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Las ciencias exactas y las sociales están llamadas a generar un conocimiento consiente, no solo sobre los fenómenos físicos y antropológicos, sino que pueda usarse de manera común y conjunta para mitigar los efectos negativos de las discusiones polarizantes.

  • “Democratizar la ciencia implica trabajar conscientemente por crear una sociedad del conocimiento más amplia que la de los círculos de investigadores o académicos entregados a esa tarea de comprensión y entendimiento”, Gabriel Jaime Arango. Foto: reproducción.

    “Democratizar la ciencia implica trabajar conscientemente por crear una sociedad del conocimiento más amplia que la de los círculos de investigadores o académicos entregados a esa tarea de comprensión y entendimiento”, Gabriel Jaime Arango. Foto: reproducción.

  • La ciencia donadora de sentido, de métodos y comprensión debería acompañar el problema ético que se necesita plantear y que es de todo el interés común. Foto: tomada de Pixabay

    La ciencia donadora de sentido, de métodos y comprensión debería acompañar el problema ético que se necesita plantear y que es de todo el interés común. Foto: tomada de Pixabay

  • “Construir país es un concepto que los teóricos manejan bien pero que cuando lo llevamos al día a día no es fácil de identificar y es porque no estamos considerando la educación en la dimensión plena”, Román Castañeda. Foto: tomada de Pixabay

    “Construir país es un concepto que los teóricos manejan bien pero que cuando lo llevamos al día a día no es fácil de identificar y es porque no estamos considerando la educación en la dimensión plena”, Román Castañeda. Foto: tomada de Pixabay

    Estas reflexiones fueron el eje central de la octava sesión de la cátedra Saberes con Sabor, producida por la UNAL Medellín con el apoyo de la Academia Colombia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y que contó con la participación de María Adelaida Jaramillo, docente, especialista en Gerencia del Desarrollo Social, magister en Gestión Cultural y en Gobierno en Políticas Públicas; Gabriel Jaime Arango, educador y promotor cultural, licenciado en Filosofía y Letras, comunicador social, y especialista en Planeación Educativa.; y Román Castañeda, docente y coordinador de esta cátedra.

    Según los invitados, la polarización puede ser vista como un malestar de la cultura, pues estamos en un mundo complejo donde la diversidad de formas de comprender los problemas hace que por un lado se tenga un escenario rico para el diálogo, pero nos plantea la disyuntiva de cómo poder llegar a esos acuerdos, con posibilidades de construir un modelo de sociedad donde todos quepamos.

    “El país atraviesa unos tiempos de fragmentaciones, un blanco y negro donde se nos ha dicho por los medios que los buenos somos más, que hay unos de izquierda y derecha, y eso nos ha hecho mucho daño como sociedad y nos ha puesto en la barrera de las posibilidades de lograr acuerdos, aunque la polarización se puede ver además como la democracia en movimiento, expresa la diversidad de formas de pensar”, aseguró María Adelaida Jaramillo.

    En esa misma línea, Gabriel Jaime Arango asegura que la polarización en Colombia tendría tintes positivos si la formación cívica en el país fuera más fuerte, pues según él todavía estamos ubicados en las emociones y sentimientos, que no evolucionan con la exigencia del entendimiento que obliga la política:

    Yo como docente busco entender los fenómenos sociales desde que hemos hecho o dejado de hacer en la educación para que estos se presenten. Algo positivo es que la polarización se da cuando se trata de analizar posiciones políticas en el sentido de contrastar, diferenciar ideas y propuestas de gobierno, buscar información para entender lo que se está planteando por los grupos de poder político y económico, y es necesario diferenciarlas para saber a qué atenerse, pero este ideal no es el caso de nuestro país, aferrado a los sentimentalismos”, comentó Arango.

    Las ciencias, clave para entender la complejidad de la realidad

    Las diferentes ramas de la ciencia juegan un papel definitivo para atravesar los escenarios de crisis, como lo comentó el docente Román Castañeda “ha habido múltiples iniciativas en el país que señalan esa necesidad, tratando de llenar la brecha, apuntando al dialogo, donde sectores de alta escolaridad participan y motivan; allí es donde tenemos el reto que el conocimiento académico pueda ser uno de los sujetos de diálogo con la sociedad, donde salgan puntos de convergencia y contratos por el bien común”.

    En esa misma línea, los invitados afirmaron que se necesita de las ciencias para aprender de sus metodologías, útiles para desentrañar la comprensión de la realidad social y cultural.

    “Hay una necesidad en todo ser humano y es tener una certeza, por eso la incertidumbre es tan rechazada, lo que no tenemos son los mismos caminos para buscar la certidumbre, pues a veces el interés, el gusto, la necesidad y el efecto que andamos buscando no es el que suele compartirse con la mayor parte de los interlocutores que tenemos, y reservamos el interés individual para hacerlo prevalecer sobre el interés común”, dijo Gabriel Jaime Arango.

    Por su parte, María Adelaida Jaramillo acotó la relación entre la cultura y la ciencia, porque plantea una nueva manera de entender esta última como un asunto eminentemente cultural, “es una práctica que revela las formas de pensar y construir el desarrollo y cómo incidir en las formas de cómo la sociedad va transformándose con la tecnología. Yo diría que las instituciones de educación si comprendieran que la cultura va más allá de las expresiones artísticas, la verían como la interfaz necesaria para entender el papel de la ciencia en la construcción de un país más democrático, donde los temas de la polarización puedan ser superados”, afirmó.

    La polarización no solo se vive en el escenario político, en la academia se refleja una lucha constante por el valor de las ciencias sociales y naturales, pues aún hay prácticas dentro de las instituciones que remiten a esa polaridad, pero ahí es donde entra en juego el diálogo de saberes, que comprende la diversidad cultural en el campo de la educación.

    Ante la responsabilidad de las ciencias en la transformación política del país, surge la necesidad de acotar el concepto de pensamiento crítico, que obliga a examinar el uso social de estas, para saber en qué sentido y en qué dirección se están usando frente a los problemas y las necesidades humanas, individuales, sociales y colectivas.

    “Por eso el nuevo humanismo debe ser consiente del diálogo con la ciencia, y esta aceptar que, si bien entrega los datos y prevé los acontecimientos, no debe olvidar nunca que el sentido lo dan es las ciencias humanas, son el verdadero para que”, agregó Arango.

    La conversación entre los invitados dejó algunas preguntas abiertas que nutren la discusión, tales cómo ¿en Colombia seremos capaces de construir un sistema educativo nacional que aglutine toda la fuerza de la inteligencia y la bondad para ponerlo al servicio del país? y ¿qué podemos hacer desde los espacios de la vida personal, laboral y social para transformar la polarización que afecta las relaciones de familia y los espacios laborales?

    (FIN/DQH)

    23 de junio de 2022