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Casi todos hicimos, en algún año escolar, una montaña de plastilina con un hueco en el centro que luego llenamos de bicarbonato y al verter vinagre teníamos: ¡un volcán! Y, aunque curioso, seguimos sin saber cómo funciona esta estructura geológica, mucho menos si es un volcán de lodo.

Los volcanes magmáticos (los que conocemos normalmente) se originan por el movimiento de roca fundida, conocida como magma, desde el interior de la Tierra hacia la superficie. Cuando hacen erupción expulsan lava, ceniza, rocas y gases. Muy calientes y por muchos kilómetros alrededor.

Los volcanes de lodo, por su parte, no tienen ninguna relación con el magma, sino que están hechos de la acumulación de materiales arcillosos, ricos en agua, que se acumulan en el subsuelo y empiezan a compactarse. Es entonces cuando las arcillas empiezan a ser presionadas por otros materiales y a buscar salida. Ahí ocurre el diapirismo, el equivalente a la erupción, mediante el cual esos materiales (lodo, agua y gases como el metano) ascienden a la superficie y pueden generar explosiones o incendios que pueden durar horas.

Ese diapirismo o erupción fue lo que ocurrió el pasado 25 de febrero en San Juan de Urabá, Antioquia. Los videos que circulan de ese día permiten ver una columna de fuego y humo que sale de una zona rural del municipio. Aunque no se reportaron víctimas, el fenómeno sí generó alerta y mucha sorpresa en la población.

Dato coctelero: en el país tenemos má100 volcanes de lodo distribuidos por el Caribe, desde Urabá hasta Cartagena. Sin embargo, los estudios científicos de estos fenómenos geológicos continúan siendo insuficientes.

¿Cómo funcionan estos volcanes?, ¿podemos predecir su peligro?, ¿cómo mitigar las consecuencias de sus erupciones? Conversamos con Albeiro Rendón Rivera, profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la UNAL Medellín, ingeniero geólogo, magíster en emergencias y desastres y doctor en Ciencias de la Tierra.

Desde el punto de vista geológico, ¿por qué ocurre lo del volcán de lodo en Urabá? ¿Es peligroso?

Es que el funcionamiento de un volcán de lodo no es como funciona un volcán como los que conocemos en el Ruiz y en el Galeras que es con magma debajo. No, aquí el volcán de lodo funciona compuesto de un material plástico que sometido a grandes presiones empieza a buscar salida a superficie y en el momento en que llega a [la] superficie, si de pronto viene cargado de gases como el metano, estos gases se incendian rápidamente al contacto con la atmósfera y se producen explosiones. Entonces vemos la columna de ese gas metano incendiado. Y el lodo se derrama en la superficie a temperaturas no muy considerables, pero ese aumento de temperatura del gas metano que se está quemando si está muy cerca a viviendas o a personas puede provocar afectaciones.

 

municipio sanjuandeuraba

Foto: Alcaldía de San Juan de Urabá.

 

Los habitantes han difundido vídeos de grietas en el suelo, ¿qué tipo de cambios quedan en el paisaje después de un evento así?

Si debajo hay un material empujando hacia arriba, pues es normal que el terreno en superficie se va inflando, hinchando, porque por debajo lo están empujando y como ese material de superficie está seco, entonces se generan grietas y por esas grietas sale el material caliente y plástico que es el que vienen empujando. Es normal que aparezcan grietas, no hay nada de extraño. Es un comportamiento mecánico de ese material que está en superficie, que está frío y que al ser empujado desde abajo, se deforma, se embomba y se agrieta y por ahí sale el material que viene caliente.

Las imágenes mostraron una columna de fuego y humo que alarmó a la población. ¿Se trata de un evento realmente peligroso o es más su impacto visual?

Si un volcán de esa magnitud explota en el patio de tu casa, ¿tú qué pensarías qué le pasa a tu casa?¿ y qué piensa y qué pensarías de tu familia que está ahí y que en un segundo va a tener 1200 grados centígrados. ¿Cierto? Esos eventos son peligrosos. Lo que pasa es que tienen un radio de influencia muy pequeño. No es como la erupción de un volcán convencional que tiene un radio de influencia de varios kilómetros a la redonda.

