribir un guion de largometraje. Pues me acordé, pensé en Jimmy, hice la historia, pero en ese momento me imaginé que iba a ser una película de Jimmy y su pandilla, sus amigos locos de la Luis Ángel. Pero cuando uno empieza a escribir un guion de esos, se da cuenta que exige un trabajo documental. Sobre todo cuando son guiones de cosas basadas en la realidad, uno tiene que ir a hacer una especie de trabajo documental, preguntarle a la gente, mirar cómo es que viven, tal.
Entonces empecé a acercarme a los personajes para recoger información. Pero en un cierto momento me di cuenta que la situación era muy favorable para hacer un documental, que es realmente lo que yo hago. Trabajo una línea de documental que le dicen documental de observación o documental de directo.
Que sea el de la “mosca en la pared”...
Sí, exactamente. Que académicamente es un documental que resuelve el tema de la intervención con el personaje ausente, es decir, yo los observo y no intervengo. Hay un autor muy famoso de esos que es Frederick Wiseman. Son documentales de 3 horas. (..) Pero yo no lo hago en estado puro, sino que interactuó con los personajes y los entrevisto y sí, no es tan académico mi método. Pero lo que me gusta del documental de directo es que uno tiene que durar mucho tiempo grabando a la gente, un montón de tiempo, y lo que saca son pedacitos, retacitos. Esta situación se presta para hacer un documental de directo porque hay condiciones, es un espacio cerrado, los personajes más o menos están, hay control, uno puede dejar los equipos, no es como una cosa tan abierta.
¿En algún momento, sintió que ganó o perdió cosas con la decisión de abandonar la ficción?
Cuando seguí por el lado del documental, obviamente gané los matices, digamos, reales de los personajes. Porque en el guion no quería tanto tener ese aspecto triste de las historias. Quería hacer una historia de amigos, Entonces, gané eso, gané la realidad, la profundidad y la conexión con los personajes. Pero perdí un poco la libertad que uno tiene a la hora de hacer un guion de ficción y es que puede construir un mundo, hacerlo en documental es muy difícil. Yo siempre he querido que los documentales tengan una historia redonda, pero uf, haciendo directo es muy difícil, porque estos personajes son itinerantes. Usted los ve una semana y vuelve a los meses y ya no están y nunca más vuelven a la biblioteca.
¿Hay alguna historia que haya quedado en grabación, pero luego no ha quedado en la película?
Varias, muchísimas, yo grabé 100 horas de material. Y de esas 100 horas de material el documental tiene 77 minutos, una hora y poquito. Se imagina cuánta gente se quedó por fuera, muchísima. Las razones por las que se quedan por fuera son muy variadas. A veces, por ejemplo, son demasiado itinerantes y aunque tienen un buen testimonio, nunca más logra uno encadenar algo consistente. O muchas veces son historias interesantes, pero hay otra historia que es más potente. Mi primer corte de la película fue de 6 horas. Entonces uno tiene que empezar todo un proceso de catalogación y demarcación del material, se escribe primero en papel el guion del documental, y después uno lo ponen en la línea de montaje y le quedan 6 horas de material. Suena como exagerado, pero es que los documentales de observación son así, son documentales donde uno de verdad está sacando oro de un río, tiene que hacerle horas y horas ahí para sacar una pepita y después completa ahí para hacer una un arete, no sé una cosa. muy pequeña. Ese es el documental de directo.
Hay una cosa particular y es que aunque el nombre dice que tú y yo estamos locos. La gente piensa que es un documental de locos y no, realmente por ningún lado abordó los problemas mentales. Yo lo que abordo son personas particulares a las que usualmente la gente les dice locos. (...) A decir verdad, la mayoría son hombres. Eso evidencia algo de esa generación. Sí, que en esa generación los hombres, generalmente se distanciaban mucho de las familias, son hombres, hombres solos.
¿Cómo fue lograr el asunto de la interacción mediada por las cámaras con ellos?
Uno como que al principio siente que son personas que están por allá evitando las cámaras, que son extrañas, pero lo único que a veces tiene que hacer es abordarlos, porque realmente son personas que están hablando, como están tan solos, realmente la mayoría ya están con muchas ganas de hablar.
