Los sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente eran denominados como "magos". Algunos de ellos: Gaspar, Melchor y Baltasar, a quienes se les conoce como Reyes Magos, son figuras de una tradición católica asociada al nacimiento de Jesús. A inicios de enero, después de la temporada navideña, se integran a los pesebres los Reyes Magos, que aparecen sosteniendo tres ofrendas emblemáticas: oro, incienso y mirra. Melchor quiso exaltar a Jesús con el oro, relacionado con la realeza y la pureza; Gaspar, con el incienso, la divinidad y la espiritualidad; y Baltasar, con la mirra, la humanidad y sufrimiento.
A través de los años, tanto el metal como las resinas aromáticas, han tenido amplias aplicaciones que van desde la medicina hasta la tecnología. Y si bien han representado avances, también han generado impactos e impuesto retos para la sostenibilidad ambiental. Detrás del simbolismo religioso, es posible percibir los obsequios desde la perspectiva de la ciencia. Los profesores Óscar Jaime Restrepo Baena, del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas, y Tatiana Lobo Echeverri, del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la UNAL Medellín, explican qué hace tan especiales al metal y a las resinas aromáticas.
Las particularidades del oro
Pocos elementos de la tabla periódica despiertan tanto interés y fascinación como el oro. Ha simbolizado poder y se ha relacionado con la belleza y la vanidad. Sin embargo, su encanto no es solo cultural, sino profundamente científico. El oro es uno de los pocos metales que se encuentran en la naturaleza en estado prácticamente puro, sin combinarse con otros elementos. Además, su distribución electrónica lo hace altamente resistente a la corrosión, por lo cual no se oxida ni se degrada con el paso del tiempo.
Precisamente, esa estabilidad la explica un fenómeno que suele maravillar a los visitantes del Museo del Oro en Bogotá: las piezas elaboradas hace cientos o miles de años permanecen casi intactas, según Restrepo Baena, quien señala que son, en esencia, el mismo oro que trabajaron las manos indígenas que les dieron forma.
Otras propiedades del oro son la conducción de calor y de electricidad. También, la ductilidad, que es la capacidad de estirarse sin deformarse ni romperse, “lo que permite moldearlo en láminas o hilos miles de veces más finos que un cabello humano”, de acuerdo con el docente. Para él, “en una época dominada por la miniaturización tecnológica, esto resulta invaluable”.
El uso del oro ha evolucionado de las joyas a los chips. Su color, brillo y rareza convirtieron al oro en un símbolo de estatus en civilizaciones antiguas de todo el planeta. No obstante, el conocimiento científico ha ampliado su rol mucho más allá del lujo. Hoy es un metal estratégico para industrias como la electrónica, la informática y la medicina.
Así, ha pasado del subsuelo a los laboratorios. El profesor Restrepo Baena comenta que extraer oro de la naturaleza no es una tarea sencilla, pues involucra procesos científicos y técnicos que empiezan con la prospección: la búsqueda inicial en zonas prometedoras. Sigue la exploración, que mediante métodos geológicos permite identificar dónde y en qué cantidad se encuentra el mineral, y una vez establecida la existencia de una reserva, se inicia la extracción, que es la remoción de rocas que contienen oro.
Lo siguiente es el beneficio o procesamiento del mineral: la roca se transforma hasta obtener el metal puro. Cada fase de esta cadena requiere de conocimiento, tecnología y una comprensión profunda de la geología y la química.
El oro en Colombia: una historia de riqueza, informalidad y conflicto ambiental
Colombia ha sido históricamente un país rico en oro y sus suelos son diversos en metales que lo convierten en un territorio geológicamente privilegiado. En 2024 el país produjo sesenta toneladas de oro, según la Agencia Nacional de Minería, y facturó 4.103 millones de dólares, lo que posiciona al sector minero como contribuyente importante a la economía. Sin embargo, su verdadera complejidad no está en las cifras, sino en las condiciones de extracción.
El alto precio del oro ha atraído a personas a la minería, muchas veces de manera informal o ilegal. Esto genera situaciones de difícil control, como la de pequeños y medianos mineros que conviven con estructuras criminales que financian actividades ilícitas a través de la explotación del metal. En este escenario, llama la atención el docente Restrepo Baena, “los más vulnerables suelen ser los mineros artesanales, quienes trabajan en condiciones precarias y sin acceso a tecnologías limpias o seguras”.
Los impactos y las afectaciones son también ambientales. En regiones como el Bajo Cauca antioqueño, el sur de Córdoba y los departamentos de Cauca, Valle del Cauca y Nariño, la cercanía de los yacimientos a ríos y quebradas han propiciado prácticas extractivas que alteran lechos fluviales, remueven grandes cantidades de tierra y destruyen ecosistemas. A esto se suma la contaminación de suelos, ríos y peces por cuenta de la utilización de mercurio, elemento químico que se emplea para separar el oro de otros componentes, un método que no es necesario, pero que persiste en sectores informales. Su presencia prolongada en el ambiente representa un riesgo tanto para la salud humana como para la biodiversidad.
