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Como sociedad estamos llamados a exigir escenarios de discusión y resolución de conflictos alejados de violencia, donde la diferencia de pensamientos no se convierta en una sentencia de muerte y donde el Estado asuma su responsabilidad y control sobre la implementación de la paz.

  • “La respuesta violenta es un recurso muy usado en la historia de Colombia, tal vez la polarización no era el meollo del asunto, sino la violencia, la confrontación de esa manera”, Román Castañeda. Foto: reproducción.

    “La respuesta violenta es un recurso muy usado en la historia de Colombia, tal vez la polarización no era el meollo del asunto, sino la violencia, la confrontación de esa manera”, Román Castañeda. Foto: reproducción.

  • Según los invitados hay una disociación entre el sentir y el querer de las regiones afectadas por el conflicto y el resto del país. Foto: tomada de Pixabay.

    Según los invitados hay una disociación entre el sentir y el querer de las regiones afectadas por el conflicto y el resto del país. Foto: tomada de Pixabay.

  • “Si el Estado no nos protege adecuadamente y está a merced de un territorio disputado por unos grupos ilegales, es muy difícil que esos procesos se puedan auto proteger, incluso cuando tiene estructuras más organizadas”, María Victoria. Foto: tomada de Pixabay.

    “Si el Estado no nos protege adecuadamente y está a merced de un territorio disputado por unos grupos ilegales, es muy difícil que esos procesos se puedan auto proteger, incluso cuando tiene estructuras más organizadas”, María Victoria. Foto: tomada de Pixabay.


    Estas reflexiones fueron el eje central de la séptima sesión de la cátedra Saberes con Sabor, producida por la UNAL Medellín con el apoyo de la Academia Colombia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y que contó con la participación de Fernando Zapata, politólogo de la Universidad de Antioquia, magister en Procesos Ambientales y Urbanos, líder comunitario de la Corporación Región y gestor de la Escuela Territorial de Barrios de la Ladera de Medellín; María Victoria Llorente, directora ejecutiva de la fundación Ideas para la Paz, y politóloga de la Universidad de los Andes; y Román Castañeda, docente y coordinador de esta cátedra.

    “El tema de la paz está muy vigente, invita a hacer preguntas, por lo que necesitamos avanzar en la protección de la vida en los territorios afectados por la violencia, y en ese camino es vital reconocer lo que se viene haciendo, hay una gran cantidad de experiencias de construcción de paz sumamente valiosas desde todos los rincones, que creo que es importante reconocer y valorar”, explicó Fernando Zapata

    Según el invitado, las víctimas del conflicto que llegaron a Medellín no esperaron a ser reparadas, sino que intentaron reconstruir sus vidas en algo que ellos llaman auto reparación, mostrando lo valioso que es reconocer lo que las comunidades han hecho, el camino transitado, con asuntos exitosos ligados a la construcción del territorio, vivienda, agua potable, mejoramiento de los barrios y la auto organización, con elementos de la búsqueda de justicia y verdad.

    Tengo esperanza cuando escucho personas que han estado en procesos restaurativos, es ahí donde se evidencia el poder de la paz para las víctimas y para reparar esas heridas tan profundas. Sin embargo, la paz territorial está tremendamente amenazada, y no es por la noción del conflicto como lo conocíamos, sino que los actores del territorio están muy criminalizados con la lógica de capturar economías ilegales. Hoy en día tenemos niveles de desplazamiento forzado equivalentes a los de hace 10 años”, expresó María Victoria Llorente.

    Construcción de paz desde la base territorial, el papel de los entornos locales y comunitarios

    Con una presencia cada vez mayor de grupos armados en el territorio, las experiencias comunitarias se vuelven fundamentales, pues son allí donde se tejen las posibilidades de transformación, que, si bien tienen una escala que para algunos puede parecer pequeña, al mismo tiempo esta encuentra experiencias, formas, liderazgos y capacidades individuales y colectivos, que muestran el camino y cómo hacer que la paz sea territorial, cercana, vivida en la piel y el cuerpo.

    De fondo nos ha tocado heredar las condiciones de guerra, y es importante mostrarles a las nuevas generaciones que hay otras posibilidades, y las experiencias como grupos juveniles, bibliotecas comunitarias y equipos deportivos, en su accionar reivindican el derecho a la paz y a construir ciudadanía”, aseguró Fernando Zapata.

    Para María Victoria Llorente, la paz con enfoque territorial no se construye desde Bogotá, sino desde las zonas del país afectadas por la violencia, con la pregunta de cómo llevar acabo la visión colectiva de sacar adelante el territorio: “hay un montón de organizaciones mujeres, jóvenes, que están trabajando por la paz desde el territorio, y eso es realmente muy alentador, pero ahora, el tema es que hay dos asuntos que son un poco frustrantes y tristes: hay una gran decepción entre los colombianos por los espacios de participación y su eficacia en términos de cambiar su realidad; y la continuación de la violencia, pues la que se ejerce en los territorios imposibilita los procesos comunitarios. Hay una condición de violencia que no se resuelve a través del diálogo, que requiere de un abordaje que no estaba definido en el acuerdo de paz, y la presencia del Estado es fundamental para esto”, explicó Llorente.

    Paz y democracia

    La relación entre paz y democracia es fundamental, pues hay un trasfondo entre la discusión pública, actualmente se está marcando un cambio que dice que los colombianos no quieren más de lo mismo y existe la posibilidad de explorar otros panoramas.

    “Creo que es muy importante valorar en perspectiva de futuro de donde venimos, pues la historia de construcción de paz en Colombia no inicia con los acuerdos con las FARC, hay iniciativas anteriores importantes para valorar, en lógica que la comprensión de la guerra no suprima la valoración de la paz en pequeño”, dijo Fernando Zapata.

    En algunas zonas del país en los últimos años ha habido un deterioro de la seguridad, donde el Estado le ha fallado a la ciudadanía en protegerla y separarla de actores violentos, y los procesos se han visto seriamente lesionados, “sin ir más lejos en el asesinato de líderes sociales hay un tema urgente y con responsabilidad del Estado y no de la sociedad, pues desborda la capacidad organizacional de la ciudadanía y las autoridades locales”, afirmó María Victoria Llorente.

    En esa misma línea los invitados coincidieron en que no se le puede delegar todo el peso de la paz a una comunidad o a la ciudadanía, es fundamental el rol del Estado, pues hemos transitado por un escenario adverso a la construcción de paz, hay una captación del Estado a favor de intereses particulares, además de la precarización de muchos escenarios democráticos, hacen creer la idea que el cambio por este medio no es posible.

    Aunque la responsabilidad de reparación y justicia social caen a manos del Estado, la academia también puede aportar en este proceso restaurativo, “la universidad juega un rol fundamental, por ejemplo, generar este tipo de posibilidades, no ocultar lo que pensamos o sentimos, también investigar la visión cruda de nuestra historia, cómo opera, cómo lo hacen, entender nuestros problemas se vuelve vital. Además, quienes pasamos por la academia debemos tener la oportunidad de reconocer escenarios donde la polarización sea posible sin violencia y que podamos transitar de otra manera, y las aulas posibilitan eso”, concluyó Fernando Zapata.

    (FIN/DQH)

    16 de junio de 2022