¿Cómo evitar que eso luego termine siendo una mirada muy compasiva o incluso con morbo? ¿Cómo hacer para no cambiar el sentido de los personajes o para no aprovecharse del personaje o no cambiarlo?
Yo creo que eso es una un problema que no tiene solución, porque honestamente uno de una u otra manera y así lo justifique o hable mucho o hable muy poco, la verdad es que uno sí se termina aprovechando un poco de los personajes, porque yo grabe a estos señores allá y yo soy el que estoy viajando acá a hablar, a mostrar la película. Eso es inevitable. (...) Lo que uno tiene que hacer es encontrar un segmento de personajes en los cuales se entienda muy bien y con los cuales se establezca como una negociación en la que ellos sepan que usted está grabándolos, pero lo hagan de buena voluntad. A a hora de hacer un documental uno tiene que pensar cómo emplaza la cámara. Si se mete con personas que no valora mucho y dice: “Ay, esa gentecita”, inevitablemente uno está poniendo la cámara como en picado. Y eso el material lo respira. Es un documental que usted siente que el autor se sentía por encima de ellos. O hay otros documentales, cuando uno aborda un personaje y le tiene miedo, se siente el material que uno lo está mirando de arriba a abajo. Entonces, la cámara está en contrapicado. Lo que trato, de manera muy intuitiva, es de meterme con gente que podrían haber sido amigos míos, cuando uno pone la cámara al mismo nivel de los ojos, es gente que uno los trata como iguales.
¿Usted cree que usted también, en alguna medida, podría hacer un un “loquito” de esos de la biblioteca?
Cuando era adolescente, que iba más, era un personaje de la biblioteca. Sí. Loco, hay gente que me dice que estoy loco todo el tiempo. Hay gente que considera que el documental también es como una sacudida: todos podemos ser locos. (...) No sé sí soy loco, pero sí podría terminar siendo un personaje de la película, claro, eventualmente.
¿Qué puede esperar el público de Medellín que no conoce la Luis Ángel Arango, qué lo va a atravesar cuando vea el largometraje?
Hay dos lecturas de la película: sí intenté ahí en el subtexto de la película que quedará patente ese cariño que le tenemos los bogotanos de mi generación a esa biblioteca, pero es un subtexto, es una lectura. (...) Pero realmente el eje principal de la película son estas historias. Estos personajes universales, es decir, todas las bibliotecas del mundo tienen personajes así. Y la otra cosa que me parece muy universal, es el tema de la soledad de los adultos y yo creo que eso también es un problema urbano. Esos son temas universales que yo creo que la gente sí puede leer. Más allá de que la película les parezca buena o mala, eso sí ya es otra cosa, pero creo que puedan entender esos dos asuntos.
31 de agosto de 2026

Con todo lo que está pasando en el país, ¿qué tan preparados estamos para adaptarnos a un territorio sísmicamente activo y con afectaciones por fenómenos extremos de lluvia y sequías? Esa es la pregunta que intenta contestar el segundo encuentro de Somos Naturaleza, un ciclo mensual de conversaciones que hace parte de Charlas con Sociedades, una alianza entre el Parque Explora, el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia (IDEA) – Sede Medellín y su Red SISA (Red de Semilleros en Sistemas Ambientales) Nodos de Ciencia, Redes de Vida.
En esta segunda conversación Hablemos del riesgo ante fenómenos naturales extremos, el público podrá conocer cómo distintas investigaciones ayudan a entender las fuerzas que transforman el lugar en el que vivimos y los riesgos que enfrentamos ante ellas.
La dinámica es simple: investigadores comparten con el público, en un lenguaje claro y cercano, los hallazgos de sus investigaciones sobre biodiversidad, cambio ambiental y sostenibilidad. Somos Naturaleza se convierte entonces en un espacio de conversación y divulgación científica para todas las personas de la ciudad.
La profesora Clara Inés Villegas Palacios, directora del IDEA, explicó el interés de la iniciativa: “compartir con la ciudadanía en general, con otros públicos, no académicos, resultados de investigaciones que se hacen en la universidad en torno a temas ambientales, particularmente en torno a cosas que tienen que ver con los sistemas ambientales. A través de estos ciclos lo que queremos es compartir el conocimiento que se genera en la universidad con la ciudadanía en general, como una suerte de cátedra de ciudad”.
