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“Me gusta simplemente aprender un poco para hacerlo cada vez mejor”, así se refiere la profesora Edith Arbeláez Jaramillo a una de sus pasiones, la cocina. Una expresión que sin embargo, la identifica bien en todos ámbitos de su vida: la docencia, la investigación, el quehacer como artista y el de la mujer sensible que mira el mundo a través de la fotografía.

  • Para la profesora Edith Arbeláez Jaramillo la Universidad representa un mundo de posibilidades.

    Para la profesora Edith Arbeláez Jaramillo la Universidad representa un mundo de posibilidades.

  • Su quehacer como artista se centra en la imagen fotográfica. Foto cortesía.

    Su quehacer como artista se centra en la imagen fotográfica. Foto cortesía.

  • La naturaleza ha sido uno de sus temas recurrentes. Foto cortesía.

    La naturaleza ha sido uno de sus temas recurrentes. Foto cortesía.

  • La profesora es artista Plástica de la U.N. en Medellín.

    La profesora es artista Plástica de la U.N. en Medellín.

  • El espacio también es importante en su ejercicio investigativo. Foto cortesía.

    El espacio también es importante en su ejercicio investigativo. Foto cortesía.

  • Para la artista es importante que el espectador dialogue con la obra.

    Para la artista es importante que el espectador dialogue con la obra.

    Después de intentar otras disciplinas, estudió Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín porque encontró que “el artista es un ser que mira el mundo de forma más profunda y atenta, con una mayor capacidad de conmoción frente a lo que lo rodea y desde su obra deja ver esos comentarios o puntos de vista sobre su mundo, cultura, presente, sociedad, pasado y todos aspectos que pueden aparecer en la obra”, comenta con el halo de solemnidad y el rigor que arropa a quien ha hecho de su vida un propósito grato.

    Recién egresada, casi por azar, empezó su ejercicio docente, este la dirigió, inevitablemente, hacia la formación posgradual. “Empecé en la Universidad de Antioquia, muy recién egresada porque una profesora que se iba a radicar en Estados Unidos me recomendó para un cargo que ella dictaba de Serigrafía, más o menos a los seis meses o al año me llamaron de la U.N. para comenzar a dictar cátedras como ocasional y posteriormente me presenté a una convocatoria y tuve la suerte de ganarla”, recuerda.

    Por un tiempo estuvo ejerciendo en ambas instituciones, pero desde el 95 se dedica exclusivamente a su alma máter, la U.N., esto debido a que el profesor Carlos Mesa, decano de la Facultad de Arquitectura para la época, la invitó a hacer parte de su equipo directivo desde la dirección, entonces, del Departamento de Artes.

    Frente a los desafíos de la docencia y con la idea de que el pregrado había dejado ciertas falencias teóricas, hizo una Maestría en Filosofía en la Universidad de Antioquia y, años más tarde, el doctorado en la misma área.

    “En la maestría traté de darle a la tesis una línea de trabajo hacia los temas que me interesaban desde mis cátedras como docente de Artes y, más adelante, me pareció importante continuar con el doctorado, entonces me concentré en trabajar las problemáticas de la imagen fotográfica tanto análoga como digital en una tesis que se tituló Pensamiento icónico”, cuenta la profesora.

    En su quehacer como docente, considera fundamental la investigación, la formación constante y, por supuesto, el continuo ejercicio como artista, esto por un asunto de respeto y responsabilidad con los jóvenes para quienes inevitablemente es modelo.

    De ahí que la profe ha dedicado años a trabajar alrededor de la imagen, especialmente la fotográfica, mediante la cual ha abordado distintas relaciones con la naturaleza a partir de aspectos como la neblina, estados de visibilidad e invisibilidad, circunstancia del paisaje, entre otros: “algo como esa otra noción del contexto natural que a veces no observamos y en donde también hay belleza, misterio y enigmas”, dice y añade que la fotografía es una manera de ver el mundo y de dejar un vestigio.

    “Con las imágenes fotográficas estamos haciendo comentarios sobre la vida, sobre el día a día, y en esa medida me gusta captar lo bello, el tiempo y lo inconmensurable”, gusto y oficio que acompaña con lecturas y estudios sobre la imagen desde la teoría, no desde la técnica. la profe Edith, además, procura que la imagen fotográfica sea instalada, es decir, que dialogue con la arquitectura y establezca con ella una relación directa, esta es su manera de plantearle inquietudes al espectador y de enriquecer su experiencia perceptiva frente a la obra para que tenga preguntas renovadas después de ella.

    “Desde siempre me interesó cómo el arte fue transitando hacia un rapto de todas sus dimensiones; la obra abandonó el pedestal y se depositó en la pared o en el piso. En esa medida yo procuro que la fotografía haga eso, que busque una actitud mucho más activa del espectador; eso lo he estudiado, teorizado y lo he revertido también en algunas de las asignaturas”, precisa la profesora.

    A propósito de su título de docente, señala que es algo así como una investidura que se lleva siempre, incluso en casa y hasta en el “tiempo libre” porque siempre hay que leer sobre los temas de los cursos, preparar clases, evaluar, responder correos, entre muchas otras actividades que le consumen buena parte de su espacio.

    “Ser profesora es un compromiso muy serio, uno se tiene que sentir como un ser privilegiado porque está transmitiendo un conocimiento, pero al mismo tiempo transmite un ejemplo, una pasión por el arte y una ética para vivir; por eso procuro que esa noción de pedagogía sea ampliada a todos los ámbitos, no solo al conocimiento en sí sino, por ejemplo, al hecho de enseñar también las implicaciones de lo que significa ser artista que no es un asunto de habilidad sino de sensibilidad ante el mundo”, afirma.

    Ese ejercicio riguroso que la apasiona y la rebosa de vida, lo acompaña con otros gustos como la literatura que ha estado presente en ella desde temprana edad: Paul Auster, Pamuk, Knausgard, Piedad Bonnet, Houellebecq, Pablo Montoya, Cortazar, son algunos de los autores que enlista desde el disfrute que para ella implica leer. Y con el interés por la cocina que, dice, está relacionado con los rituales de la vida: “el cuidado con el que se prepara un alimento tiene que ver con la calidad que le otorgamos a cada gesto o acción en el diario vivir. Me gusta simplemente aprender un poco para hacerlo cada vez mejor; el alimento no solo nutre nuestro cuerpo sino nuestro espíritu”.

    La profesora Edith se dice un ser privilegiado por haber tenido la oportunidad de dedicarse a la docencia en la que fue su primera casa académica no solo por lo que la Universidad Nacional de Colombia significa para la sociedad sino por lo que es para ella: “un espacio amable, lleno de naturaleza y con una diversidad de carreras y de personas que representa la oportunidad de estar en contacto con otras áreas del saber y, sobre todo, con la juventud”.

    Para Edith Arbeláez Jaramillo, el reto de todos los días está en ejercer su actividad como artista y como docente e investigadora con la mayor calidad posible, ello animado por la pregunta de cómo devolverle a la Universidad todo lo que le permite.

    (FIN/CST)

    6 de mayo del 2019