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El rol de la mujer en la sociedad colombiana se ha transformado en las últimas décadas con su notable participación en el mundo académico y empresarial, sin embargo, los esfuerzos para romper paradigmas de género continúan siendo vitales para lograr una mayor equidad y justicia salarial. 

  • “Uno de los grandes problemas que enfrentamos quienes promovemos estos temas es la resistencia que expresan algunos miembros de la comunidad frente al proyecto de la perspectiva de género”, expresa Verónica Botero. Foto: Reproducción.

    “Uno de los grandes problemas que enfrentamos quienes promovemos estos temas es la resistencia que expresan algunos miembros de la comunidad frente al proyecto de la perspectiva de género”, expresa Verónica Botero. Foto: Reproducción.

  • Años en los que las mujeres consiguieron el derecho al voto en todo el mundo. Foto: Reproducción.

    Años en los que las mujeres consiguieron el derecho al voto en todo el mundo. Foto: Reproducción.

  • “La participación de la mujer en la sociedad una tarea que va de la mano de los avances de la academia y la conexión entre la empresa y la universidad, para generar un efecto continuo, sostenible y transformador en la sociedad”, sostiene María Luisa Zapata. Foto: Pixabay

    “La participación de la mujer en la sociedad una tarea que va de la mano de los avances de la academia y la conexión entre la empresa y la universidad, para generar un efecto continuo, sostenible y transformador en la sociedad”, sostiene María Luisa Zapata. Foto: Pixabay

  • La cátedra, moderada por el profesor Oscar Jaime Restrepo, evidenció los grandes retos y compromisos que tienen las universidades y empresas en torno a la participación de las mujeres. Foto: Reproducción.

    La cátedra, moderada por el profesor Oscar Jaime Restrepo, evidenció los grandes retos y compromisos que tienen las universidades y empresas en torno a la participación de las mujeres. Foto: Reproducción.

    La consecución de derechos por parte de la mujer se hace más evidente en las luchas feministas, que desde el año 1400 se reflejan con la publicación de textos que iban en contra de las ideas misóginas y sobre la importancia de la educación de las mujeres, pero solo hasta hace 300 años que este movimiento se identificó con nombre propio. 

    Para el siglo XVIII, en la primera ola del feminismo autoras como Olympia de Gouges, Mary Wollstonecraft, escribieron obras que cuestionaban la nula participación política y económica de la mujer, abriendo paso a que se crearán clubes de pensamiento femenino, vitales para su empoderamiento. A partir de ahí y en las siguientes etapas, este movimiento pidió, luchó y consiguió derechos como el de la educación y el trabajo, el voto, ejercer todas las profesiones, compartir la patria de potestad de los hijos, la igualdad económica en el trabajo, y la ruptura del tabú de la sexualidad femenina fuera de la maternidad. 

    Pese a los avances, el panorama para las mujeres en el mundo sigue siendo preocupante, pues las labores domésticas y de cuidado continúan haciendo parte de su realidad incluso para las que trabajan, aumentandoles las cargas, y evidenciando aún más las brechas económicas, sociales y culturales que hay en comparación con los hombres. 

    ¿Y en Colombia?

    “El avance ha sido muy importante, pero hay un gran camino que recorrer: desde los años 80 tenemos mujeres en todos los viceministerios, suscribimos el tratado de las Naciones Unidas contra la discriminación de la mujer y finalmente ver reflejadas en la Constitución de 1991 varias propuestas feministas”, asegura Verónica Botero, decana de la Facultad de Minas de la UNAL Medellín. 

    La realidad de la mujer colombiana está por encima de la igualdad propuesta en la ley, diariamente se evidencian las diferencias salariales con los hombres en algunos oficios y profesiones, el poco número de mujeres en escenarios de toma de decisiones y el sometimiento constante a diferentes violencias como la obstétrica, sexual, laboral, mediática, de género y el trabajo doméstico. 

    “Nuestro panorama en Colombia está marcado por un escenario de desigualdad, pues según las cifras del DANE, del 100% de las mujeres solo el 46% trabaja, en contraste con el 67% de ocupación en hombres. Además, en el mundo laboral ganamos entre un 10 y 20% menos desarrollando la misma actividad, sin contar que, casi el 90% de las mujeres que trabajan tienen un rol de cuidadoras, frente a un 60% de los hombres”, comenta María Luisa Zapata, responsable de Gerencia Social y Relaciones Internacionales de Comfama. 

    La academia: ¿espacio seguro para la mujer? 

