
Foto: Amalia Zuleta Hincapie.
Cuando Daniel Zuleta ingresó a estudiar ingeniería forestal en la UNAL Medellín esperaba conseguir trabajo en una plantación de eucalipto en su municipio de origen, Riosucio, Caldas. No esperaba tomar el camino de la ecología, ser docente en una universidad en Suecia, coordinar un Grupo de Trabajo Internacional sobre Mortalidad en Bosques Tropicales y recibir el premio Ecologista Emergente 2026.
“Yo nunca me imaginaba que, siendo de un pueblo, esto iba a pasar. No sé, cómo que todo ha sido muy orgánico. Yo nunca pensé que las cosas iban a pasar así”, dice con cierta nostalgia mientras le atribuye un tanto al azar los logros obtenidos hasta ahora en su recorrido como investigador y que se materializan en el premio de la Ecological Society of America (ESA).
La ESA es una de las organizaciones científicas más prestigiosas del mundo en ciencias ambientales y otorga el premio Ecologista Emergente de una Nación en Desarrollo para reconocer el trabajo excepcional de científicos. En la edición de este año ese reconocimiento fue otorgado a Zuleta por sus sobresalientes contribuciones a la ecología de bosques tropicales, la dinámica forestal y los ciclos globales de carbono.
La UNAL Medellín como punto de partida
“Realmente la educación en la Universidad Nacional es muy, muy buena. Tiene uno que salir para sentirse orgulloso de la educación en el país y las oportunidades. O sea, lo que hacen estos profesores con las uñas, prácticamente, porque de verdad les toca muy duro para conseguir cualquier recurso para mandar a un estudiante para la Amazonía, es algo que es súper menospreciado”, explica el ahora profesor de la Universidad de Gotemburgo.

Daniel Zuleta, en un árbol muerto en el parque nacional Yasuní, en Ecuador. Foto: Salomé Ríos.
Después del pregrado, Daniel Felipe Zuleta Zapata cursó un magíster y un doctorado en Ecología, también en la UNAL Medellín. No es común que se cursen dos posgrados en la misma universidad y mucho menos que la tesis de pregrado, maestría y doctorado sean asesoradas por el mismo profesor, pero en el caso de Zuleta, así fue.
El asesor de sus tres tesis fue Álvaro Duque, profesor del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias, experto en los bosques de la Amazonía y quién se ha vuelto un referente en la Universidad y en el mundo, entre otras, porque forma parte de el Observatorio Global de Bosques (ForestGEO), de la junta directiva del proyecto GEO TREES y es cofundador de la Red de Bosques Andinos.
El profesor Duque es además una figura clave en el estudio de la Parcela Permanente Amacayacu, un laboratorio natural de 25 hectáreas ubicado en el Parque Nacional Natural del mismo nombre, en el trapecio amazónico colombiano, considerado como uno de los lugares con mayor biodiversidad arbórea en el mundo y al que vincula, cada que puede, a algún estudiante destacado de la Sede Medellín. Zuleta fue, en 2011, uno de los afortunados.
“El proyecto Amacayacu fue lo que me cambió la vida definitivamente: personal y académicamente”, asegura Daniel. Los primeros tres meses estuvo solo en el proyecto. Y se encargaba de todo, eso fue un reto grande, pero del mismo tamaño de su aprendizaje.
“Crecí mucho porque vencí muchos miedos, muchas inseguridades… Yo creo que eso fue lo que me apasionó más por estudiar la ecología de bosques naturales tropicales”, cuenta.
Pasar por Amacayacu no es un asunto de un solo momento en la vida, después de seis meses caminando sus bosques, visitando sus árboles y analizando sus datos, Daniel ha vuelto una y otra vez, y la selva amazónica ha ocupado una parte importante de sus investigaciones.
Pararse sobre hombros de gigantes
La lista de mentores que han cambiado su vida aumenta con los años, en la Sede Medellín fueron tres: Álvaro Duque, Ignacio del Valle y Ligia Estella Urrego, todos docentes de la Facultad de Ciencias Agrarias. Se suma, en Amacayacu, Juan Sebastián Barreto que para ese entonces trabajaba con el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI).
Luego en 2013, con el desarrollo de su maestría participó en un proyecto con epifitas, que son las plantas que viven sobre árboles (musgos, líquenes, orquídeas, helechos, bromelias…), allí, bajo la supervisión de Ana María Benavides, quien actualmente trabaja para el Jardín Botánico de Medellín, Zuleta tuvo una revelación:

