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Desde que los primeros seres humanos empezaron a poblar la tierra, la curiosidad y las ansias de investigar han sido el motor del desarrollo. De esa curiosidad humana surgió la sociedad del conocimiento, una era instaurada con el ánimo de garantizar el bienestar de la humanidad, aunque no siempre ha demostrado que tiene la posibilidad de hacerlo de una manera sostenible y generalizada. Y es que transformar el conocimiento básico en desarrollo tecnológico accesible y útil no es tan fácil, sobretodo en un país como Colombia.

  • En la charla “Ciencia vs sociedad: una paradoja superable” el profesor Fernando Echeverri presentó tres proyectos que ejemplifican que se puede desarrollar ciencia al servicio de la sociedad.

    En la charla “Ciencia vs sociedad: una paradoja superable” el profesor Fernando Echeverri presentó tres proyectos que ejemplifican que se puede desarrollar ciencia al servicio de la sociedad.

  • Productos para combatir la sigatoka negra del banano, tratar la leishmaniasis y ayudarle a una comunidad por medio del desarrollo de un colorante, fueron los ejemplos presentados por el investigador.

    Productos para combatir la sigatoka negra del banano, tratar la leishmaniasis y ayudarle a una comunidad por medio del desarrollo de un colorante, fueron los ejemplos presentados por el investigador.

  • Fernando Echeverri es químico farmacéutico, doctor en Química Orgánica, Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y director del Laboratorio de Química Orgánica y Productos Naturales de la Universidad de Antioquia.

    Fernando Echeverri es químico farmacéutico, doctor en Química Orgánica, Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y director del Laboratorio de Química Orgánica y Productos Naturales de la Universidad de Antioquia.

    Este fue el tema central de la Cátedra Saberes con Sabor, dictada por el químico farmacéutico Luis Fernando Echeverri, magíster y doctor en Química Orgánica, y Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Como Director del Laboratorio de Química Orgánica y Productos Naturales de la Universidad de Antioquia -QOPN-, tiene una amplia experiencia en el largo y tortuoso camino que deben seguir los científicos colombianos para desarrollar productos naturales vegetales que puedan ser directamente apropiables por la sociedad.

    Para el doctor Echeverri, uno de los problemas es que “la ciencia va por un lado y la sociedad va por otro lado, sobretodo en los países que tienen una gran necesidad de la ciencia para hacer su propio desarrollo económico, sanitario y, a su vez, empresarial”. Cada uno de los sectores involucrados tiene una visión diferente, y no sabemos cómo hacer la conjunción de factores para resolver problemas de nuestra sociedad: “Según la empresa, la universidad no prepara a la gente que necesita; según el Estado, la universidad está de espaldas a la sociedad; y según la academia, la universidad solo debe producir conocimiento”.

    No obstante, a pesar de este panorama oscuro, Fernando Echeverri mostró en su charla tres ejemplos que demuestran que no hay por qué desfallecer en el intento: un colorante derivado de la jagua, un protectante contra la sigatoka negra del banano, y un medicamento contra la leishmaniasis. Estos tres importantes productos se han desarrollado a partir del conocimiento científico del Laboratorio QOPN, que, desde 1985, trabaja en la producción de medicamentos, agroquímicos, alimentos y cosméticos.

    El primer caso presentado es el desarrollo de un colorante a partir de la jagua, un árbol americano cuyo fruto es usado desde tiempos remotos por las comunidades indígenas, como colorante para tatuajes, y también como bebida. El Laboratorio QOPN ya venía investigando el tinte azul que se genera en los frutos, hasta que una empresa internacional se interesó en esa investigación, y le propuso a la Universidad de Antioquia un acuerdo novedoso: comprar el know how. “La empresa (Ecoflora Cares) no compró un producto, sino un prospecto de producto”, dice el doctor Echeverri. Después de adquirirlo, la empresa se acercó a la comunidad indígena de Espavé (Chocó), y generó una primera patente que involucró el Protocolo de Nagoya, un acuerdo que hace parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), y que busca que las comunidades ancestrales tengan una participación justa y equitativa de los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos.

    El segundo caso presentado por el académico Echeverri es el desarrollo de un producto para controlar la sigatoka negra, una enfermedad que ataca y destruye las plantaciones de banano y plátano. Después de muchos años de investigación, una empresa española de agroquímicos se interesó en cofinanciar el trabajo que estaba haciendo el Laboratorio QOPN, pero no fue posible que se llegara a un acuerdo con la Universidad, por lo que el profesor Echeverri fue contratado como consultor.

    La patente resultante de esta investigación ha impactado ampliamente la agroindustria bananera, no solo en Colombia, sino también en Ecuador, Centroamérica, Asia y África. La premisa de este hallazgo científico es sorprendente: no se trataba de generar un fungicida que acabara con el hongo, porque eso inducía resistencia, sino de explotar las defensas naturales de la planta: “Si la planta tiene un hongo, saca sustancias para defenderse, pero no alcanza a responder; siempre sucumbe. Nuestra premisa fue ensayar moléculas que ‘le hicieran creer’ a la planta que tenía un hongo, esperando que ella respondiera produciendo unas sustancias para defenderse de ese supuesto hongo”.

    El tercer caso presentado por el doctor Echeverri en la sesión de Saberes con Sabor es la producción de un medicamento para tratar una de las enfermedades tropicales más dolorosas y lesivas: la leishmaniasis. “Es una enfermedad caracterizada por la OMS en el rango de las olvidadas o desatendidas. Olvidada, porque, desafortunadamente, a ninguna empresa le interesa invertir en medicamentos para una ‘enfermedad de pobres’; aunque afecta a miles y miles de personas, no tendrían con qué comprarlos”.

    Desde hace muchos años, el Laboratorio QOPN, conjuntamente con el Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales -PECET- de la Universidad de Antioquia, ha venido investigando la patología de la leishmaniasis o “enfermedad de la selva”, que afecta cada año a cerca de 300 mil personas, y le causa la muerte a 20 mil de ellas. Según los datos de la OMS, un billón de personas en el mundo conviven con esta enfermedad, que no solo afecta su integridad física, sino que les genera un problema de rechazo social. Los dos grupos de investigación de la UdeA han logrado patentar conjuntamente un medicamento que está en las últimas fases de desarrollo: “nuestro objetivo es que el resultado de esta investigación llegue a las personas que más lo necesitan, a niveles razonables, a precios razonables, y que ninguna empresa lo convierta en un monopolio, o en un producto para sacar grandes réditos”, afirma el doctor Echeverri.

    El mensaje final es que es posible, aún con mucho esfuerzo, hacer ciencia en Colombia que ayude a resolver los múltiples problemas que tenemos, y que aproveche nuestra gran ventaja competitiva frente a los otros países: la biodiversidad. Así lo afirma el profesor Fernando Echeverri: “Sí es posible hacer ciencia y hacer servicio social al mismo tiempo. Es más una actitud mental que capacidad de trabajo o de conocimiento o de saber. Alguien tiene que producir más allá del conocimiento, y alguien tiene que facilitar la apropiación de ese conocimiento”.

    (FIN/FC)

    22 de octubre del 2019