Este tipo de fenómenos son en términos geológicos considerados pequeños, de rango de influencia muy limitados, pero sí pueden matar gente y pueden afectar infraestructura. Imagínate un volcán de esos al lado de una escuelita (...) Esos fenómenos, a pesar de que geológicamente son considerados de poca magnitud, sí pueden generar daños importantes a personas e infraestructura.

¿Este tipo de episodios son previsbles? ¿Existe riesgo de nuevas explosiones en el corto plazo?

Sí, debe ser previsible porque la aparición de un volcán de lodo tiene que ver con que previamente hay movimiento al interior de la tierra del material que está subiendo. Y ese movimiento previo antes de la explosión, nosotros lo podemos monitorear con un sismógrafo. Es decir, los volcanes común y corriente, los que conocemos en el Ruiz, se monitorean con sismógrafos, se monitorean haciendo análisis de gases de formaciones en el terreno. Podemos utilizar metodologías similares a la de los volcanes convencionales porque es que ¿quién es el que nos da la señal de que viene algo en camino procedente del interior de la tierra?, pues un sismógrafo que detecta el movimiento del material que está subiendo.

También, como aparecen grietas, podemos instalar sensores de gases y darnos cuenta de qué tipo están empezando a aparecer y, como el terreno también se va deformando hacia arriba, podemos tener unos instrumentos que miden la deformación. Sí hay una manera de monitorear estas variables y poder decir: “Mire, está próximo a ocurrir una erupción de volcán de lodo”. Se hace la cadena de llamadas, alertas tempranas y la gente podrá retirarse del sitio. Cuando tengamos bien estudiado cada volcán tendría una zona de amenaza alta, media y baja.

 

Profesor Albeiro Rendón

Foto: profesor Albeiro Rendón

En Colombia existen más de 100 volcanes de lodo. ¿Tenemos suficiente conocimiento científico y monitoreo sobre ellos?

No. Se conoce un estudio que hizo Corpourabá. Te recuerdo que la entidad encargada de las amenazas geológicas en Colombia es el Servicio Geológico Colombiano, pero las corporaciones autónomas regionales como Corpourabá también tienen una misión en el tema de prevención. Entonces, por allá en los años 90, Corpourabá, en jurisdicción de Antioquia hizo un estudio, un inventario y se preguntaron, “¿Dónde están los volcanes de lodo aquí en nuestra región?” Hay un estudio de los años 90 que tiene mapeados los sitios donde hubo emanaciones de lodo y que se consideran volcanes. Tenemos ese estudio, pero realmente, no tenemos el conocimiento suficiente, porque ¿cuál es la clave para nosotros conocer detalladamente estos volcanes? Que se puedan emitir alertas tempranas para que no nos pase lo que nos pasó en estos días con un volcán que sale de la nada y a la gente no le queda otro camino que correr.

¿Y hay alguno que se deba monitorear con prioridad?

El volcán de Lodo de Arboletes es el elemento turístico más importante de la región. En estos momentos se está construyendo un ecoparque en torno al volcán. Se ha invertido mucho recurso en ese proyecto, ¿por qué? Porque el volcán está amenazado por la erosión marina, está a orillas del mar y a 1.5 km de distancia del pueblo. Entonces una de las prioridades para empezar a montar una metodología de cómo poder conocer un volcán de lodo y que esa información sirva para alertar sería ese volcán de Arboletes. Deberían asociarse con las universidades que tengan disciplinas como las ciencias y busquemos apoyo del Servicio Geológico Colombiano y hagamos un proyecto.

Primero hay que montar una metodología, es decir, cómo estudiar el comportamiento de un volcán de lodo y qué tipo de instrumentos se necesitan? (...) Hay que empezar a conocerlo con el fin de establecer alertas tempranas que permitan salvar vidas y minimizar las pérdidas materiales de esos eventos.

Foto volcán UNGRD

Foto: UNGRD

 

La alcaldía dijo que el volván era considerado inactivo. ¿Cómo se determina que un volcán de lodo puede reactivarse?