    La participación de las mujeres en los espacios de educación superior deja en evidencia un crecimiento y avance cultural frente al tema, sin embargo, asuntos como el acceso a la carrera deseada y el acoso dentro de las instituciones ponen límite a sus posibilidades académicas. 

    Para el caso de la Universidad Nacional de Colombia y según cifras de la Oficina de Planeación y el Observatorio de Asuntos de Género de la Institución, la distribución de estudiantes por sexo refleja que en casi todas las Sedes la participación masculina está por encima que la femenina, pues solo entre el 35 y 40% de las mujeres acceden a la Institución en el examen de admisión, porcentajes que bajan cada año. 

    En el acceso a los programas académicos se evidencia una segregación horizontal, con una feminización evidente en pregrados como nutrición y dietética, sociología, trabajo social, bacteriología, etc, y con una masculinización en carreras como las ingenierías, la física y las ciencias básicas. 

    “Cuando miramos la Sede Medellín, que tiene más  carreras de ciencias  e ingenierías, la participación de las mujeres baja al 33%, y empeora en la Facultad de Minas que es muy masculinizada, con solo un 28% de admitidas. Con los docentes la situación no cambia, pues de los casi tres mil docentes de planta que tiene la UNAL, solo el 30% son mujeres, y en nuestro caso particular en Minas, solo el 20%”, dice Verónica Botero. 

    La seguridad de las mujeres dentro de los campus de la UNAL también preocupa, pues según cifras de la misma Institución, el 42% de las estudiantes han sido víctimas de acoso sexual al interior de las Sedes. 

    Vale la pena mencionar que frente a las problemáticas de acceso y acoso, la UNAL ha realizado acciones como la firma del Acuerdo Nacional de Equidad entre Mujeres y Hombres en el 1993, la creación de la Escuela de Estudios de Género en 1994, el acuerdo 035 del 2012 que establece la política institucional de equidad e igualdad de oportunidades, la creación del Observatorio de Asuntos de Género en el 2016 y la implementación de un protocolo de prevención y atención de casos de violencias basadas en género en el 2018. 

    “Tenemos que trabajar por la paridad: la inclusión de más mujeres en jefaturas, comités y en el gobierno universitario; y la erradicación del acoso en los campus por medio de sensibilización y sanción efectiva que garantice la protección de la víctima. Esto lo logramos juntando esfuerzos, organizando programas coherentes que recolecten, analicen y divulguen datos de nuestra situación, transversalizando los asuntos de  género y trayéndolo a colación en la academia y la enseñanza”, asegura Verónica Botero. 

    El rol de la mujer en el sector empresarial 

    El ranking Par organizado por Aequales, una organización que promueve el empoderamiento laboral femenino es una herramienta que mide el desempeño en equidad de género de las empresas públicas, privadas y pymes, y que según Katherin Gómez, subgerente para Antioquia de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia -ANDI- ha crecido en un 826% de participación de las compañías, lo que arroja más datos reales de la mujer en el trabajo. 

    “El 26% de las mujeres ocupan las posiciones de liderazgo empresarial en Latinoamérica, sin embargo, en Colombia, en el sector privado a medida que aumenta el nivel jerárquico hay menos mujeres ocupando dichos puestos. Para el caso del sector público las mujeres ocupan el 42% de los cargos, frente a un 44% de los hombres”, asegura Gómez. 

    Diferentes empresas y organizaciones promueven la participación ecuánime de la mujer en el trabajo, desde la ANDI se realiza un programa de liderazgo para mujeres en juntas directivas de gobierno corporativo, fortaleciendo sus habilidades en el tema. Hasta la fecha se han formado a 90 personas y se creó un banco de hojas de vida con perfiles altamente preparados para afrontar altos cargos. 

    “Actualmente muchas empresas cuentan con estrategias como la medición y seguimiento de políticas y el reclutamiento sin sesgos de género. Ya es un hecho que estas acciones y la cultura de inclusión tienen incidencia en la posibilidad de incrementar la productividad, rentabilidad, creatividad, e innovación generando más reputación entre las demás compañías”, dice Katherin Gómez. 

    Estas reflexiones se dieron durante la tercera sesión de la Cátedra UniverSociedad, que se realiza el último miércoles de cada mes y es organizada por la UNAL Medellín en compañía de la ANDI y Comfama, y que busca generar espacios de conversación en torno a temas relevantes para la sociedad.

    (FIN/DQH)

    8 de febrero del 2021