En ese sentido, se hace necesario avanzar hacia la sinergia entre la ciencia y la sostenibilidad. De acuerdo con el docente Restrepo Baena, el oro seguirá siendo un metal esencial para la vida diaria: está en nuestros teléfonos móviles, computadores, equipos médicos y sistemas de comunicación, pero su importancia económica y tecnológica debe ir acompañada de prácticas de extracción responsables y sostenibles.
El desafío, entonces, es lograr una minería que respete la naturaleza, que proteja a las comunidades y aproveche la ciencia para minimizar los impactos: “La pregunta es si lograremos que su brillo no opaque el equilibrio ambiental y social que necesitamos para el futuro”, dice.
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Los secretos químicos de la mirra y el incienso
La mirra “huele” a historia. Proviene de un pequeño arbusto llamado Commiphora myrrha, originario del noreste de África y de la península arábiga. Su aspecto modesto contrasta con el tesoro químico que produce: una resina aromática que exuda de su corteza. “Es transparente y diferente a los látex, que son lechosos”, describe la docente Lobo Echeverri. La mirra fresca es amarilla y translúcida, pero al secarse, sus compuestos reaccionan con el oxígeno y adquieren tonos rojizos. Su sabor es intensamente amargo, indicio de los compuestos bioactivos que contiene.
El aroma de la mirra, y su potencial medicinal, provienen principalmente de una gran familia de compuestos llamados terpenos, que son moléculas que se ensamblan en unidades de cinco carbonos, y cuyo tamaño determina su comportamiento.
“Los terpenos más pequeños, como los monoterpenos y sesquiterpenos, son muy volátiles. Son los que le dan el aroma característico y lo que conocemos como aceites esenciales”, explica la profesora. En las plantas, estos cumplen funciones primordiales como atraer polinizadores, repeler insectos o apaciguar el crecimiento de hongos. En la mirra estos compuestos no solo perfuman, sino que también poseen propiedades antiinflamatorias, antimicrobianas, astringentes y cicatrizantes.
Por eso, en las culturas antiguas, cuenta la docente, la mirra se consumía en bebidas para tratar problemas estomacales, se usaba en ungüentos y enjuagues bucales y se aplicaba sobre heridas. En Egipto llegó incluso a emplearse en procesos de embalsamamiento.
El incienso es el “hermano” aromático de la mirra
El incienso proviene de otra especie de la misma familia botánica Burseraceae, la Boswellia sacra, conocida comúnmente como olíbano, y crece, también, en regiones secas del norte de África y la península arábiga. A diferencia de la mirra, que se extrae como resina, como ya se mencionó, el incienso se obtiene de la madera seca de árboles que, con el tiempo, concentra aceites esenciales y, al quemarse, libera compuestos aromáticos similares a los de la mirra como el limoneno, el terpineol o el germacreno.
Su olor, asociado durante siglos a ceremonias religiosas, tiene un fundamento científico: “Cuando se volatilizan y los inhalamos, interactúan con nuestros receptores olfativos, lo que produce efectos de relajación o conexión espiritual”, explica Lobo. Esto es lo que se conoce como aromaterapia.
Otro “pariente” que no fue regalo de Reyes Magos, pero que es cercano y valioso
En América del Sur, especies nativas como el palo santo (Bursera graveolens) comparte este linaje con la mirra. Igual que este arbusto, pertenece a la familia Burseraceae y produce resinas similares. Su uso actual como incienso o en rituales se debe a que conservan los mismos aceites esenciales característicos de la familia.
La popularidad de estas especies ha generado alertas, en la medida en que algunas están amenazadas por la fragmentación de los bosques. Uno de los campus de la UNAL Medellín, El Volador, preserva ejemplares de árboles como el comúnmente conocido “indio desnudo” (Bursera simaruba), otra especie de la familia Burseraceae, que exuda resina.
Entre lo ancestral y la ciencia contemporánea
La investigación científica moderna continúa explorando el potencial de las resinas. El estudio de algunas moléculas de las especies de la familia Burseraceae ha demostrado actividad antiinflamatoria, antimicrobiana y propiedades quimiopreventivas, útiles en el estudio del cáncer, según la docente Lobo Echeverri.
Por esta época resulta curioso preguntarse ¿qué hace que una ofrenda ancestral y espiritual siga siendo relevante en la actualidad? Probablemente, esa combinación entre aroma, historia, química, medicina y aplicaciones que hoy son fundamentales.
(FIN/KGG)
9 de diciembre de 2025
