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Recientemente fue noticia el problema que puede significar para la humanidad la reducción de poblaciones de abejas por su tarea como polinizadoras. Una alerta que puso de presente su importancia, pero es bueno tener en cuenta que no son los únicos insectos fundamentales. En eso llama la atención la presidenta de la Junta Directiva de la Sociedad Colombiana de Entomología (Socolen), Amanda Varela Ramírez.

  • Se estima que en Colombia hay unas 320.000 especies de insectos.

    Se estima que en Colombia hay unas 320.000 especies de insectos.

  • En varias exposiciones se mostró la diversidad de los insectos.

    En varias exposiciones se mostró la diversidad de los insectos.

  • El 46° Congreso de Entomología se llevó a cabo en la UNAL Medellín.

    El 46° Congreso de Entomología se llevó a cabo en la UNAL Medellín.

  • En el 46° Congreso de Entomología hubo exposición de pósteres.

    En el 46° Congreso de Entomología hubo exposición de pósteres.

  • Varios grupos de niños participaron en actividades lúdicas sobre entomología.

    Varios grupos de niños participaron en actividades lúdicas sobre entomología.

  • En el evento se mostraron algunos proyectos de aprovechamiento de insectos.

    En el evento se mostraron algunos proyectos de aprovechamiento de insectos.

    “Son uno de los grupos más diversos, habitan en bosques, cultivos o suelos, donde participan en procesos de descomposición del material orgánico y ayudan a mantener el equilibrio. Además, son fuente de alimento para aves, murciélagos o roedores”, destaca.

    Un escenario para reflexionar al respecto ha sido la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín que, de hecho, está ligada al desarrollo de la entomología, según el vicerrector Juan Camilo Restrepo Gutiérrez, quien recuerda que la conformación de Socolen tuvo lugar en un congreso de ingenieros agrónomos en claustros académicos en los bloques 11 y 41, y resalta que algunos de los fundadores son egresados de esta institución.

    Los primeros de ellos, dice el Vicerrector, se graduaron como agrónomos veterinarios en 1922. En esta primera promoción sobresalió el estudiante Francisco Luis Gallego Montaño, considerado uno de los padres de la entomología colombiana, pues dedicó gran parte de sus estudios a las enseñanzas de los insectos.

    Fue uno de los protagonistas del tránsito de la Escuela de Agricultura al Instituto Agrícola Nacional en 1934 y tres años después, se vinculó a la UNAL. Precisamente en 1937, como profesor, inició una colección que llamó Archivo Entomológico que luego se convirtió en el Museo Entomológico que actualmente lleva su nombre y que “ratifica el compromiso de la academia con la sociedad, pues le corresponde buscar soluciones factibles a problemas reales; por eso nos enorgullecemos de labores como las del profesor Gallego”, agrega el vicerrector.

    Los espacios académicos son una oportunidad para generar reflexiones sobre nuevos desafíos de la entomología como es el caso, por ejemplo, de la etapa del posacuerdo en Colombia, a propósito del desarrollo de diferentes actividades por parte de desmovilizados de grupos armados que han ocupado nuevos territorios.

    “Hay unos proyectos muy interesantes que tienen que ver con producciones auto-sostenibles como los apiarios o la cría de mariposas, como hay casos en Bogotá, ya sea en cautiverio o no para que la gente las conserve pero también pueda producirlas con fines comerciales. Eso ha generado fuentes de trabajo, de educación y de apropiación social. En ese sentido los insectos son muy importantes”, expone Sandra Uribe Soto, profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAL Medellín y coordinadora del Museo Entomológico Francisco Luis Gallego.

    Por su parte, Varela Ramírez explica que otras actividades tienen que ver con la agricultura, “lo que implica la siembra de una única especie o pocas en un área determinada. Como se trata de la introducción de cultivos que antes no estaban, los insectos pueden llegar por alimento y, al encontrarlo, se pueden reproducir en gran cantidad y atacar las plantaciones”.

    Al existir entonces la posibilidad de la aparición de plagas, se debe planear un manejo eficiente, asegura la directiva, por lo que también llama la atención sobre la necesidad de aprovechar para conocer especies que habitan en territorios en los que hacía presencia la guerrilla de las FARC, adonde antes no se podía llegar.

    Como plagas precisamente, pero también como vectores, se ha hecho, por lo general, el abordaje sobre los insectos, afirma la profesora Uribe Soto. No obstante, muy pocos son nocivos. Por el contrario, son diversos y un gran porcentaje de ellos, benéficos.

    Para masificar ese mensaje hay un reto importante en el que los insectos pueden contribuir: acercar la infancia a la ciencia, porque “pueden convertirse, incluso, en mascotas. Hay escuelas en otros países donde los niños aprenden a criar mariposas como la monarca, que está en vía de extinción, o las mantis religiosas, y llevan a sus casas”, añade la profesora Uribe Soto.

    Son también un vínculo para aproximarse a la educación medioambiental, “en la medida en que les enseñamos que protegiendo a los insectos y conociéndolos, cuidamos la biodiversidad”, agrega.

    Mariana Osorio, de 9 años y estudiante de tercer grado del Gimnasio Bilingüe Campestre Marie Curie de Bogotá, lo sabe. A ella, en especial, le gustan más los nocturnos. Pide “que no los maten porque no son malos en la naturaleza, al revés, son más buenos y realizan funciones importantes para nosotros”.

    La aversión por los insectos no es lo único que hay que superar, asevera Duverney Chaverra Rodríguez, investigador posdoctoral en la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), quien trabaja en división genómica de insectos, específicamente Aedes aegypti, para conocer mejor la biología e interacción de este mosquito con los virus que transmiten y buscar estrategias de control modificando sus genes.

    “Necesitamos tener estrategias alternativas de control porque los insecticidas químicos que se han utilizado no han funcionado completamente. Hay que hacer educación con la comunidad, tener herramientas adicionales y una de ellas es estudiar la genética de los mosquitos”, dice.

    La principal limitación para hacerlo en Colombia, añade, además de los recursos, es “la percepción que se tiene hacia los organismos genéticamente modificados como algo malo o extraño, pero es parte de la educación y divulgación que se debe hacer”, concluye.

    Estas fueron reflexiones que se dieron durante el 46 Congreso de Entomología de Socolen que se realizó recientemente en la UNAL Medellín.

    (FIN/KGG)

    30 de julio del 2019