No es una clase ni una conferencia especializada: es una invitación a descubrir, preguntar y dialogar sobre los desafíos ambientales que compartimos, sin necesidad de tener conocimientos previos.
Entre los temas y preguntas a resolver en esta segunda conversación se hablará sobre los temblores recientes en Colombia y Venezuela, se explorará la composición de nuestros suelos y las viviendas que construimos, se explicará el monitoreo de incendios forestales para analizar el riesgo de incendios en los bosques de Antioquia y cómo percibir diferentes formas de la lluvia.
Al final, la jornada cerrará con una conversación abierta alrededor de esa pregunta inicial: ¿qué tan preparados estamos, y quién corre más riesgo?
La profesora Villegas reiteró la invitación al espacio para “conversar sobre temas de actualidad que nos importan a todos y sobre los que se han hecho también investigaciones en la universidad y en otras instituciones académicas de la ciudad”.
El evento será el miércoles 2 de septiembre a las 6:00 p. m. en el Teatro Parque Explora y también en vivo por el canal de YouTube de la UNAL Medellín, la entrada es libre con registro previo
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31 de agosto de 2026

Hace dos años que la Librería de la UNAL Medellín escribió sus primeras letras sobre el Ágora del campus El Volador. Un año después vino el bautizo “Piedad Bonnett”, un homenaje a la escritora, poeta, narradora, dramaturga y ensayista antioqueña, quien además es egresada de la Universidad Nacional de Colombia y que en medio de la ceremonia recordó la importancia de la promoción de la lectura:
“La labor es más sencilla de lo que se imaginan, consiste en leerle a los niños muy pequeños a la hora de dormirse, o llevarlos a la hora del cuento en la librería o la biblioteca del barrio. Ellos ahí descubren la imaginación, el miedo (yo entré a la literatura por el miedo), el suspenso, el amor… Las madres, los padres y los maestros son los encargados de hacer eso. Los maestros no deberían poner a leer por obligación libros muy aburridos ni a niños ni a grandes, la literatura debe ser una felicidad, como dijo Borges”.
Con la idea de la literatura como felicidad, la joven librería ha fortalecido su papel en el espacio lector y cultural de la ciudad con talleres, conversaciones, lanzamientos y promociones que siguen acercando a la comunidad, académica o no, a los libros, las historias y el conocimiento.
La celebración de los dos años de la librería empezará este 31 de agosto e irá hasta el 4 de septiembre. Habrá lanzamientos de libros, conversaciones literarias, concursos, programas radiales en vivo y muchas promociones.
“Vamos a tener eventos culturales, musicales, charlas sobre libros, sobre poesía, incluso sobre cocina, descuentos especiales: el sello de la universidad va a tener el 25 % de descuento, en algunas horas especiales va a tener el 30 %; sellos externos el 20 % de descuento, entonces los invitamos a que se acerquen, aprovechen y cordialmente invitados”, recordó Gustavo Adolfo Figueroa Niño, coordinador de la librería.
Entre la programación se encuentra la presentación del libro Óscar Niemeyer: moderno y tropical. Mediaciones sobre su obra, escrito por el profesor Luca Bullaro y publicado por Sílaba Editores; la Happy Hour de Libros, un Conversatorio CartUNAL, presentaciones culturales y actividades para llevarse a casa a Nacho, o al menos un peluche del buhito mascota que representa el conocimiento.
Quiénes quieran festejar junto a la Librería UNAL Piedad Bonnett sus dos primeros años pueden conocer la programación completa.
Mientras tanto vale la pena recordar una frase de Bonnett que funciona como norte para su librería homónima: “Una narración —cualquier narración— es algo que siempre derrota el vacío, que crea un vínculo o sostiene el que todavía existe”.
Y también otra, para no dejar pasar las promociones, “Porque a los veinte, una biblioteca es una ilusión, a los cuarenta un lugar de plenitud y a los sesenta un recuerdo permanente de que la vida no te va a alcanzar para leerlos todos”.
