Escudo de la República de Colombia
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Yo por el apellido materno, Bayona; y benj por el primer nombre de su padre, Benjamín; au por el segundo, Augusto; car por el nombre de la madre, Carmen; y do por el día en que su mamá empezó trabajo de parto, un domingo. De ahí salió el nombre del primer hijo de la familia, de una combinación de los de sus progenitores; “y así no quieren que uno sea loco”, dice risueño el profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la UNAL Medellín, Yobenj Aucardo Chicangana Bayona.

  • Como profesor su mayor retribución es ver a los estudiantes encontrar su camino y cosechar triunfos. Foto: cortesía Yobenj Aucardo Chicangana.

    Como profesor su mayor retribución es ver a los estudiantes encontrar su camino y cosechar triunfos. Foto: cortesía Yobenj Aucardo Chicangana.

  • Entre los reconocimientos que ha recibido en la UNAL está la distinción del Consejo de Facultad en la categoría Investigación Meritoria (2019).

    Entre los reconocimientos que ha recibido en la UNAL está la distinción del Consejo de Facultad en la categoría Investigación Meritoria (2019).

  • El arte es una pasión que loa compaña desde niño y que se mixtura con su profesión. Foto: cortesía Yobenj Aucardo Chicangana.

    El arte es una pasión que loa compaña desde niño y que se mixtura con su profesión. Foto: cortesía Yobenj Aucardo Chicangana.

  • El profesor fue decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas.

    El profesor fue decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas.

  • Recientemente publicó, junto a dos egresadas de la FCHE, el libro El oficio del historiador. Reflexiones metodológicas en torno a las fuentes. Cortesía Yobenj Aucardo Chicangana.

    Recientemente publicó, junto a dos egresadas de la FCHE, el libro El oficio del historiador. Reflexiones metodológicas en torno a las fuentes. Cortesía Yobenj Aucardo Chicangana.

  • El profesor Yobenj Aucardo Chicangana Bayona hace parte de la comunidad universitaria hace 14 años.

    El profesor Yobenj Aucardo Chicangana Bayona hace parte de la comunidad universitaria hace 14 años.

    Yobenj es historiador, ciclo completo: hizo su pregrado en Bogotá en la Pontificia Universidad Javeriana y la maestría y el doctorado en Brasil en la Universidade Federal Fluminense de Río de Janeiro. Dos procesos que según él, lo hicieron profesional, el primero y académico, el segundo.

    Se siente “privilegiado como pocos” y explica que ha podido convertir sus gustos y pasiones: el arte y la historia, en su quehacer profesional. Desde su oficina con vista a las laderas centro orientales de Medellín en el fondo y al Bloque 46 y a dos esbeltas ceibas verdes en primer plano, el profesor Yobenj se deja llevar por los recuerdos: regresa a su primer año de vida universitaria a Bogotá, a sus primeros meses en Brasil y, por su puesto, a su vida en Medellín. Entonces también se reconoce viajero, trashumante.

    Llegó a Bogotá a los 16 años, proveniente de un pequeño municipio de Santander: San Gil. No sabía lo que era tomar un bus en una gran ciudad o perderse o administrar el dinero de sostenimiento o quedarse en la universidad durante los tiempos muertos, es más, no sabía ni cómo abordar una discusión de clase con colegas que se expresaban cual si ya fuesen historiadores y no como estudiantes de primer semestre.

    Pero él, disciplinado desde niño, no se dejó amedrantar por las novedades; en lugar de las pilas, se puso unas baterías inagotables que no solo le ayudaron a combatir los dolores de cabeza que le daban los textos, las clases y la jerga de sus colegas, sino que todavía, a pesar de los años, le siguen dando energía.

    Brasil llegó a su vida por cuenta del compromiso y buen juicio que lo caracterizan, un profesor vio en él las capacidades para dedicarse a la academia y le propuso irse a hacer una maestría que se permitió gracias a una Beca de Colciencias y el Banco Interamericano de Desarrollo en 1998.

