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Es ingeniera biológica y magíster en Ciencias – Biotecnología de la Facultad de Ciencias de la UNAL Medellín, y doctora en Ciencias Biomédicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Una canción fue el detonante que le indicó que debía cambiarse de carrera para dedicarse a lo que quiso hacer desde que era niña. Ahora promueve la investigación y divulgación desde una corporación de la que es presidenta. 

  • Andrea Bedoya López es ingeniera biológica y magíster en Ciencias – Biotecnología de la UNAL Medellín. Foto: cortesía.

    Andrea Bedoya López es ingeniera biológica y magíster en Ciencias – Biotecnología de la UNAL Medellín. Foto: cortesía.

  • Ha trabajado en biofarmaceútica, para cuyos análisis ha cultivado células derivadas de ovario de hámster chino. Foto: cortesía.

    Ha trabajado en biofarmaceútica, para cuyos análisis ha cultivado células derivadas de ovario de hámster chino. Foto: cortesía.

  • Andrea trabaja en laboratorio y en él le ha enseñado a su hija a congelar moscas de fruta. Foto: cortesía

    Andrea trabaja en laboratorio y en él le ha enseñado a su hija a congelar moscas de fruta. Foto: cortesía

  • Andrea Bedoya López (de vestido) vivió su niñez en el campo, donde descubrió su interés por la naturaleza y la Biología. Foto: cortesía.

    Andrea Bedoya López (de vestido) vivió su niñez en el campo, donde descubrió su interés por la naturaleza y la Biología. Foto: cortesía.

     

    Es posible desenamorarse con una canción y también, con ella, de una profesión. A Andrea Bedoya López le sucedió. Trópico de cáncer, de Café Tacvba, sonaba y sonaba en su cabeza cuando era estudiante de Ingeniería de Petróleos, la carrera a la que llegó por una influencia no infundada de su familia de ingenieros, por su fascinación por las matemáticas, y muy a pesar del convencimiento —de siempre— de que su profesión soñada sí era la ingeniería, pero la biológica.

    Ay mis compañeros petroleros /no crean que no extraño / el olor a óleo puro /pero es que yo pienso que nosotros los humanos / no necesitamos más hidrocarburos / Por eso yo ya me voy / no quiero tener nada que ver / con esa fea relación de acción / construcción-destrucción. 

    Escuchar la canción le sirvió a Andrea para darse cuenta, en tercer semestre, cuando comenzó a ver materias de crudos y derivados: “no, no, no, definitivamente esto no es lo mío. Yo me tengo que ir hacia la biología. Esto va a acabar el planeta”, recuerda y se ríe. 

    Cuando leyó el pensum de Ingeniería Biológica de la UNAL Medellín pensó: “Esto es lo que yo estaba buscando”. Las pistas de que eso era a lo que quería dedicarse le llegaron cuando era una niña y jugaba en la huerta a cazar bichos en las fincas en las que vivió primero en el corregimiento Río Verde de los Henaos, ubicado a 10 horas de Sonsón, y posteriormente en la vereda Samaria del Carmen de Viboral.

    Los paisajes, las puestas de sol, los árboles, la posibilidad de subirse a ellos, de coger cacao o café, de todo eso surgió el interés por el tema biológico, en el que se enfocaría después estando en Medellín, pues durante el pregrado en Ingeniería Biológica en la Sede trabajó en la producción de biogás a partir de aguas residuales. Sin embargo, para entonces “era un tema muy nuevo en el mundo. En ese momento sometimos un proyecto de investigación y en Colciencias nos dijeron que era imposible de hacer”, recuerda.

    A Andrea, que siempre le interesaron los “seres chiquititos”, como dice, investigó más después en bioprocesos gracias a un proyecto financiado por Argos en el que trabajó en asocio con la Facultad de Minas. En eso se enfocó mientras estudió la maestría en Ciencias – Biotecnología. 

