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El 21 de septiembre de 2018, en medio de una videoconferencia que se originó en Medellín y a la que asistieron en simultáneo académicos en Ciudad de México, París, Cali y Bogotá, Juliana Álvarez Olivares sustentó su tesis de doctorado en Historia. Tras seis años de esfuerzo, de perseverancia, aunque a veces estuvo a punto de abandonar el barco, el 1 de agosto de 2019 Juliana recibió su título de doctora de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de París VII.

  • Juliana Álvarez Olivares es historiadora con maestría y doctorado en Historia.

    Juliana Álvarez Olivares es historiadora con maestría y doctorado en Historia.

  • Tras años de esfuerzo logró una doble titulación de doctorado de la UNAL Medellín (Colombia) y la Universidad de París VII (Francia). Foto cortesía.

    Tras años de esfuerzo logró una doble titulación de doctorado de la UNAL Medellín (Colombia) y la Universidad de París VII (Francia). Foto cortesía.

  • Juliana tiene un compromiso moral con Colombia: retribuirle todo lo que recibió durante su formación profesional. Foto cortesía.

    Juliana tiene un compromiso moral con Colombia: retribuirle todo lo que recibió durante su formación profesional. Foto cortesía.

  • para Juliana la disciplina de la historia adquiere sustancia en la memoria.

    para Juliana la disciplina de la historia adquiere sustancia en la memoria.

    “Yo entré muy joven a estudiar y muy joven terminé el pregrado. Tenía unos 20 o 21 años cuando empecé a dictar clases como profesora de cátedra en la Universidad Nacional y en la Eafit y de manera simultánea hice el tránsito a la maestría también en Historia, eso fue entre 2003 y 2008”, recuerda Juliana. Durante ese tiempo, además, se vinculó al grupo de investigación en Etnohistoria y Estudios Sobre Américas Negras de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la UNAL Medellín y coordinó varios proyectos, algunos de alcance nacional.

    Durante sus años como estudiante, profesora e investigadora Juliana se dejó enamorar por la docencia. Descubrió que trasmitir el conocimiento era la respuesta frente a la cuestión por el valor práctico de la Historia, algo que la increpó desde antes de empezar sus estudios de pregrado. “Entonces me dije: tengo que hacer el doctorado”.

    Además del objetivo de convertirse en doctora, desde que concluyó la maestría a Juliana se le metió una idea en la cabeza: “me quiero ir a estudiar al exterior, me voy a ir para Francia”. Quería irse con una beca.

    En 2010 solicitó una beca de Colciencias y con la misma determinación que la ha guiado desde 1999, cuando empezó a estudiar Historia en la UNAL Medellín, se dijo: “si me la gano, me voy. Si no, es porque tengo que seguir en el país”. Ella siempre meticulosa y rigurosa en cuanto a sus procesos dejó, un poco, en manos del azar su futuro. En septiembre de 2011, la Ciudad de la Luz, recibió a la colombina Juliana Álvarez Olivares, iba a hacer un Doctorado en Historia en la Universidad de París VII.

    El inverno, la soledad, la barrera idiomática, las diferencias culturales que se hicieron más visibles en la academia que en la vida cotidiana, entre muchos otros retos, que Juliana debió vencer para recibirse doctora de dos universidades, pusieron en jaque su valor y su tesón.

    “En muchos momentos creí que no iba a ser capaz, creo que llegué a pensar en regresar”, afirma. Pero el apoyo de la familia, las redes que empezó a tejer con amigos y colegas, su propia personalidad y, sobre todo, la decisión de cultivar su ser más allá de la academia le permitió sortear las complicaciones.

    “Ya llevaba cinco años en Francia y me dije: ‘algo me hace falta’ ¡Necesitaba volver a dar clases! Entonces un amigo me dijo que había una oportunidad para ser profesora de cátedra sobre Historia de América Latina del siglo XIX en una universidad privada a una hora y media en tren de París y no lo pensé”. Volver a la docencia le permitió reconectarse con aspectos esenciales de su vida que el rigor del estudio le había hecho perder de vista, por ejemplo, el contacto con la gente.

    La primera vez que entró al salón de clases las piernas le temblaban, no estaba segura si recordaba cómo ser una buena profesora, además debía dictar una parte del contenido en francés y la otra en español. “Pero increíblemente todo fluyó”, recuerda, es más, transitó con tal fluidez entre el francés y el español que ni siquiera percibió los cambios de idioma.

    De nuevo en la docencia conoció a un colega francoalemán que le habló de un tipo de contrato que existe en Francia para los estudiantes de doctorado mediante el cual se les permite hacer tránsito a docentes universitarios y continuar su formación. “Y me dije: me voy a presentar”. Juliana sabía que la posibilidad de hacerse a uno de esos puestos era casi un imposible. Aun así, se mantuvo firme en su propósito.

    “Me presenté a 40 puestos. Me llamaron de dos”, recuerda y revive la emoción de ese momento. Pudo elegir entre las dos opciones y se quedó en una universidad pública en Normandía donde el contrato era de tiempo completo. El aire que le dio regresar a la docencia la impulsó también para terminar la tesis de doctorado: una investigación sobre artesanos que en el siglo XIX migraron de Colombia a Francia.

    En el proceso de terminar de escribir la tesis su tutora le sembró la inquietud de escribir la mayor parte de la investigación en español con el propósito no solo de recuperar el vínculo con su lengua materna sino de generar un resultado práctico al cual pudieran anclarse en el futuro otros investigadores latinoamericanos.

    Para eso era importante contar con el apoyo de una universidad en Colombia, así que Juliana regresó a su alma mater. La Universidad Nacional de Colombia le abrió de nuevo las puertas y tras una pasantía internacional en México, finalmente sustentó su tesis de doctorado.

    De la adolescente que no sabía si ser historiadora, antropóloga o química farmacéutica solo queda el recuerdo de esa encrucijada. Juliana está convencida de que tomó la decisión correcta y por eso asegura que una y muchas veces más volvería a estudiar Historia, disciplina que para ella adquiere sustrato desde la memoria “para entenderse a sí mismo, su contexto y la sociedad desde el pasado y el presente”.

    Eso justamente es lo que la docente trata de trasmitir en sus clases en las que, muchas veces, incluso la vivencia de cada estudiante es sustancia para analizar la Historia. De ahí que una clase con Juliana trasciende el imaginario del profesor que habla durante horas mientras sus discípulos luchan contra el aburrimiento y el sueño.

    “Yo trato de ser dinámica, de empaparme de los temas que mueven a los jóvenes, de interesarlos por otros asuntos como el cine, la música, la literatura, en fin”. Una de sus últimas innovaciones metodológicas para enseñar historia de América Latina a sus estudiantes franceses fue mediante un programa de radio que se construyó colectivamente con base en las investigaciones de los universitarios.

    Hoy Juliana mira hacia atrás embargada de gratitud, entonces la invade una inquietud: ¿cómo retribuirle al país que le permitió formarse? La docencia es un atisbo de respuesta, pero ella quiere más: llegar a ese cómo es su nuevo reto.

    (FIN/CST)

    23 de agosto del 2019