31 de agosto de 2026
Foto: Unimedios
¿Qué hace que una persona tome la decisión de irse de su ciudad o pueblo natal para vivir en Medellín? “La universidad. Yo quería saber cuál era la mejor universidad y la Nacional tocó mi corazón y yo dije: ‘tengo que estudiar acá’”, cuenta emocionada Anny Murillo, que se vino desde Tadó (Chocó) a estudiar Estadística en la UNAL Medellín.
Murillo lo cuenta con los pies metidos en los chorritos del parque de los Pies Descalzos, mientras intenta mitigar el calor de la ciudad que ahora será su hogar y el de otros 169 nuevos estudiantes que vienen de otras regiones del país y de otros países para estudiar en esta Sede.
Junto a Murillo, 104 de estos foráneos que ahora hacen parte de la Sede Medellín recorrieron el pasado 21 de agosto, por primera vez, el Estadio, Pies Descalzos y el Pueblito Paisa, en una actividad organizada por la universidad para acercarlos a los lugares, la cultura y los amigos que desde ahora los acompañarán durante su camino académico.
“Aunque no soy de aquí, me ha gustado mucho y me gusta también la gente, su cultura, porque aunque yo soy del Chocó y las culturas son muy diferentes, a uno le gusta ver cosas nuevas y otros sabores”, dice Anny con su deje chocoano y con la ilusión de quién siente que descubre el mundo por primera vez.
Foto: Unimedios
A su lado, con los pies sumergidos un poco más arriba de los tobillos, estaba Gary Pardo, a quien el calor del mediodía de Medellín no le parece tanto comparado con el de San Andrés, desde donde viajó para continuar con sus estudios de Arquitectura.
¿Qué hace que uno decida abandonar su isla, para que en vez de mar lo rodeen las montañas? “Vine una vez y me quedó gustando. Y más que nada es por el diseño. Aquí en Medellín, aunque muchos crean que es una zona urbana, es una zona más rural. Me gustaría trabajar en este tipo de arquitectura. Algo que juegue con la naturaleza, algo que no la agobie, sino que la ayude a entonar”, dice mientras mueve levemente los pies en el agua.
Pardo llega a su tercer semestre de Arquitectura, como parte de los 79 nuevos estudiantes de modalidad PEAMA (Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica), un sistema especial de la UNAL para aspirantes de regiones de presencia nacional como Amazonía, Caribe, Orinoquía y Tumaco.
Como Gary, los PEAMA cursan su primer año en la Sede de Presencia Nacional de su región y luego se trasladan a una sede principal (Bogotá, Medellín o Manizales) para terminar su carrera y al final se les permite retornar o vincular sus proyectos de grado a su lugar de origen.
Foto: Unimedios
“Cuenten con nosotros de aquí y para adelante durante todo el proceso”, les dijo Juan Pablo Montoya, de la Oficina de Relaciones Interinstitucionales (ORI), a todos quienes van en su bus, uno de los tres que realiza el recorrido y en el que mientras se desplazan de un lugar a otro aprovechan para presentarse, señalar una calle, dar un dato y regalar un par de consejos que les serán útiles a partir de ahora:
“Lo primero que les enseño: no dar papaya. Frase importante. No dar pa-pa-ya. Para quienes no saben, significa no dar oportunidad a personas malintencionadas”, recalca Juan Pablo mientras el bus pasa por la 70, “rumba sí, pero con responsabilidad”, les lanza cuando ve la emoción de los asistentes leyendo el nombre de las discotecas.
Foto: Unimedios
Montoya, también dirige el programa de Anfitriones, que aparte de ser la bienvenida a los estudiantes de intercambio, “peamas” y de movilidad entre Sedes, tiene como fin “brindar un espacio diferente a lo académico, a la vida universitaria, que puede ser un poco pesada en ocasiones, es encontrar un espacio de esparcimiento, compartir, conocer nuevas personas, nuevas culturas, y o más importante es dejar amigos que a futuro son un gran contacto y un gran lazo de vida”.
“Los compañeros, el recorrido, el ambiente, el parche, todo súper chévere”, dice Danna Castellanos, de Arauca, que viene desde la Sede Orinoquía a estudiar Ingeniería Industrial. ¿Qué hace que uno abandone la planicie araucana para levantar la mirada y ver ese montón de casitas aferradas a la montaña? “El ambiente, las personas, la ciudad, a comparación de las otras, uff, Medellín”, dice segura mientras recorre las calles de adoquín del Pueblito Paisa.
