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Recorriendo la ciudad Jaime Sarmiento Ocampo se dio cuenta de que quería ser arquitecto, abandonó las ideas de estudiar cine o medicina por la de diseñar espacios propicios para albergar las actividades humanas. Tenía 16 años cuando empezó su carrera en la Universidad Nacional de Colombia en Medellín.

  • Jaime Sarmiento Ocampo es arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.

    Jaime Sarmiento Ocampo es arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.

  • Jaime Sarmiento con el arquitecto australiano Glenn Murcutt. Australia, 2008. Foto cortesía.

    Jaime Sarmiento con el arquitecto australiano Glenn Murcutt. Australia, 2008. Foto cortesía.

  • Para el profesor Sarmiento viajar hace parte de la vida, esta actividad ha marcado sus aprendizajes y su profesión. Berlín, 2008. Foto cortesía.

    Para el profesor Sarmiento viajar hace parte de la vida, esta actividad ha marcado sus aprendizajes y su profesión. Berlín, 2008. Foto cortesía.

  • El profesor participó en la construcción de la propuesta ganadora del concurso internacional BCN – NYC Affordable Housing Challenge 2019. Foto Cortesía.

    El profesor participó en la construcción de la propuesta ganadora del concurso internacional BCN – NYC Affordable Housing Challenge 2019. Foto Cortesía.

  • El arquitecto ha combinado la academia, el ejercicio de la arquitectura y el emprendimiento. Universidad de Stanford, (California, 2012). Foto cortesía.

    El arquitecto ha combinado la academia, el ejercicio de la arquitectura y el emprendimiento. Universidad de Stanford, (California, 2012). Foto cortesía.

  • Una libreta en la que consiga bocetos, pensamientos y lo que va recogiendo del mundo, es su fiel compañera.

    Una libreta en la que consiga bocetos, pensamientos y lo que va recogiendo del mundo, es su fiel compañera.

    “Recuerdo que iba caminando y una construcción como el edificio Vicente Uribe Rendón, en uno de los cruces de la Playa con la Oriental, me maravilló por el esfuerzo humano que percibí ahí. Entonces, a partir de ver arquitectura fue que me incliné por hacer arquitectura” cuenta quien hoy es profesor en su alma máter.

    Esa experiencia y la herencia del arte y la creatividad que recibió de su mamá, Luz Miriam, pintora y ceramista, más la que le dejó su padre, Alfonso de Jesús, mecánico de máquinas de escribir, también influyeron en sus gustos. Para el profesor Sarmiento Ocampo, “la arquitectura fusiona saberes como la técnica y lo artístico para enfocarlos en lo social”.

    De su época de estudiante recuerda con aprecio las salidas a diferentes parajes del país en los que pudo apreciar edificios emblemáticos y algunos de los pueblos tradicionales colombianos reconocidos por su arquitectura. Esos viajes le permitieron entender la relación de su carrera con aspectos como las tradiciones y la vida cotidiana, pero, además, le incubaron una idea: en el ejercicio de su profesión viajar y observar son complementarios en la formación.

    Aunque admite que las salidas universitarias fueron iniciáticas para lo que sería su futuro ejercicio profesional, también es consciente de que fue más tarde, en Barcelona, cuando realmente se dio cuenta de lo que podría representar su oficio.

    Hacia finales de la década de 1980, con la ambición de conocer el mundo, Sarmiento Ocampo viajó al viejo continente para hacer su doctorado, lo acogió la Escuela de Arquitectura de Barcelona; allí tuvo conciencia de la arquitectura.

    “Esa idea me llegó de una manera extraña: una vez agarré el metro subterráneo y salí justo en frente de un edificio de Antonio Gaudí: La Casa Batlló. Cuando entré a esa casa me sentí como en un sueño, como si estuviera en el interior de un animal que respiraba; yo no había imaginado jamás que se pudiera hacer algo así, entonces comprendí lo que era la arquitectura y lo que se podía hacer”, narra.

    Todavía estudiando el doctorado se vinculó como profesor de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín gracias a una convocatoria pública en 1993, donde ejerció la docencia hasta el año 2000 cuando regresó a España. Se fue ya no con el deseo de conocer el mundo sino huyéndole a la violencia que para entonces azotaba a Colombia y de la que quería proteger a su familia.

    Regresó a la Ciudad Condal donde continúo ejerciendo como docente, investigador y arquitecto, porque para Sarmiento Ocampo en su profesión es fundamental “vincular la formación con la experiencia directa”. En Barcelona residió entre 2001 y 2011 y desarrolló pesquisas sobre sistemas de construcciones livianas, de hecho, de cuenta de ese trabajo recibió una patente de invención que años después trajo de nuevo a Colombia.

    La crisis económica española le hizo retornar a su país en el 2011, en su alma máter volvió a encontrar un espacio para él. Ya sin el nerviosismo de las primeras clases que dictó en 1993 ni la actitud de profesor juez, se reconoció amigo, compañero y guía de sus estudiantes. Y terminó por convencerse de algo que ya sospechaba: “la docencia es un asunto de empatía, casi de afecto” en el que se establece una relación recíproca de beneficio.

    En Colombia encontró, además, un escenario propicio para la creación y vio en el emprendimiento la posibilidad de aportarle a la sociedad algo del saber y la experiencia acumulados durante años. Entonces le dio vida a Ensamble Sistema Constructivo, una empresa de construcción liviana gracias a la cual se vinculó al ecosistema empresarial antioqueño y empezó a generar procesos de trasferencia de conocimiento con la Universidad como su gran aliada.

    “Para mí, que vengo del mundo académico, incursionar en lo empresarial ha sido descubrir un mundo muy bello y provechoso: acá hay mucha creatividad y potencial para impactar positivamente el medio. Pero también es reconocer que el arquitecto es técnico y es creativo y ahora es muy importante pensar y generar nuestro propio empleo”, reflexiona.

    Su idea de hacer empresa está también enraizada en la certeza de que la arquitectura es una labor digna y loable que le facilita al ser humano el habitar y en la convicción de que hoy más que nunca su disciplina debe abocarse a lo social y a las condiciones de un mundo “que reclama una consciencia global sobre cómo compartir el hábitat con todo lo que nos rodea y aprender a cohabitar pacíficamente y en buenos términos con la naturaleza”.

    El profesor Sarmiento Ocampo es una persona tranquila; el deporte, hace parte de un equipo senior de natación con aletas con el que ya ha participado en varios mundiales, el cine, el dibujo, las lecturas, los espacios familiares, viajar y otros pequeños disfrutes lo mantienen activo y productivo sin perder el sosiego.

    Sobre el dibujo, dice algo particular que desvela un poco las ideas que lo han movido por años y es que éste, aunque no es imprescindible sí es conveniente para ejercer la arquitectura porque es una manera de asir el pensamiento y de consignarlo.

    “El escritor escribe, el arquitecto dibuja planos para trasmitir ideas, medidas y materiales, pero también se permite bocetos que pueden ser más sueltos y artísticos. En ese orden, el arquitecto debe estar presto a recibir lo que lo rodea mediante sus ojos, su mente y sus manos, porque nosotros somos algo así como recicladores del mundo y eso que percibimos, cuando lo asimilamos, lo volcamos en acción y en transformación”, sentencia.

    En efecto, así como al médico de antaño lo respaldaba un maletín con los instrumentos básicos para atender a los enfermos de urgencia, Jaime Sarmiento lleva siempre consigo una libreta que hace las veces de bitácora en la que recoge sus impresiones del mundo y las revierte en sus propios diseños.

    (FIN/CST)

    2 de agosto del 2019