Boletín Bitacoral UNAL

Así fue la celebración de los 30 años de la Cátedra del Agua

Tres décadas de conversación interinstitucional desembocaron en una celebración con homenajes, memoria y el deseo colectivo de que la Cátedra del Agua de Antioquia continúe su curso.

Celebración de los 30 años de la Cátedra del Agua
Foto: cortesía CTA

Hay ideas que nacen como un hilo de agua y, con paciencia, terminan siendo cauce. Una de ellas es la Cátedra del Agua, programa creado en 1996 en Antioquia, que celebró sus 30 años el pasado 30 de septiembre con un encuentro en el Aula Magna de la Universidad Pontificia Bolivariana. Allí se reunieron quienes la vieron brotar en sus inicios y quienes hoy la hacen crecer.

La Cátedra reúne a la academia, las instituciones y los actores clave de la región para gestionar de forma integral el recurso hídrico. Su propósito es generar, apropiar y divulgar conocimiento para la sostenibilidad del agua y los territorios. La coordina el Centro de Ciencia y Tecnología de Antioquia (CTA).

El acto de conmemoración estuvo dividido en cinco momentos que permitieron entenderla, recordarla, pensarla colectivamente y proyectarla hacia lo que viene.

Momento 1: 2027, el año del agua en la UNAL

En medio del evento, la vicerrectora de la UNAL Medellín, Johanna Vásquez Velásquez, anunció que 2027, cuando la Universidad Nacional de Colombia cumpla 160 años, será declarado el año del agua en sus nueve sedes. Para la vicerrectora, esa decisión es una oportunidad para reconocer lo hecho y preguntarse “¿qué más vamos a ofrecer a Colombia ante uno de los grandes desafíos del presente?”

La vicerrectora recordó que la Cátedra nació hace tres décadas por iniciativa de profesores de la Facultad de Minas, inspirada en la idea de la universidad como lugar para encontrarse, conversar y construir conocimiento colectivo. “Hablar del agua es hablar de la vida, pero también del territorio, de la equidad, de la sostenibilidad, de la ciencia y de nuestra responsabilidad con las generaciones futuras”.

También señaló que los desafíos de hoy son más caudalosos: cambio climático, presión sobre las cuencas, crecimiento de las ciudades, contaminación y desigualdad en el acceso al agua. Es allí donde la cátedra sigue vigente, en la necesidad de: “convertir el conocimiento en soluciones”.

Momento 2: Del primer manantial al cauce de hoy

Santiago Echavarría, director ejecutivo del CTA, contó que cuando Carlos Fernando Cadavid le entregó el testigo de la coordinación, le dejó escrita en un papel la esencia de la Cátedra: “El convenio interinstitucional cátedra del agua del año 1996 es un mecanismo de articulación promovido por el CTA y muchas otras entidades con el objetivo de convocar a los profesionales y a las instituciones más capacitadas de Antioquia para interactuar en la construcción de pensamiento estratégico sobre política, investigación y desarrollo tecnológico del recurso hídrico. Creando condiciones propicias para que los grupos que trabajan en el área del agua y el medioambiente interactúen de manera creativa, cooperativa, colectiva y aporten sus conocimientos en pro de la región”, un convenio complejo, pero bonito del que Echavarría destaca dos cosas: que esta era una manera creativa, cooperativa y colectiva de trabajar el tema y que hace 30 años fueron muy visionarios quienes apoyaron esta idea.

Jaime Ignacio Vélez Upegui, uno de los creadores, recordó los primeros pasos, cuando el grupo fue sumando instituciones y personas. Según explicó, la Cátedra se pensó como un canal para que el conocimiento fluyera, y para que las necesidades de la sociedad regresaran a las universidades. También como una forma de articular proyectos conjuntos, que aunque “da brega”, deja muchos aprendizajes.

Momento 3: Un oasis, un salvavidas

El tercer momento fue un conversatorio moderado por Catalina Herrera Barrientos, quien dio una indicación a los cuatro panelistas: “traigan anécdotas”. Por eso, el conversatorio con Claudia Campuzano, María del Pilar Arroyave, Álvaro Wills y Juan Fernando Barros, dejó imágenes propias del agua.

Álvaro Wills recordó que la Cátedra “irrigó los cuerpos de estudio de distintas universidades de la ciudad”. Para Juan Fernando Barros fue un “oasis, un salvavidas”, y para María del Pilar Arroyave, “un espacio para compartir con otros el cuidado del agua, de la naturaleza y de las comunidades”. Claudia Campuzano dijo sentirse “emocionada y orgullosa de que la cátedra siga viva”.

