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“Ningún proyecto es más importante que el otro. Cada proyecto que tenemos es el más importante”, con esa filosofía de vida el ingeniero mecánico José Tobar Arango forjó su compañía, educó a sus hijos y formó a sus estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad Nacional de Colombia en Medellín. Entre tantas, esa y el amor por la academia son las mayores enseñanzas que Luis Alberto, su hijo mayor, recuerda de su padre ahora que ya no está.

  • El profesor José Tobar recorría diariamente los campus de la UNAL Medellín.

    El profesor José Tobar recorría diariamente los campus de la UNAL Medellín.

  • El legado del profesor Tobar permanecerá en la memoria de la comunidad UNAL. Foto: cortesía Luis Alberto Tobar.

    El legado del profesor Tobar permanecerá en la memoria de la comunidad UNAL. Foto: cortesía Luis Alberto Tobar.

    José Tobar nació el 5 de febrero de 1933 y desde que era estudiante del colegio de la Universidad Pontificia Bolivariana manifestó su deseo de ser Ingeniero Mecánico, sin embargo, para finales de 1940 en Medellín ese pregrado todavía era un sueño. Su padre le ayudó a cumplirlo y lo mandó a Estados Unidos: estudió en la Universidad Tecnológica de Michigan.

    “En 1955, cuando regresó de hacer su carrera, uno de los directivos de la UPB, un monseñor a quien mi padre se refería como Moncho, le dijo: ‘ayúdame a montar ese programa de Ingeniería Mecánica acá’, y así fue. Basado en el pensum que él estudió se montó la carrera en la universidad inmediatamente después de que mi padre volvió al país”, refiere Luis Alberto Tobar.

    Y es que, según cuenta su hijo, aunque a nivel de estudios universitarios solo hizo el pregrado, José Tobar era un apasionado por aprender y por compartir esos aprendizajes. Su tema de especialización fue el montaje de aires acondicionados; a formarse en ello dedicó su vida. De hecho, escribió el libro Aire acondicionado para arquitectos, una explicación didáctica y práctica sobre la disciplina de su dominio.

    “En 1972 fundó José Tobar Arango y Compañía Ltda. dedicada a hacer consultoría en diseño de sistemas de aire acondicionado, ventilación y refrigeración. Mi padre participó en más de 3.500 proyectos y todo ese conocimiento que le dieron las lecturas y la experiencia era el que llevaba a las aulas de clase”, cuenta Luis Alberto.

    Los sistemas de aire acondicionado de edificios como los del Centro Administrativo La Alpujarra, el del Café, el de las Empresas Públicas de Medellín, Bancolombia, el Hospital San Vicente, el Hospital Pablo Tobón Uribe, la Clínica Las Vegas, Las Américas, el Hospital General de Medellín, la ciudadela universitaria de la Universidad de Antioquia, y algunos en la Universidad Eafit, Nacional y de Medellín, entre muchos otros, fueron diseñados por él.

    Aprovecho la experiencia que le dio el ejercicio de su profesión, pero el ingeniero Tobar también un autodidacta consumado: “estuvo afiliado a todas las revistas técnicas relacionadas con su tema de estudio, era el primero en leer artículos y vivía a la vanguardia, fue miembro de la Asociación Americana de Ingenieros de Aire Acondicionado y el dominio que tenía de ese tema era impresionante. Eso no solo lo plasmó en el diseño de edificios emblemáticos, sino que era justo ese conocimiento el que le gustaba compartir”, destaca Luis Alberto.  

    Y añade que su padre encontró en la academia una manera de regresarle a la sociedad lo que recibió de ella. Por eso dedicó tantos años a la enseñanza y “aun cuando dejó de ejercer como profesor de la Facultad de Arquitectura, nunca abandonó la Universidad”. Luis Alberto se refiere a la UNAL, Institución que el ingeniero Tobar acogió como alma máter, tal vez porque en sus instalaciones “se sentía en el hogar”.

    “En los últimos años, cuando ya por razones de la edad no podía dictar clases, él iba todos los días a la universidad desde muy temprano a caminar durante más de una hora. Supimos que a esas caminatas matinales diarias se le sumaban muchas personas por el placer de conversar con él. Mi padre siempre nos hablaba maravillado de la naturaleza, de los árboles, de la gente de la Universidad, y nos invitaba a que fuéramos a disfrutarla”, comenta el mayor de los Tobar.

    Una de esas compañeras de caminata, la más fiel, fue Gloria Báez, jubilada de la UNAL Medellín. Con ella compartió no solo el placer de recorrer y admirar el campus universitario, sino también de conversar. “Todos los días el profe me recibía con dos mentas y una chocolatina y el día que yo no podía llegar porque se me presentaba algún inconveniente, me encontraba en el parabrisas del carro mis dos mentas del día ¡Tan lindo el profe!”, recuerda con cariño.

    Gloria subraya que el profesor Tobar siempre estaba impecablemente vestido y que igual de impoluto que su atuendo fueron siempre su comentarios, apreciaciones y chistes “porque tenía muy buen sentido del humor”.

    Tenían varias rutas, pero, independientemente de cuál fuera el recorrido ciertas prácticas eran inmutables: “revisábamos los árboles, nos dábamos una lluvia forestal leyendo sus nombres científicos y comunes; saludábamos al personal administrativo, de las cafeterías, de servicios generales; estudiantes. Al profe todo el mundo lo admiraba”, cuenta Gloria.

    A esa admiración que tantas personas sentían por el profesional, el profesor y el ser humano que fue el ingeniero José Tobar, su hijo suma el afecto por el hombre recto, generoso, calmado, cercano y de familia a quien encarnó su padre durante 86 años. “Fue un maravilloso hijo, padre, abuelo, hermano, esposo; todos lo querían y aunque lo vamos a extrañar también estamos tranquilos porque sabemos que era el momento de seguir el camino más allá de este mundo”, concluye Luis Alberto Tobar.

    El profesor Tobar falleció en Medellín el 12 de noviembre de 2019. La comunidad universitaria lo extrañará, pero también gozará de su legado, aun en las cosas pequeñas, como se lo ha hecho saber a sus familiares, porque lo único capaz de vencer a la muerte es la memoria.

    (FIN/CST)

    20 de noviembre del 2019