Foto: Unimedios
¿Qué hace que uno como francés abandone las cuatro estaciones para vivir en la “eterna primavera”? “Porque Medellín es muy bonito y me gustaría ser periodista y aprender la historia es importante para cambiar las cosas. Y la UNAL, porque es la mejor universidad del país”, dice Camille, de Valero (Francia), que vino a estudiar Historia.
Ella tiene razón, no es solo la ciudad, es la universidad pública en ella, es la Sede la Universidad Nacional de Colombia, con sus seis facultades y sus más de 30 pregrados, con sus grupos de investigación, laboratorios y docentes.
Foto: Unimedios
¿Qué hace que una decida estudiar en la Universidad Nacional? “No sólo por ser la mejor universidad del país, sino que yo siempre pasaba por donde estaba la universidad en construcción en la Sede La Paz (Valledupar) con mis papás, cuando era pequeña y siempre decía: voy a estudiar ahí”, cuenta Ana María Amaya, vallenata que viene a estudiar Ingeniería Biológica.
Venir a Medellín es entonces un paso en un sueño más grande, ser profesionales. Junto a Amaya llegó su paisano Andrés Jaimes, estudiante de Ingeniería Biológica. “Principalmente porque siento que la carrera que estudio es el alma mater de aquí, de esta Sede. Entonces quería probar nuevas experiencias, nuevas expectativas para mi ámbito laboral y conocer la cultura, que siento que es muy linda”, cuenta después de tomarse una foto con la ciudad de fondo.
Foto: Unimedios
Con ellas y ellos concuerdan Andrea Portuguéz, de Lima (Perú), “Y he venido aquí a Medellín a estudiar arquitectura en la UNAL, ya que había buscado una de las universidades más prestigiosas de Colombia y es una de esas”, dice. Cristian Alvarado, compañero de carrera y de país, la acompaña y la respalda, “La Universidad Nacional de Colombia, porque es de conocimiento que es una de las universidades más prestigiosas de acá”.
Además del nombre es el conocimiento que produce, Karina Martinez, estudiante de Ciencias Políticas en Acapulco (México), vino acá a estudiar Ciencias Agrarias. “Yo decidí venir acá por las líneas de investigación que a mí me interesan que es el medio ambiente (...) la manera en cómo aquí cosechan y desarrollan la biodiversidad. Y me gustaría conocer más a fondo y llevarme un poco de su cultura”, dice mientras se toma una michelada de maracuyá en lugar de clamato.
Foto: Unimedios
Christopher Lara, su mejor amigo de la universidad en México, vino con ella de intercambio, pero no vino solo por eso: “Yo estoy haciendo una investigación en política comparada, la política en México y la política en Colombia. Y bueno, principalmente también porque el intercambio cultural me gusta mucho”, dijo antes de tomarse la foto grupal que da fin al recorrido.
Ya en el campus El Volador, Steven Otalvaro, psicólogo de Bienestar Universitario y profesional de acompañamiento a estudiantes PEAMA, recordó la importancia de lo vivido en el recorrido: “Brindar espacios de esparcimiento, creación de redes de apoyo entre estudiantes y que permita a los estudiantes tener espacios para el reconocimiento de la ciudad: lugares emblemáticos, representativos o de esparcimiento, que les facilite generar encuentros e interacción entre ellos y ellas, teniendo en cuenta que son estudiantes que vienen de otros territorios, países, esto es fundamental porque no conocen nada de la ciudad. Aprender a moverse es una habilidad también para la vida universitaria y la adaptación”.
¿Qué hace que uno se moje los pies en Pies Descalzos, pensando en el mar de San Andrés? ¿Qué hace que uno renuncie a desayunar chilaquiles en México para venir a Colombia a comer buñuelos? ¿Qué hace que uno se presente en español atropellado y diga que su palabra favorita en su francés nativo es croissant?
¿Qué hace que lleguen a esta ciudad gentes con maletas y sueños desde Tadó, Arauca, Francia, México, San Andrés, Valledupar, Lima? Estudiar en la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, “¡la mejor universidad del país!”, concuerdan todos.
Foto: Unimedios
31 de agosto de 2026