Escudo de la República de Colombia
A- A A+

El profesor de la Facultad de Minas de la UNAL Medellín ha encontrado en el café una estrategia pedagógica para enseñar Ingeniería Química. Él, quien se ha dedicado al estudio de carbones, inició su carrera con el sueño de ayudar a las personas. 

  • Alejandro Molina Ochoa cree que ser miembro de Accefyn es una posibilidad de servirle a Colombia.

    Alejandro Molina Ochoa cree que ser miembro de Accefyn es una posibilidad de servirle a Colombia.

  • Por iniciativa suya en la UNAL Medellín se creó el capítulo estudiantil del American Institute of Chemical Engineers (AIChE). Foto: Oficina de Comunicaciones Facultad de Minas.

    Por iniciativa suya en la UNAL Medellín se creó el capítulo estudiantil del American Institute of Chemical Engineers (AIChE). Foto: Oficina de Comunicaciones Facultad de Minas.

  • A finales del 2019, en Estados Unidos, recibió con algunos estudiantes reconocimiento de la AIChE por la excelencia del capítulo. Foto: cortesía Aura Alvis Sánchez.

    A finales del 2019, en Estados Unidos, recibió con algunos estudiantes reconocimiento de la AIChE por la excelencia del capítulo. Foto: cortesía Aura Alvis Sánchez.

  • Dicta el curso de Introducción a la Ingeniería Química enseñando a preparar una taza de café. Foto: Oficina de Comunicaciones Facultad de Minas.

    Dicta el curso de Introducción a la Ingeniería Química enseñando a preparar una taza de café. Foto: Oficina de Comunicaciones Facultad de Minas.

  • El profesor Molina Ochoa trabaja en la UNAL Medellín desde el año 2006. Foto: cortesía Aura Alvis Sánchez.

    El profesor Molina Ochoa trabaja en la UNAL Medellín desde el año 2006. Foto: cortesía Aura Alvis Sánchez.

    No tiene un recuerdo claro de haber soñado con ejercer una profesión específica, pero cuando era niño y viajaba por las carreteras hacia Titiribí adonde su familia materna, Alejandro Molina Ochoa veía las minas de carbón y pensaba: “sería bueno mejorar las condiciones socieconómicas de esta región”, dice.

    Años después, y siendo ya un universitario a punto de terminar su pregrado en Ingeniería Química en la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), volvió a decirlo. Ya no para él mismo, esta vez se lo manifestó al profesor Farid Chejne Janna, quien en ese entonces trabajaba en esa institución.

    • Yo quiero hacer el trabajo de grado con usted —le dijo—. 
    • Bueno, ¿en qué área? —respondió el docente—.
    • En carbones —le comentó Alejandro y añadió—: Es que yo quiero salvar la región de Amagá, que está sufriendo mucho por eso.
    • Hombre, tú no vas a salvar a nadie —le volvió a contestar Chejne Janna­—: Lo que vas a intentar es hacer un buen trabajo.

    El profesor lo recuerda muy bien y al evocar ese momento se ríe, porque dice que fue la primera “aterrizada” que le dio a Alejandro, ese joven que él describe como brillante y quien ahora, cuando es un adulto, entiende mejor aquella respuesta. 

    Se lo ayudó a comprender la investigación, a la que se ha dedicado desde hace tantos años, y de la cual cree que una “de las cosas más complicadas es lograr un beneficio social claro”.

    Enseñar, desde las aulas y desde el ser

    Alguna vez, por la calle de la casa de Alejandro, pasó alguien gritando: “las flores, las flores”. “Era una persona fuerte que arrastraba una carreta”, recuerda. 

    Podría ser un vendedor cualquiera, pero con el tiempo supo que no lo era; se trataba de Juan David Alzate, uno de sus exestudiantes del curso de Ingeniería de reactores, un ingeniero químico recién egresado que hasta ese momento no había encontrado un empleo formal que le permitiera ejercer su profesión. 

    Vender flores no tiene nada de malo, pero “cada que escuchaba ese grito”, cuenta el profesor Alejandro, se le “arrugaba el corazón”. Hubo un momento en que dejó de oír esa voz lejana por su barrio, pero entonces sucedió que comenzó a escucharla más cercana. 

    Ocurrió porque ahora hablaba con él casi todos los días en la Universidad. Alejandro logró incluir a Juan David entre el equipo de investigadores de un proyecto con el que ganó una convocatoria del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias), que garantizó su financiación durante dos años.

