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Cuando terminó el colegio, Lina María Echeverría tenía claro un asunto: iba a estudiar Ingeniería Administrativa en la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, con suerte tras graduarse se vincularía al Servicio Geológico Colombiano y tras años de dedicación llegaría a ser directora regional. Sin embargo la vida, dice, le tenía reservado algo impredeciblemente mejor.

  • Lina María Echeverría Ramírez es ingeniera geóloga de la Facultad de Minas.

    Lina María Echeverría Ramírez es ingeniera geóloga de la Facultad de Minas.

  • "Cuando yo miré la primera piedra a través de un microscopio de transmisión óptica dije: ‘este es el flechazo, yo tengo que estudiar esto", cuenta Lina María.

    "Cuando yo miré la primera piedra a través de un microscopio de transmisión óptica dije: ‘este es el flechazo, yo tengo que estudiar esto", cuenta Lina María.

  • Lina María Echeverría Ramírez ha dedicado su vida a la ciencia y la investigación.

    Lina María Echeverría Ramírez ha dedicado su vida a la ciencia y la investigación.

  • La egresada de la U.N. contó su experiencia de vida profesional en la cuarta sesión de 2019 de la Cátedra Saberes con Sabor.

    La egresada de la U.N. contó su experiencia de vida profesional en la cuarta sesión de 2019 de la Cátedra Saberes con Sabor.

    “En el tercer semestre de Ingeniería Administrativa el profesor de Química II era un estudiante de último año de Geología y él nos hablaba mucho de yacimientos minerales, da la casualidad que nos íbamos a almorzar en el mismo bus y teníamos el mismo recorrido y me empezó a invitar a los laboratorios de geología. Cuando yo miré la primera piedra a través de un microscopio de transmisión óptica dije: ‘este es el flechazo, yo tengo que estudiar esto’”. El único problema era que, para la época, esta carrera no aceptaba mujeres.

    Lina María tuvo que escribir cartas, hablar con profesores y encarar al comité de decanos de la Facultad en una indagatoria que, como lo recuerda, pudo haber durado horas en las que le plantearon preguntas como “¿qué va a hacer una mujer en Geología? ¿Qué piensan su papá y su abuelo?”, y comentarios del tipo “la vamos a subir hasta el Alto de Minas y se tiene que bajar caminando”.

    “¿Qué voy a hacer?, pues lo mismo que un hombre. Mi papá dice que yo debo hacer lo que yo quiera y ser feliz. Y por la bajada no se preocupen que tengo entendido que es más fácil que la subida”, con la perspicacia que la caracteriza, de ese estilo fueron las respuestas de Lina María. Entonces, en 1969, el mismo año en que el hombre posó por primera vez su pie sobre la superficie de la luna, en Medellín la primera mujer fue aceptada para estudiar una carrera reservada a los varones: Ingeniería Geológica.  

    Para entonces en la Facultad de Minas estudiaban alrededor de ocho mujeres y unos mil hombres. “Para mí es muy grato saber que hoy el porcentaje ha escalado alrededor del 50%, yo las siento a todas como mis colegas”, afirma.

    Después de ese primer giro en su vida vino otro igual de decisivo. Se graduó en el 73, en los albores de la revolución de la tectónica de placas, y convencida de que debía aprender más sobre el tema se recluyó en la biblioteca del Instituto Colombo Americano a investigar y encontró tres nombres de universidades: Stanford, Harvard y Yale. A toda ellas envió sus notas y algunas cartas de recomendación. “Y así es como se sigue la vida, simplemente se me ocurrió y lo hice”, comenta. La aceptaron en las tres, pero Stanford le dio beca completa de maestría.

    “El plan mío era estar en Stanford los dos años de maestría y venir a trabajar en el Servicio Geológico Colombiano, pero cuando terminé me dijeron ‘quédese que usted es material para PhD, nosotros le prolongamos la beca’. Y acabé haciendo doctorado y posdoctorado”. Entonces, su trabajo de investigación versaba sobre unas rocas que no debían estar donde estaban, no obstante, la vida quería encaminarla por otra ruta.

    “Alguna vez recibimos la visita de Nick Arndt, que estaba trabajando en komatiítas del arcaico australiano, y me acordé de un artículo de un geólogo de la Royal Dutch Shell publicado en 1950 sobre Gorgona y yo dije: ‘¿komatiítas en Gorgona?’”. Convenció a sus superiores de que le financiaran el primer viaje a la entonces isla prisión, ubicada en el pacifico colombiano para explorar la posibilidad.

    Las komatiítas, explica, son las lavas con el record de mayor temperatura del mundo, hasta el 79, año de su primer viaje a la isla prisión, solo se habían encontrado en terrenos de más de 1500 millones de años y se infería que su formación se había dado en la época en que todavía había mucho calor residual en el manto de la tierra. Gorgona es una isla joven, de aproximadamente 90 millones de años, la existencia de estas rocas en su superficie era casi imposible.

    Dos años más tarde, en 1981, esta vez en compañía de su esposo e hijo mayor, que para entonces contaba apenas con seis meses, estuvo por segunda vez en Gorgona. “Encontramos komatiítas, claro que sí, verdaderas komatiítas frescas cuyo origen volcánico no es inferido sino comprobado y que no existen sino en Gorgona”, recuerda.

    Lina María mira el desarrollo de su vida profesional como un arco en el sentido de curva continua. Además de su paso exitoso por Stanford, otros giros para ella siempre impredecibles la llevaron al Instituto Max Planck (Alemania) y al techo de su carrera como científica pasando de la investigación académica a la industrial e incluso a la dirección de grupos en una de las compañías líderes en ciencia de materiales e innovación de procesos a nivel mundial: Corning Incorporated.

    La vida, destaca, “le va diciendo a uno por dónde es y lo lindo de vivirla es seguirla con lo que llega, porque uno a veces insiste en un camino y se golpea contra la pared hasta que le sangra la frente y en esa terquedad no ve la puerta que se abre al otro lado”. Sin embargo, también reconoce que nada es gratuito, que las recompensas llegan con el esfuerzo: “mi carrera la hice día a día, paso a paso, fueron una serie de pasos los que me permitieron romper no una sino muchas veces el cielo raso de vidrio que me precedía por el hecho de ser mujer”.

    Su experiencia, concluye sonriente y jovial, “aunque no es un ejemplo a seguir habla de las múltiples posibilidades cómo se puede desarrollar una carrera en general. El secreto, insisto, fácil de decir y un poco más difícil de aplicar, es sencillamente aceptar lo que llegue y vivir de acuerdo al momento”.

    La geóloga Lina María Echeverría Ramírez, compartió su experiencia de vida profesional en la cuarta sesión de 2019 de la Cátedra Saberes con Sabor.

    (FIN/CST)

    19 de marzo del 2019