    Específicamente trabajó en un proceso de lixiviación, el cual es contaminante y el poderlo hacer con microorganismos (Bio-lixiviación) contribuye a que esta reduzca. Más tarde, se desempeñó como directora de producción de microorganismos y hongos con uso agronómico, en una empresa ubicada en el Oriente antioqueño.

    Después de eso dejó Colombia para trasladarse con su esposo y su hija a México, donde cursó un Doctorado en Ciencias Biomédicas en la UNAM. Allí, destaca, los posgrados son gratuitos y financiados por el Estado, además otorgan becas de mantenimiento. Andrea cree que de no haber sido por eso no habría podido cursar un doctorado siendo madre, y dice, —lamentablemente— menos en Colombia.

    En México ha trabajado en biofarmaceútica, en el estudio de la producción de proteínas recombinantes, que son aquellas producidas en microorganismos sujetos a modificaciones genéticas y, en la mayoría de las veces distintos a aquellos en los cuales estas macromoléculas se producen naturalmente. Actualmente Andrea es la responsable del Sistema de Gestión de Control de Calidad del Laboratorio de Seguridad Biológica del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.

    ¿Por qué la ciencia? Una de sus razones es que permite servir a los demás. Así lo cree ella que no confía en la única noción de científico como aquel que, además de un cúmulo de conocimiento posee títulos y un gran ego. Sabe que la valía de las personas es ser —en esencia y en todo el sentido de las palabras— un ser humano, uno que hace cosas significativas por los demás y por sí mismo. Eso se lo enseñaron sus papás, de quienes afirma sentirse muy orgullosa de ser hija. 

    Está convencida de que “nacimos para cooperar con la demás gente y hacer cosas maravillosas”. Por eso se dedicó en México a la biofarmaceútica. En esa área trabajó en el cultivo de células derivadas de ovario de hámster chino (CHO), que producen una molécula activadora de plasminógeno titular, “otra sumamente importante porque es la que se utiliza, por ejemplo, cuando se tienen accidentes cerebrovasculares”, explica.

    No obstante, las condiciones de producción son costosas. Su aporte, entonces, fue conocer cómo a través de los bioprocesos se podían optimizar la producción de la molécula y, por lo tanto, posibilitar que el producto generado fuera más económico y que más personas lograran mejor acceso al tratamiento. 

    Ese no es el único lado altruista de Andrea. Actualmente es presidenta de la Corporación de Investigación e Innovación Vedas, una comunidad de científicos latinoamericanos líderes de proyectos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) que realizan consultoría, investigación, formación y divulgación en biomedicina, biotecnología, nanotecnología, energías renovables y ciencias agropecuarias. 

    Vedas fue creado por dos de sus compañeros de maestría: José Fernando Gil y Jersson Plácido Escobar. La motivación es conectar científicos e interactuar con grupos de investigación a nivel nacional para compartir el conocimiento generado y difundir la ciencia que se hace en Latinoamérica. Manifiesta que es una forma de decirle al resto del mundo: “Nosotros aquí también hacemos cosas buenas”. 

    Andrea suele reírse cuando habla sobre su vida y su profesión. Es el regocijo que le genera la satisfacción de dedicarse a lo que ama —más allá del resultado—, y a través de eso, contribuir en la medida en que le sea posible. Bien hizo en escuchar no solo la melodía y la letra de Trópico de cáncer, de Café Tacvba, sino en atender al mensaje. Actualmente la alegría rige su vida y en esa sintonía entra cuando canta Know who you are de Pharrell Williams.

    Say your name, I pledge, to live life, on the edge / want you to know, I see, the power, is in me / no more, acquiesce, standing up, with no stress / will do, what I need, til every woman on the Earth is free.

    En español: Digan su nombre, prometo vivir la vida al filo /quiero que sepas que veo el poder, está en mí / no más, cedan, pónganse de pie, sin estrés / haré lo que necesito hacer hasta que todas las mujeres en la Tierra sean libres.

    (FIN/KGG)

    19 de febrero del 2021