Bueno, no sé con qué información la alcaldesa decía que el volcán que hizo explosiones en estos días era considerado inactivo. Cuando se realizan esos estudios detallados de cada uno de los volcanes, uno puede también catalogar los volcanes entre activos, latentes o apagados. Un volcán latente es aquel que sabemos que puede hacer erupción, pero no está muy próximo a la erupción, como “dormido”. Hay unos que manifiestan que están vivos, que hay movimiento de material interior, porque como te digo, los instrumentos, los gases que podemos monitorear lo revelan. Y hay otros volcanes que definitivamente no tienen signos de nada. Entonces, cuando se hagan los estudios detallados de los volcanes de lodo, podremos decirles que estos son activos, estos están latentes o definitivamente no tienen síntomas de nada. A partir de esa clasificación podemos seguir priorizando a cuáles se le instalan instrumentos para alertas tempranas porque esta instrumentación es muy costosa.

La verdad es que ese fenómeno en Urabá lo conocemos a medias, es decir, tenemos un inventario de la mayoría de estos volcanes, pero no es que conozcamos detalladamente lo más importante. Y para Arboletes, mejor dicho, esa tarea es para allá, pero en ese proyecto no se tiene todavía montado un sistema de alertas tempranas para poner en funcionamiento un proyecto ecoturístico que va a albergar cientos y de pronto miles de personas un fin de semana.

 

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Foto: Alcaldía de San Juan de Urabá

¿Qué lecciones cree que deja este evento para la planificación territorial y la gestión del riesgo en municipios como San Juan de Urabá?

Primero que esos sitios ya reportados como volcanes de lodo deben ser incorporados en los mapas de amenaza geológica de los respectivos municipios. La tarea siguiente es empezarlos a conocer y a estudiar. Esos municipios escasamente tienen para pagar la nómina de sus funcionarios y no tienen plata para pagar estudios tan sofisticados como esos. Eso lo puede hacer una universidad o lo puede hacer el Servicio Geológico Colombiano.

¿Qué es lo que hay que hacer? Una alianza con las universidades y buscar plata de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, de las corporaciones autónomas que tienen un rubro para el tema gestión del riesgo, plata de las empresas que se pueden vincular a la causa. Hay un nuevo puerto en Urabá y es una región muy próspera que le debe interesar tener controlado este tipo de fenómenos.

La lección es que no nos podemos relajar con los volcanes de lodo diciendo que, “no, es que son fenómenos muy localizados, muy pequeños”, porque la verdad es que hay volcanes muy cercanos a escuelas, a viviendas. Hay fenómenos geológicos que se han presentado en tiempos muy anteriores, donde no hay testimonio de qué ocurrió. Y nosotros no podemos decir que porque no ha ocurrido en el volcán de lodo, no va a pasar. Lo más sano es que empecemos a estudiarlo y a conocerlo en su comportamiento, porque si vamos a llevar ese parque a ese sitio [el de Arboletes] tenemos que garantizar a la gente que lo haga con tranquilidad y seguridad.

¿Usted cree que existe una brecha entre el conocimiento científico alrededor de los volcanes de lodo y la forma en que las comunidades que habitan en esos espacios comprenden estos fenómenos?

Usted es muy optimista con el término brecha. Existe un abismo. Un abismo entre el conocimiento científico en torno a estos fenómenos y la apropiación social del conocimiento. En Colombia, pero en general en el mundo, hay muy poca apropiación social del conocimiento de las geociencias. Es que la gestión del riesgo es tan complicada en el tema de percepción social y de apropiación social del conocimiento. La verdad, siendo sinceros, los geólogos de todo el mundo estamos perdiendo la pelea.

No hemos hecho bien la tarea de tener unas comunidades adecuadamente apropiadas con el conocimiento geocientífico y, sobre todo, este que tiene que ver con la seguridad de la gente, con sus intereses económicos. Es una tarea que desde las universidades hemos empezado a hacerla, pero está muy en pañales. La verdad, por un lado van los científicos y por otro lado van los conocimientos empíricos de la gente en torno a los fenómenos. Y agravado en este tiempo que con las redes sociales cualquier influencer que no conoce el tema empieza a mandar información que no va con la realidad científica. La universidad nos está formando muy bien como científicos, pero muy pobre en nuestra difusión de lo que hacemos.

 

3 de marzo de 2026