Escudo de la República de Colombia
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Su oficina huele a esencia de Azul Arcoíris, su fragancia genera una sensación de frescura que lo mantiene tranquilo. Colgado del techo, un atrapasueños baila con suavidad; al lado del computador, el dibujo de un felino; sobre el escritorio, entre muchos otros elementos, un morrocoy de madera y una planta que resalta por el verde de sus hojas; bajo el estante de los libros un par de botas pantaneras; y en una de las paredes, réplicas de fotografías tomadas por el brasileño Sebastião Salgado.

  • Ariel Marcel Tarazona Morales es profesor de la Universidad Nacional de Colombia desde el 2008.

    Ariel Marcel Tarazona Morales es profesor de la Universidad Nacional de Colombia desde el 2008.

  • En su oficina tiene una selección de imágenes del fotógrafo brasilero Sebastião Salgado.

    En su oficina tiene una selección de imágenes del fotógrafo brasilero Sebastião Salgado.

  • Desde niño sintió una afinidad especial por la naturaleza. Foto cortesía.

    Desde niño sintió una afinidad especial por la naturaleza. Foto cortesía.

  • No se arrepiente de haber cambiado el laboratorio por el trabajo en campo. Foto cortesía.

    No se arrepiente de haber cambiado el laboratorio por el trabajo en campo. Foto cortesía.

  • Aunque hoy “está profesor” y es algo que ama, está abierto a dejarse sorprender por lo incierto que se ofrece el futuro.

    Aunque hoy “está profesor” y es algo que ama, está abierto a dejarse sorprender por lo incierto que se ofrece el futuro.

    Así es la oficina de Ariel Marcel Tarazona Morales, profesor del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la U.N. Sede Medellín desde hace 11 años, y uno de los pocos académicos que registra entre su ejercicio intelectual haber cambiado el laboratorio, los microscopios y el mundo en miniatura de las moléculas por el trabajo en campo con los productores y los animales.

    A su profesión, la Zootecnia, llegó por azar, aunque confiesa que desde muy pequeño tuvo una afinidad especial por lo natural, por el campo y los animales que, de algún modo, le daba pistas de lo que sería su vida. A propósito, cuenta que como a los 14 era el raro de la familia por su decisión de no comer carne.

    Ser vegetariano y estudiar una carrera que se enfoca en la producción animal fue difícil y contradictorio, muchas veces, sin embargo, supo mirar las dificultades desde un ángulo positivo.

    Yo pensaba que, por el contrario, con la visión distinta que tenía se debía poder hacer algo por los animales que se producen para sacrificio y consumo. Curioso que para esa época yo no sabía que existía el bienestar animal ni que esa era un área de conocimiento”, cuenta. Y ese pensamiento, sustentado al principio en lo ideal, se convirtió más adelante en su quehacer académico.

    Después de graduarse de Zootecnia en la Universidad de Cundinamarca y gracias a una convocatoria de jóvenes investigadores de Colciencias, hace 16 años, se vinculó al Grupo de Investigación Biogénesis de la Universidad de Antioquia en el área de biotecnología, específicamente animal y en la línea de embriología. “Ahí se dio la oportunidad de hacer la maestría en Ciencias Básicas Biomédicas también en la U de A”, con la cual ganó el Premio a la Investigación Docente por su trabajo en estrés oxidativo en embriones.

    Pero entonces, vino un giro inesperado. Después de graduarse se fue trabajar a un laboratorio privado en Caucasia, donde experimentó la interacción con el campo, con la gente y con los animales; “esa fue como una preparación para lo que vino después”, sostiene. Su paso por la subregión del Bajo Cauca antioqueño, además, acabó con sus años de vegetarianismo, pero esa es otra historia. “Estando allá salió una convocatoria para docentes en la Sede Medellín de la U.N. y me presenté, eso fue en 2008”.

    De nuevo a la academia la vida del laboratorio se abría como la mayor posibilidad, sin embargo, a los pocos meses de haberse vinculado a la Universidad, el Consejo Nacional de Medicina Veterinaria envió una carta a todas las facultades con carreras afines a los animales para exhortarlas a incluir el tema de la bioética y el bienestar animal en sus currículos.

    En muchas universidades esa carta quedó bajo del montículo de papeles, pero a mí me sonó, entonces comencé a investigar y con otros profes concluimos que era un tema importante e hicimos la gestión para incluirlo en el currículo”, recuerda. A pesar de la voluntad, estaba la cuestión de quién iba a enseñar algo sobre lo que no había mucho conocimiento. “En ese momento dije: ‘yo no he hecho mi doctorado, podría formarme en ese tema’; de ahí el cambio tan drástico de enfrentarme a una línea nueva de conocimiento y desde perspectivas distintas”.

    Hizo un doctorado en Ciencias Animales en la Universidad de Antioquia, con una estancia en Brasil. Y así, muy sin darse cuenta, Ariel Marcel Tarazona se convirtió en uno de los expertos del país en el tema de bienestar global “que significa bienestar para el ser humano, los animales y el medio ambiente; en la idea de la sostenibilidad, de los sistemas de producción responsables, y de la parte ética de esas relaciones giran mis mayores intereses”.

    En esa misma línea resalta que, gracias al trabajo con sus colegas, la U.N. Sede Medellín fue la primera en tener una asignatura de Bioética y Bienestar Animal en el país de forma no optativa sino como parte de la formación obligatoria. “Desde entonces hemos sido pioneros en educación e investigación en bienestar animal”.

    Por su trabajo, por su trayectoria, por su discurso y pese a que ya no es veterinario, la Academia Colombiana de Ciencias Veterinarias le entregó la investidura de académico asociado, logro que para él “implica un reconocimiento a la labor que se ha venido haciendo en torno al tema de la conciencia y la responsabilidad de los profesionales con el medio ambiente, el bienestar animal y las consecuencias presentes y futuras del funcionamiento de los sistemas de producción agropecuarios”.

    Además de su ejercicio intelectual, resalta que el ambiente universitario le ha permitido formarse como ser humano: “la academia es parte de mi vida, acá cada día es un aprendizaje distinto, conozco gente, y lo más importante no solo enseño, sino que aprendo; estos más de 10 en la U.N. han sido extremadamente enriquecedores”, destaca.

    Le gusta caminar la Universidad y redescubrirla siempre diferente, hace yoga, es un apasionado por aprender, de hecho, se sabe un “eterno aprendiz” y muchas veces se siente como los niños: curiosos y capaces de sorprenderse con lo más simple. Es, sobre todo, un ser humano afín a la naturaleza en su máxima expresión. “Me encanta el agua: mar, ríos, lagunas, cascadas, y así mismo puedo disfrutar las montañas, la playa y cada paisaje”, subraya.

    Consciente de la complejidad que lo habita como ser humano, se enfoca también en proyectos que nada tienen que ver con lo académico, pero que aportan al crecimiento del tejido humano desde las buenas relaciones, y se da a buscar en la espiritualidad las respuestas que la ciencia no puede darle.

    Tal vez en unos años, dice, me encuentren en un Áshram en la India dedicado al yoga”, mientras tanto, un discurso consciente y meditado por años le permite aseverar “yo soy Ariel y estoy profesor”, como una manera de reconocer lo que lo habita con sus diferentes facetas, sin quitarle espacio al cambio, al movimiento y a la evolución, características que también lo definen.

    (FIN/CST)

    15 de febrero del 2019