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“En mis clases repito mucho una frase que me gusta bastante, yo digo que a través del tiempo la humanidad ha sido engañada con cuatro mentiras fundamentales: la religión, la historia, la política y la estadística”. De esta manera un poco curiosa, responde el profesor Humberto González Iregui a la pregunta por sus gustos y pasiones. Tras unos segundos en silencio se complementa asegurando que esas cuatro falacias “no sirven para nada, pero mantienen a la gente tranquila” y vuelve a un silencio que parece darle peso a su aseveración.

  • Humberto González Iregui es ingeniero geólogo y de petróleos.

    Humberto González Iregui es ingeniero geólogo y de petróleos.

  • El profesor González Iregui recorrió el país estudiando su geología.

    El profesor González Iregui recorrió el país estudiando su geología.

  • Para el ingeniero hacer las cosas con amor y por gusto es lo más gratificante.

    Para el ingeniero hacer las cosas con amor y por gusto es lo más gratificante.

  • El profesor Humberto lleva más de 40 años dedicado a la docencia.

    El profesor Humberto lleva más de 40 años dedicado a la docencia.

    Con esa idea se identifica, no obstante, quienes lo conocen comentan que tiene otra que repite aún más y que da mejor cuenta de quién es el profesor: “de morir, morir dando clase”.

    Nacido y criado en la capital del país, hace casi 50 años que este ingeniero geólogo y de petróleos se identifica como antioqueño. Dedicó su vida a la geología de Colombia en el Ingeominas (Hoy Servicio Geológico Colombiano) donde laboró por más de cuatro décadas, y a la docencia en universidades como la Nacional en Bogotá y Medellín, la Eafit y la EIA, actividad que aún desempeña en la Facultad de Minas, de ahí lo de “morir dando clase”.

    “Yo quería estudiar Ingeniería de Petróleos y en esa época, principios de los años 60, solo había esa carrera en la Universidad Industrial de Santander, en las Américas y en la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, y como tenía familia acá me vine sin problema”, recuerda. Eso fue en 1962, tenía 18 años y para entonces se estudiaba con la metodología de año integral, de hecho, comenta que, por una materia (Física) a la que no se dedicó como debía, casi se le va la carrera.

    “La mala experiencia con esa materia me hizo recapacitar y cambiar. Aprendí que las cosas hay que ganárselas y ya después me fue muy bien”. Gracias a su buen rendimiento empezaron a llegar las oportunidades de prácticas; debía hacer una semestralmente. Las dos primeras fueron en Ecopetrol y, pese al éxito de esos procesos, el entonces estudiante no se sintió complacido ejecutando su labor.

    La tercera práctica, en cambio, lo conquistó. Fue en un diciembre de mediados de los 60 cuando se presentó una oportunidad con Ingeominas para aportar a la elaboración del inventario minero; lo mandaron para Amalfi, en el nordeste de Antioquia. “Ahí sí me sentí feliz, no solo hice lo que yo quería, sino que además me enamoré de la Geología. Todo el día caminaba y en la tarde llegaba cansado a un campamento, las caminatas eran para tomar muestras de roca que había que analizar y procesar después en Medellín. Eso me llamó la atención y eso es lo que yo he enseñado toda la vida y sigo enseñando”, cuenta.

    Después de esa práctica tuvo claro a qué se iba a dedicar y, en 1967, dos años antes de graduarse, lo vincularon al Ingeominas. En 1969, tras recibir su título como ingeniero geólogo y de petróleos, ya trabajando en Bogotá, recibió una llamada de las directivas de la Universidad Nacional de Colombia en esa ciudad; le pidieron que les colaborara como profesor de cátedra dictando la materia Petrología de Rocas Cristalinas. Así fue hasta 1972 cuando decidió regresar a Medellín por cuestiones familiares.

    En 1975, de nuevo en Medellín, la llamada la hicieron esta vez las directivas de la Universidad Nacional de Colombia en esta ciudad. “Resulta que se habían quedado sin profesor de Geología Económica y como sabían de mi experiencia me pidieron que les ayudara dictando la materia; al siguiente semestre, me dijeron que les ayudara también con Petrología Ígnea, y eso ha sido desde 1976 hasta el día de hoy”, relata y añade que, ocasionalmente, también ha sido profesor de Geología de Colombia.

