Escudo de la República de Colombia
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En el año 79 d.C. la erupción del Vesubio redujo a cenizas las poblaciones italianas Pompeya y Herculano; en 1687 la Lima colonial fue destruida por un sismo; el 22 de mayo de 1960 un terremoto de 9.5 grados con epicentro en Valdivia (Chile), el más grande registrado hasta ahora por la ciencia, dejó más de 30 mil víctimas muchas de ellas por efecto del tsunami que impactó a Japón; en 2010 un terremoto desarticuló la estructura social y político-administrativa de Haití y ocasionó más de 300 mil muertes.

  • El riesgo hace referencia a la probabilidad de pérdida. Foto tomada de: https://www.nytimes.com/es/2017/09/19/temblor-sismo-mexico/

    El riesgo hace referencia a la probabilidad de pérdida. Foto tomada de: https://www.nytimes.com/es/2017/09/19/temblor-sismo-mexico/

  • La marginalidad incrementa la vulnerabilidad; en Lima un muro separa a la sociedad marginal. Foto tomada de: https://peru21.pe/lima/censurados-film-festival-muro-vergueenza-convierte-lienzo-clama-respeto-fotos-404376?foto=1

    La marginalidad incrementa la vulnerabilidad; en Lima un muro separa a la sociedad marginal. Foto tomada de: https://peru21.pe/lima/censurados-film-festival-muro-vergueenza-convierte-lienzo-clama-respeto-fotos-404376?foto=1

  • La segunda sesión de la Cátedra Saberes con Sabor abordó el tema de la gestión del riesgo.

    La segunda sesión de la Cátedra Saberes con Sabor abordó el tema de la gestión del riesgo.

  • José Humberto Caballero, profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas.

    José Humberto Caballero, profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas.

  • Aunque la gestión del riesgo debe procurar la prevención, la atención también es fundamental.

    Aunque la gestión del riesgo debe procurar la prevención, la atención también es fundamental.

    Es apenas un recuento de algunos de los desastres más sonoros en la historia reciente de la humanidad, que han cobrado un número importante de pérdidas humanas y materiales. Recuento que sustenta la pregunta del ingeniero geólogo José Humberto Caballero Acosta, profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la U.N. Sede Medellín: “¿estamos construyendo nuestras nuevas ciudades teniendo en cuenta tales antecedentes o, por el contrario, lo hacemos de manera irreflexiva en condiciones de vulnerabilidad?”.

    Explica el profesor Caballero Acosta que los fenómenos naturales que pueden desencadenar en eventos desastrosos han existido siempre, sin embargo, es cuando a estos se suman los procesos antrópicos que las situaciones de riesgo y vulnerabilidad cobran sentido para el ser humano. En ese orden, destaca que “la gestión del riesgo ha sido prioritaria desde siempre y lo seguirá siendo”.

    El riesgo, explica el profesor, es un fenómeno social que hace referencia a la probabilidad de pérdida, que está en función de qué tan grandes son las amenazas y qué tan vulnerable es la sociedad. Por su parte, la vulnerabilidad es el nivel de aceptabilidad que puede tener un grupo humano, una comunidad, un ecosistema, etc. “Nos hacemos vulnerables cuando, siendo frágiles, nos exponemos, por ejemplo, a fenómenos naturales”, señala.

    Es decir que pueden ocurrir terremotos gigantes, pero si no hay comunidades vulnerables, el factor riesgo desaparece. No obstante, con los años, y atendiendo particularmente a las demandas del mercado que según el ingeniero generan urbanización forzada, concentración y marginalización, el ser humano ha ido aumentando la vulnerabilidad de sus sociedades y, con ello, el riesgo.

    “El modelo de desarrollo en el que estamos inmersos tiene entre sus características dos centrales: de un lado, la urbanización forzada y, de otro, una gran cantidad de marginalización porque el sistema concentra la riqueza en pocas manos; estos y otros factores generan nuevas y grandes condiciones de vulnerabilidad que deben ser tenidas en cuenta en la gestión del riesgo”, destaca el profesor.

    Colombia, por ejemplo, presenta niveles de urbanización entre el 60 y 70%, situación que no dista mucho del acontecer global pues, de acuerdo con datos del Departamento de Asuntos Económicos de Naciones Unidas, en el mundo, entre el 55 y 60% de las personas vive en ciudades, “y las urbes seguirán creciendo”.

    Gestión del riesgo Vs. atención a desastres

    La gestión del riesgo es un conjunto de procesos que intenta reducir la probabilidad de ocurrencia de desastres, es decir, de situaciones que comprometan vidas, así como la estabilidad de bienes públicos y privados. “Cualquier modelo de gestión del riesgo debe encaminarse a la prevención, mitigación, preparación, alerta, atención, rehabilitación y restauración o recuperación”, señala el experto.

    En los últimos años los países latinoamericanos han avanzado en cuanto a los procesos de gestión del riesgo, las experiencias de México y Chile son particularmente positivas en este sentido. Aun así, el profesor Caballero Acosta plantea que necesidad de caminar más hacia la prevención que hacia la atención de desastres.

    Ahora bien, hablar de prevención en sociedades con alto nivel de vulnerabilidad es complejo en tanto “la solución para los problemas es minimizar la exposición”.

    En otras palabras, es fundamental que el ordenamiento del territorio se planee teniendo en cuenta los fenómenos de origen natural y los de origen antrópico que pueden incidir en los naturales. “Eso puede permitir una sociedad menos vulnerable en el largo plazo; pero esto es muy difícil si tenemos en cuenta que en la sociedad dominan las leyes del mercado que piensan en el lucro inmediato, lo cual nos lleva, por ejemplo, a ocupar espacios mucho más peligrosos”, precisa el académico.

    Finalmente, el profesor apunta que es preciso atender la relación tradicionalmente conflictual entre el ser humano y la naturaleza en busca de un diálogo más amigable que beneficie a ambos. “Siempre hemos modificado el entorno para nuestro bien particular, eso resultó mientras las comunidades eran pequeñas y organizadas; en la medida en que crecimos y seguimos forzando la naturaleza para que se adapte a nuestras necesidades cada vez más demandantes, empieza el conflicto porque la afectamos y ella también nos afecta”, explica.

    Si bien la gestión del riesgo es un tema que se resuelve desde lo local, la prevención, quizá el factor esencial, debe hacerse desde perspectivas más amplias que implican necesariamente políticas de cooperación internacional y generación de conocimiento compartido entre países a partir de experiencias de éxito y de fracaso. Estas reflexiones fueron presentadas por el ingeniero geólogo José Humberto Caballero Acosta durante la segunda sesión de la Cátedra Saberes con sabor.

    (FIN/CST)

    26 de febrero del 2019