Zuleta en Barro Colorado Island, Panamá. Foto: Helene Muller-Landau.
“¡Serendipia! Ese trabajo me influenció a pensar en algo importante, seguíamos las epífitas, pero luego al año volvíamos y lo que encontramos no es que las epífitas se hubieran muerto por que sí: al menos la mitad, más o menos, morían porque las ramas se secaban y se caían. Eso fue algo que me empezó a tramar mucho en términos del daño en los árboles que nosotros no cuantificamos normalmente”, cuenta sobre esa época.
Después vino el doctorado y con él, el regreso a Amacayacu. A Daniel se le abrieron las puertas al Observatorio Global de Bosques (ForestGEO) y la Red de Parcelas Globales de la cual Amacayacu, y el profesor Álvaro Duque, hacen parte.
Eso le permitió empezar a asistir, en 2016, a una serie de talleres anuales que ForestGEO hace en análisis de datos. El primero al que Zuleta pudo ir fue en China: por dos semanas pudo sentarse con Joseph Wright, del Smithsonian Tropical Research Institute, y Stephen P. Hubbell, conocido por su trabajo sobre selvas tropicales, ecología teórica y biodiversidad.
“Gente que ha cambiado la ecología tropical y que nunca creía poder conocer. Que ellos se sentarán contigo a explicarte y enseñarte cada paso de cómo meter en el código el análisis de datos, a mí realmente eso fue lo que más me cambió la perspectiva, yo nunca creí que iba a tratar de hacer ciencia así”, cuenta con asombro.
El trabajo de investigación que realizó en ese momento ha sido citado en múltiples ocasiones y se convirtió en un referente de cómo la sequía actúa en los bosques tropicales y, de manera diferencial, según la topografía.
En 2017, en el workshop de Puerto Rico, trabajó en otro artículo sobre cómo la topografía afecta la distribución de especies de árboles, que sigue siendo citado. “Es un trabajo que todavía revisó a veces y me gusta mucho, y digo, bueno, está muy bien hecho, y se siente uno orgulloso, pero obviamente porque está parado sobre hombros de gigantes, toda esa asesoría de esta gente que conoce tanto”, resume Zuleta.

El nuevo Ecologista Emergente 2026, en un árbol muerto en República Checa. Foto: Jessie Needham.
En el ForestGEO, Daniel se convirtió en un investigador rankeado y antes de terminar el doctorado ya tenía una oferta para el postdoctorado. “Era algo como muy increíble, porque ni siquiera terminaba una cosa y me tocaba la otra, pero era a raíz de esa misma inercia que llevaba a todas esas oportunidades de haberme parado en los hombros de gigantes y que ellos me hubieran apoyado tanto”, vuelve a destacar Zuleta.
En 2019, Daniel aplicó a un postdoctorado en el cuartel general de las oficinas de ForestGEO, en Washington y allí, como si el recorrido de la investigación académica, como el de la vida, fuera cíclico, empezó a evaluar la mortalidad de árboles y daño en el trópico, volviendo al punto de las epífitas.
Después siguió el trabajó con otras siete parcelas como Amacayacu, a través de América Tropical y de Asia, midiendo la mortalidad y el daño. Otro “boom” de publicaciones que han resultado muy bien y que parten de la pregunta: ¿qué es lo que está matando los árboles en el trópico?
Un gigante ecologista emergente
Como si ser un buen investigador, científico y ecologista estuvieran ligados al síndrome del impostor, cada que puede, Daniel le atribuye sus logros a la suerte: “Creo que he tenido muchas suerte por ese lado, porque han pegado bien las cosas, los resultados han tenido sentido y la gente termina citándolos y eso es al final resulta en ese impacto”.
Por asuntos del azar o de la disciplina, en 2022, Daniel Zuleta empezó a liderar el Grupo de Trabajo sobre Mortalidad en Bosques Tropicales, el Programa Anual de Mortalidad y Daños de ForestGEO. Es investigador principal del proyecto Amacayacu Forest Dynamics Plot y del programa de monitoreo forestal en Araca, en la Mata Atlántica brasileña.
También es uno de los investigadores principales del área de investigación estratégica Biodiversidad y servicios ecosistémicos en un clima cambiante (BECC). Los workshop no han parado, en las próximas semanas va para Tailandia, dos semanas dedicadas a la investigación, pero esta vez como tutor a “tratar de devolver lo que uno aprendió”.
Porque aunque sea difícil para Daniel Felipe Zuleta Zapata reconocerlo, el premio Ecologista Emergente que recibirá a finales de Julio en EE.UU, es la consolidación de una premisa simple: Ya no está parado sobre hombros de gigantes, sino que es uno de ellos. Uno formado en la UNAL Medellín.
09 de junio de 2026