    Sus clases en la Universidad, siempre a las seis de la mañana, se acoplaron a su ejercicio profesional en Ingeominas, así que el profesor Humberto se precia de haber enseñado con base en el conocimiento que es producto de la experiencia. En 1980, recuerda, “vino la crisis de la exploración y de los geólogos en Colombia y se salió mucha gente de las universidades para vincularse al sector privado; así que se quedaron sin profesores. Al mismo tiempo, se crearon dos carreras de Geología en Medellín: en la EIA y en la Universidad Eafit”. Ambas instituciones le pidieron sus aportes como docente.

    “Yo les dije que sí, siempre y cuando fuera en mi área, porque para otras materias que no conocía y tenía que aprender, no tenía tiempo. Fui profesor en esas dos universidades entre 1980 y comienzos del siglo XXI”. Su rutina, que para entonces ya iniciaba desde las cuatro de la mañana porque dictaba clases en la UNAL a las seis, y que terminaba máximo a las seis de la tarde después de su ejercicio en Ingeominas, se extendió hasta las 10 de la noche de cuenta de las clases en la Eafit y la EIA.

    “Eso fue muy duro porque muchas veces me tocó sacrificar el tiempo de calidad con la familia, que siempre ha sido parte integral de mi vida. Pero yo estaba feliz haciendo lo que me gustaba”, destaca.

    Gracias a su trabajo en Ingeominas, Humberto González Iregui recorrió Colombia de punta a punta: desde Leticia hasta La Guajira; desde La Guadalupe (el punto más oriental del país) hasta las islas Gorgona y Malpelo; haciendo geología básica. Así se volvió experto en geología de Colombia.

    “Durante mis años en Ingeominas dirigí y estructuré proyectos que me dieron un saber profundo y detallado enfocado a delimitar las condiciones geológicas de las diferentes regiones del país, sobre todo la correspondiente a la parte norte de las cordilleras oriental y central”, explica. Tareas como definir los tipos de rocas presentes en los territorios y su relación con el mismo, además de buscar recursos minerales asociados, entre otras, se convirtieron en su cotidianidad. Al respecto afirma orgulloso que es para eso que se debe hacer Geología: “por el conocimiento básico de una región, y eso enfocado a planificar sus recursos y conocer sus riesgos”.

    Sobre la docencia, que desarrolló de manera paralela a su quehacer profesional y que continuó tras jubilarse, asegura que no exagera si afirma que en 40 años por él han pasado “unos mil seiscientos y pico de estudiantes eso me ha permitido conocer a mucha gente y ser testigo de la evolución de la realidad de los universitarios durante décadas”.

    Además, destaca que gracias a la docencia ha podido mantenerse actualizado en su ejercicio con base en los avances que tienen casa en la academia: “yo todo el tiempo estoy leyendo y sé qué salió ayer en las áreas que a mí me interesan que son Geología de Colombia, Petrología y Mineralogía”. Eso y transmitir a otros sus conocimientos con el valioso propósito de enamorarlos del saber cómo se enamoró él, es lo que lo mantiene dando clases pese, incluso a sus quebrantos de salud.

    No solo lee sobre su tema, tiene otros intereses literarios como la novela histórica, ahora está enfocado en las historias de los reyes europeos; y el cine clásico: ve películas como Lo que el viento se llevó, La letra escarlata, La cabaña del tío Tom, entre otras, además de la que muestran la historia de la esclavitud en los estados Unidos. Su pasión, sin embargo, son las matas, las orquídeas, principalmente. “Cultivo orquídeas hace muchos años y para mí mis matas son la felicidad: que pasarlas de sitio, que quitarles las hojitas muertas, que cambiarles la tierra, en fin, eso es lo que más me entretiene”.

    El televisor solo le interesa para dos programas: el fútbol, es hincha de Millonarios “a pesar de las desilusiones”, y el noticiero de las nueve de la noche de CM&. Toda la vida ha usado traje y corbata, le parece la correcta presentación y así, con el protocolo de su vestimenta y la estampa de un hombre hecho a pulso por la experiencia le ofrece un mensaje a la juventud: “yo a los muchachos les digo que lo más importante es que lo que hagamos sea con cariño y por gusto, lo demás viene después. El oficio más aburrido, si lo hago con amor sale bien y si sale bien, me gusta y lo disfruto”, concluye.

    (FIN/CST)

    19 de julio del 2019