    “Recuerdo que para irme yo había hecho un semestre intensivo de portugués, pero el viaje se retrasó un semestre así que cuando llegué entendía todo, pero al momento de hablar era muy frustrante porque me costaba comunicarme y en las clases quería discutir, conversar, aportar y el idioma no me daba”. Fue imposible no evocar sus primeros años en Bogotá y fueron justamente esas memorias las que le dieron la fuerza para no frustrarse.

    Terminó la maestría e hizo tránsito al doctorado, “entonces me dio una locura”, comenta. Fascinado por el poder de las imágenes y del arte, pasión que lo acompaña desde la infancia y por su herencia familiar, empezó otro pregrado: “hice una técnica cinematográfica”; aunque era cinéfilo, quería degustar el séptimo arte desde la técnica y el conocimiento específico. Vivió en Brasil siete años y medio y al término de su aventura, vino la siguiente: la Universidad Nacional de Colombia.

    “Llegué a la Universidad en 2005 mediante el Concurso 20-17 que buscaba crear nuevas líneas de investigación y me recibió el Departamento de Historia Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Sede Medellín, yo no conocía la ciudad, pero la vida me trajo acá y creo que fue lo más acertado”, dice.

    La docencia había empezado años atrás en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, a los 21 años, y le gustó. Llegar a la UNAL representó, sin embargo, otros retos personales y profesionales, se enfrentó a algo completamente nuevo: los cargos académico-administrativos: fue coordinador de dos doctorados, director de las dos áreas curriculares de la Facultad, vicedecano académico, decano por tres periodos, vicerrector encargado y ha participado en tantos comités que ya perdió la cuenta.

    A la docencia y la investigación le sumó su participación en procesos de extensión como el proyecto Vigías del Patrimonio Cultural, fue defensor del televidente de Teleantioquia por dos periodos y formó parte del Consejo Departamental de Patrimonio de Antioquia. “Ya son 14 años de vida en Medellín, de mucho trabajo, muy intensos y movidos, pero también muy enriquecedores”, apunta complacido.

    A propósito de movimiento, lo que más lo mueve es la docencia. No es el del tipo de profesor que les causa dolores de cabeza a sus estudiantes con una jerga compleja y farragosa, famosa en los historiadores, no. Por el contrario, es un encantador de serpientes: cuando habla enamora y fascina, tiene la elocuencia para interesar a otro por lo que dice, pero, además, para vincularlo. No es un monologuista, el profesor Yobenj, escucha a sus estudiantes, los inquieta, los inspira y, más que nada, los invita a conversar.

    A través del Grupo de Investigación Historia, Trabajo, Sociedad y Cultura, que dirige, gestó hacia finales de la primera década del 2000 un semillero para vincular a quienes iniciaban su proceso de pregrado con el oficio del historiador desde la investigación.

    “El trabajo con los estudiantes, que es la escuela que uno va formando, es un aspecto muy importante porque es un proceso de crecimiento muy bello en el que uno los ve encontrar su camino y a veces los acompaña a hacerlo”, precisa.

    Sus áreas de trabajo tienen que ver con las imágenes: historia de las imágenes, historia visual, historia del arte, en fin, por eso, como fuentes de estudio tiene la pintura, el grabado, la fotografía, el cine, esa es su línea. No obstante, empezando 2019 asumió un nuevo desafío: dictar en pregrado un curso de libre elección sobre antiguo oriente y civilizaciones antiguas. “Es curioso porque es un tema que me gusta y del que leo mucho, pero en el cual no soy experto, pero es bonito porque fue de algún modo volver a mis orígenes: ese fue uno de los temas que me hizo enamorar de la Historia cuando era estudiante”.

    Para ese nuevo reto también está implementando nuevas metodologías pedagógicas: convirtió sus clases en algo así como un juego de roles sobre civilizaciones antiguas, sin perder, eso sí, la rigurosidad y profundidad de la disciplina histórica.

    Siente la academia como su casa, le saca gusto a cada tarea: asesora estudiantes de pregrado y posgrado, investiga, escribe, lee, produce y, tal vez lo más importante, vive y es feliz, porque justamente esa es su mayor dicha: “combinar los gustos personales con la profesión y volver campo de conocimiento lo que a uno gusta”.

    (FIN/CST)

    4 de octubre del 2019