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Los insectos, las preguntas, respuestas y la investigación han sido las máximas en la vida de Sandra Uribe Soto, quien ha trabajado por la mayoría de sus éxitos, solo algunos se han propiciado aparentemente— como las serendipias. La más reciente: ser nombrada como académica correspondiente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Accefyn). Cree que la ciencia la impulsa a vivir un constante cambio para convertirse en una notable docente y, ante todo, en un destacado ser humano. Aquí cuenta su historia. 

  • Sandra Uribe Soto está vinculada a la UNAL Medellín desde hace unos 20 años. Foto: Unimedios.

    Sandra Uribe Soto está vinculada a la UNAL Medellín desde hace unos 20 años. Foto: Unimedios.

  • No imaginó ser profesora, pero sus estudiantes están entre sus pilares. Foto: cortesía Sandra Uribe Soto.

    No imaginó ser profesora, pero sus estudiantes están entre sus pilares. Foto: cortesía Sandra Uribe Soto.

  • Los insectos, dice, le han enseñado mucho. Foto: Unimedios.

    Los insectos, dice, le han enseñado mucho. Foto: Unimedios.

  • Con Charles Porter, uno de sus mentores. Foto: cortesía Sandra Uribe Soto.

    Con Charles Porter, uno de sus mentores. Foto: cortesía Sandra Uribe Soto.

  • Es, como ella se considera, “amiguera”. Foto: cortesía Sandra Uribe Soto.

    Es, como ella se considera, “amiguera”. Foto: cortesía Sandra Uribe Soto.

     

    Superciencia

    Por medio de los microscopios, los microbios observan a los sabios.

    Luis Vidales.

    Le sorprende algo desde que era una niña: la naturaleza. Llegó a los sitios donde había quebradas y lagos para explorar. Se dejó abrazar del verde del bosque, sintió la tranquilidad y la plenitud que él provee. Le gustó rodearse de bichos y estuvo atenta a ellos, sobre todo a las mariposas: enigmáticas, efímeras, indicadoras de la salud de los ecosistemas y maestras por sí mismas de la transformación constante que significa vivir. 

    De aquellos lugares Sandra Uribe Soto, actual profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAL Medellín, recuerda con cariño especial— dos. El primero es la finca de sus abuelos. Uno de ellos le enseñó qué era la metamorfosis, un proceso que le parece esencialmente bello. El otro sitio es su natal Envigado, que era más rural en la época de su infancia. Allí conoció a los pequeñísimos seres que comenzaron siendo su juego y en su adultez— se convirtieron en su objeto de estudio. 

    Ella, ingeniera agrónoma de la UNAL Medellín, cuenta: “No pensé que fuera a ser entomóloga después de terminar la carrera, pero supe que quería estudiar la relación que hay entre los insectos, los microorganismos, y las plantas". Por casualidad, cuando estaba a punto de terminar el pregrado, una amiga suya la invitó a conocer un laboratorio de la Universidad de Antioquia. Le dijo: “Allá trabajan con lo que a vos te gusta, con insectos y microbios, y ellos enferman a la gente en un ciclo complejo y entenderlo te va a encantar”.

    El sitio era conocido como el Laboratorio de Leishmaniasis. Durante la visita se enteró que es una enfermedad transmitida por un insecto muy pequeño y causada por un parásito y que además hay animales intermediarios a los que se les denomina reservorios. El encargado del espacio le dijo que necesitaban a un ingeniero agrónomo para indagar por la taxonomía y buscar alternativas de manejo para interrumpir el ciclo de transmisión. Lo hizo ella. Esa fue su primera investigación como profesional. Allí, dice, aprendió a trabajar con comunidades y en equipos interdisciplinarios. 

    Esa labor la alentó para estudiar la Maestría en Ciencias Básicas Biomédicas. Su idea era investigar hongos patógenos de insectos, y fue a contracorriente, porque el profesor delante de todos en el examen de admisión dijo que era un posgrado para biólogos, bacteriólogos, médicos, pero que había una ingeniera agrónoma como muy extraña que quería hacer la maestría y en micología (risas), narra. 

    Además, en el posgrado era característico hablar y estudiar inmunología humana; ella se empeñó en aprender la de insectos. Superó las evaluaciones, estudió al hongo Beauveria bassiana, que en ecosistemas cafeteros además de afectar la broca ayudó a controlar los vectores de la enfermedad. Lo que hizo Sandra fue extraer los principios activos que analizó y encontró que la micotoxina que perjudica a la clase de invertebrados de su interés era 30 veces más activa en células de ellos que en las de humanos. La profesora sorprende y se deja sorprender por la ciencia, las personas, la naturaleza, la vida misma.

    ***

    No pasó mucho tiempo para que otra casualidad le trajera la idea del siguiente posgrado. Le faltaban cuatro meses para terminar la maestría cuando recibió una propuesta. Fue en el lugar y el plan menos esperado: una cancha, mientras jugaba un partido de voleibol en la Universidad de Antioquia. Me dijeron que había venido un investigador de Estados Unidos interesado en conocer personas que quisieran hacer un doctorado”, cuenta.

    Él, de la agencia norteamericana Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), quería aprender español, y Sandra, perfeccionar el inglés. Hablaron como pudieron y acordaron una reunión. De allí resultó una posibilidad, un tema, y la intención de buscar una beca que, en efecto, seis meses después le concedió Colciencias. En ese momento estudió mosquitos y vectores de Leishmaniasis. El investigador que conoció en el partido: Charles Porter, terminó siendo como otro papá —considera ella—, un maestro y guía para sus estudiantes, porque siguen trabajando juntos.