    No cree que lograr un beneficio social claro sea fácil desde la investigación en carbones y más exactamente en combustión, pero sí tiene otro argumento del que está convencido: el verdadero aporte social lo garantiza la docencia. Lo dice al pensar en la lección que le dejó el caso de Juan David, quien después de participar como investigador se integró a una empresa. 

    Sin embargo, lo que él ha logrado, dice el profesor, ha sido por mérito propio. “Hubiera llegado a donde llegó con el apoyo de cualquier docente”.

    El interés por la academia fue algo que Alejandro tomó de sus papás: un odontólogo y una enfermera, ambos profesores de la Universidad de Antioquia. Pero ella le dejó una herencia también muy valiosa: la solidaridad.

    Desde que era un niño Alejandro identificó en su mamá una persona que “les brindaba apoyo a sus estudiantes mucho más allá de la labor de enseñar”. Rememora, por ejemplo, que ella y sus amigas hacían colectas para comprarles almuerzos en la cafetería.

    Rigor más pedagogía, parte de su fórmula

    Quizás por su papá fue que Alejandro llegó a la docencia. Él lo impulsó a continuar investigando y a eso se ha dedicado después de trabajar en Enka de Colombia tras finalizar su carrera universitaria y de desempeñarse como joven investigador en la Universidad de Antioquia. 

    Por el trabajo que desarrolló obtuvo una beca doctoral de la Universidad de Utah, en Estados Unidos. Después se trasladó a Livermore, donde está ubicado Sandia National Laboratories, uno de los mejores en investigación de ese país y donde hizo un posdoctorado en el que indagó sobre el uso de láser para entender la combustión.

    Aunque tuvo la oportunidad de quedarse, decidió regresar a Colombia después de que la profesora Pilar García Cardona, de la UNAL Medellín, le compartiera la convocatoria Relevo Generacional 2017, en la que participó y la cual ganó.

    Como docente Alejandro se caracteriza por el rigor académico que transmite a sus estudiantes y por ser una persona que ha enseñado a hacer investigación de fondo, según su extutor de trabajo de grado y ahora colega, el docente Chejne Janna, quien también trabaja en el Departamento de Procesos y Energía de la Facultad de Minas de la Sede. 

    “Por lo que uno oye, los estudiantes dicen: el profesor Molina es demasiado estricto, pero al final también reconocen que aprenden muchísimo”, destaca. 

    El docente Alejandro apela a la creatividad para dar sus clases y a los estudiantes nuevos les hace una invitación: “tomémonos un tinto, seamos ingenieros químicos”. Es, a la vez, el eslogan del curso de Introducción a la Ingeniería Química en el que utiliza el café, tanto a partir del proceso de beneficio como de las diferentes preparaciones, para enseñarles conceptos académicos. Es una adaptación curso The Design of Coffee de la Universidad de California en Davis.

    El profesor Alejandro, de quien dicen que es tranquilo, optimista, que realiza sus tareas con tiempo y que mantiene al tanto de la actualidad, pero que no se informa a través de los medios masivos sino de las revistas científicas, también halla en el café un recuerdo de Titiribí. 

    Él, quien eligió su carrera a los 16 años, afirma que ese pudo haber sido un momento de “miopía” porque en el pueblo también se cultiva esa planta. “Ahora diría que el carbón es más difícil de entender, en el sentido en que contamina y tiene efectos en el calentamiento global. El café es un tema más vibrante e interesante, entonces de pronto si me pidieran devolverme, tal vez hubiera puesto más atención”. 

    No obstante, reconoce que han sido el carbón y la combustión son los temas que han determinado parte importante de su vida, su carrera y sus fortalezas. Las mismas por las que fue seleccionado como nuevo miembro correspondiente de la Asociación Colombina de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Accefyn). 

    Uno de los integrantes de la agremiación es Carlos Enrique Mejía Salazar, profesor de la Facultad de Ciencias. Él cuenta que a Alejandro lo eligieron por tener “una historia destacada en investigación y en formación de estudiantes. Además, por haber sido coautor de artículos científicos de, por lo menos, tres académicos pertenecientes al capítulo Antioquia. También sabe de matemáticas”, algo valorable según el docente, teniendo en cuenta “que la combustión es un proceso muy difícil de modelar”.

    De Accefyn también es parte el docente Chejne Janna, quien manifiesta sentirse muy orgulloso de Alejandro y de haberle aportado a su formación porque dice: “el alumno siempre supera al maestro”. 

    (FIN/KGG)

    24 de julio del 2020