Al mirar hacia adelante, María del Pilar Arroyave soñó con una Cátedra convertida en “tanque de pensamiento”, al que se pueda acudir ante un problema para obtener un juicio objetivo y confiable. Wills pidió que “se mantenga y prospere por mucho tiempo más”.

Cuando se les pidió comparar la Cátedra con un cuerpo de agua o de vida, las respuestas fueron bellas. Wills la imaginó como el río La Miel, sin olvidar el Cauca, el Atrato y “el más pobrecito de todos”, el río Aburrá-Medellín. Barros eligió la quebrada Santa Elena y repitió el Medellín. María del Pilar escogió un cámbulo (Erythrina poeppigiana), porque florece en la ciudad, y Campuzano la resumió en una palabra: conocimiento.

Momento 4: Reconocimiento a quienes sostienen —y han sostenido— el caudal

El CTA y las instituciones aliadas a la cátedra entregaron reconocimientos a 16 personas por su compromiso, conocimiento y capacidad de conectar esfuerzos: Claudia Patricia Campuzano Ochoa, Luis Javier Montoya Jaramillo, Álvaro Wills Toro, Juan Fernando Barros Martínez, María del Pilar Arroyave Maya, Joselino Jurado Montaño, Carlos Augusto Benjumea Hoyos, María Isabel Marín Cerón, Juan Camilo Múnera Estrada, Carlos Fernando Cadavid, Germán Poveda Jaramillo, Jaime Ignacio Vélez, María del Pilar Restrepo Mesa, Luis Javier Parra, Teresita Betancourt y Carlos Daniel Ruiz Carrascal.

Momento 5: Cuando el agua sube de nivel, panel sobre cambio climático

La jornada cerró con un panel de cinco especialistas sobre adaptación al cambio climático en el Valle de Aburrá y en Colombia, moderado por Juan Camilo Villegas.

Carlos Daniel Ruiz explicó que el cambio climático aumenta la frecuencia y severidad de los eventos extremos, y que las fases cálida y fría del ENSO (El Niño y La Niña) anticipan lo que traerá el largo plazo. Advirtió que El Niño 2026-2027 se fortalece, con un 75 % de probabilidad de ser el más intenso desde que hay registros, en la década de 1950. Sus mayores impactos llegarían al país entre diciembre y febrero, y entre marzo y mayo. A esto se suman el racionamiento en algunos barrios de Medellín y el crecimiento poblacional. Su propuesta es construir hoy la capacidad adaptativa, sobre todo en gestión del riesgo.

Los panelistas coincidieron en que el principal reto es continuar juntos, dejando de lado los egos institucionales, y en que la Cátedra ha sido un espacio neutral donde se sientan universidades, industria, gobierno, entidades ambientales y comunidades.

Vanessa García presentó el enfoque del ITM, basado en el diálogo de saberes y la co-creación con las comunidades, en lugar de la transferencia lineal de conocimiento. Luis Javier Montoya destacó la gestión integrada del agua, posible hoy gracias a la tecnología y los sensores, y la necesidad de que las comunidades se apropien del conocimiento y de repensar el abastecimiento en la ruralidad. Y Carolina Rodríguez recordó que el agua no respeta límites administrativos y que la gobernanza debe ir más allá de la cuenca.

Para el futuro cercano se planteó construir agendas compartidas, ofrecer información útil y oportuna a quienes toman decisiones, y aprovechar la actualización del POT (Plan de Ordenamiento Territorial), el plan de acción climática de Medellín y los POMCA (Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas) para llevar los modelos al territorio.

Villegas cerró con el lema del IPCC: “pasar de la era de la alerta a la era de la acción”. Resaltó que la Cátedra se anticipó al integrar conocimiento científico, local y tradicional, y pidió retomar la democratización de la información, integrar la naturaleza en el modelo de ocupación del territorio y aprovechar el aniversario para fortalecer la Cátedra.

Este no era un evento para despedirla, sino para festejarla porque, treinta años después, la Cátedra sigue haciendo lo que el agua: fluir por distintos territorios, adaptarse y abrirse paso. Como dijo la vicerrectora de la UNAL Medellín, estos primeros 30 años son un punto de partida para nuevas conversaciones, nuevas alianzas y otras formas de poner el conocimiento al servicio de la sociedad.