    La docente ha aprendido de lo bueno. Él por ejemplo, cuenta ella, le enseñó cosas muy bonitas. Es una persona muy reconocida y muy buena en lo que hace, pero es de una calidad humana increíble. Es un poco atípico en el mundo de la ciencia. Tranquilo, sin prisa, apasionado por las orquídeas. A veces yo a las 6:00 a.m. ya estaba en el laboratorio y el profe, como estábamos en invierno, no llegaba hasta que no las dejaba listas. Eso me hizo ser también independiente y empecé a tomar mas iniciativa en mis tareas”, asegura.

    Otra persona que la ha sorprendido es el médico y virólogo estadounidense Robert Tesh. Le escribió y le dijo que quería trabajar con él, de quien había leído algunos de sus artículos. Se preguntaba: ¿este es el doctor? Le asombró que “es una persona de carácter, pero con naturaleza humana maravillosa. Es un regalo de la vida que no olvido. Uno puede compartir trabajos muy serios en el laboratorio, pero también, cuando ha venido aquí, hemos ido juntos a Jardín a mirar pájaros y disfrutar de la naturaleza”.

    A la profesora le gusta tanto ese municipio del suroeste antioqueño que no ha perdido oportunidad para investigar. En ese lugar, junto con otros colegas, ha hallado especies nuevas para la ciencia de mosquitos y mariposas. Como se les queda en la memoria a los turistas los colores de las fachadas de las casas y los caminos de piedra del parque, a ella el pueblo se le ha impregnado también en términos científicos gracias a estudios como uno que desarrolló en fincas de café de altura, donde se conservaron bosques y en las que hicieron inventarios de mariposas que resultaron aportando valor agregado al producto, catalogado como café especial.

    En Jardín también ha observado aves y admirado orquídeas. Lo ha hecho con sus mentores Porter y Tesh, de quienes habla con admiración y cariño, pues una de sus convicciones es que tener una guía, un líder y una motivación es muy importante”. Sin embargo, hay algo que comparte con ellos, que es la esencia, lo fundamental: una cosa que te nace cuando a vos te gusta la ciencia e investigar, enseñar, es una pasión que te hace ser detallista, observador, tener iniciativa, jalonar procesos, establecer puentes, sentir que no hay barreras, que todo se puede, que hay que preguntar. Eso abre caminos de nunca acabar”.

    ***

    No se imaginó ser profesora, un rol que, al inicio, le resultó “asustador”. Se valió de lo que le dijo un amigo y colega: con que le cambiemos la vida a uno de los estudiantes, y eso va a pasar porque tenemos cómo, el trabajo está salvado”. Procura porque ellos aprendan haciendo, que dejen volar su creatividad y que tengan todas las oportunidades, pues si de algo está convencida es de que la educación cambia la vida”. 

    Sandra es la Porter y la Tesh de otros tantos, y así lo reconocen sus colegas. Román Castañeda Sepúlveda, profesor de la Escuela de Física de la UNAL Medellín, destaca que ella tiene una gran facilidad de comunicación con los estudiantes. Ellos la quieren y la toman muy en serio, lo que ha hecho que su trabajo científico fluya muy bien para que los resultados sean destacables. Lo que uno nota es que tiene un talento particular para liderar su grupo. Hay camaradería y familiaridad, y eso no significa que no haya reconocimiento de los roles”.

    A sus pupilos trata de apoyarlos de forma integral, y eso hace parte de su personalidad y su papel de mamá”, dice su amiga y colega Astrid Elena Sánchez Pino, profesora de la Escuela de Química de la Facultad de Ciencias de la UNAL Medellín.

    Sandra es una convencida de que el conocimiento en ciencias naturales puede estar al alcance de cualquiera, no solo de académicos, añade el docente Román. La profesora sabe que hay percepciones erradas sobre los insectos, por eso crea espacios para desmitificarlos y defenderlos, para enseñar a apreciarlos. Insectópolis es un ejemplo. Fue un evento creado en Cali por un agrónomo y ella a petición de la Sociedad Colombiana de Entomología, lo adaptó para realizarlo en Medellín en 2019 durante un congreso de entomología. Adultos y niños se maravillaron, pero estos últimos fueron, en ese momento, el público principal.

    ***

    Fuera de las aulas es la persona que dedica cada espacio libre a su hija María Del Mar, a la familia y a sus mascotas algo que antes no hacía. Es quien disfruta el impresionismo porque la transporta a paisajes alucinantes; sus obras favoritas son las de Claude Monet, Pierre-August Renoir y Vincent van Gogh. Está en el momento de disfrutar esas otras cosas de la vida”, añade Astrid Elena.

    Sandra está sentada en una silla en su oficina delante de una estantería ocupada por libros y microscopios, y habla con desparpajo. Lleva a los insectos en su memoria, en sus afectos, en su piel, en los estampados de la ropa, los accesorios que usa o en la decoración de sus uñas.

    Los ha hecho parte de sí misma y los ha relacionado con quienes más quiere. Pero en ellos también la reconocen quienes la aprecian. Alguna vez recibió un regalo particular de su amiga. De cumpleaños le obsequió una chaqueta con una gran abeja amarilla estampada en la parte trasera. En el momento en el que vio la prenda pensó: “¡Esto es para Sandra! (risas)”. Cuenta que cuando ella la recibió expresó, muerta de la risa, lo mismo: ¡es perfecta!”.

    La profesora Sandra, una mujer cálida, jocosa, que encuentra placer en compartir con sus amigas y conversar con ellas. Nadar, puebliar, sentarse en los parques de estos pueblos ytomar café. Es en todos los escenarios, ante todo y como dice el docente Román— de comportamiento alegre.

    Además del conocimiento, comparte regocijo. Por donde pasa queda revoloteando en el aire el eco de su risa, así como revolotean las mariposas. 

    (FIN/KGG)

    8 de octubre del 2021