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Civilizaciones antiguas, no solamente asiáticas y africanas, sino también latinoamericanas dejaron el legado de la entomofagia o consumo de insectos por los seres humanos, pero “con la cultura que nos llegó de Europa mediante los españoles se fue perdiendo la necesidad de incorporarlos en la dieta”.

  • Aún son escasos en el mercado los productos hechos con insectos.

    Aún son escasos en el mercado los productos hechos con insectos.

  • Asistentes a la Cátedra degustaron panelitas y rosquillas de queso hechas con termitas y excretas de gusano de maní.

    Asistentes a la Cátedra degustaron panelitas y rosquillas de queso hechas con termitas y excretas de gusano de maní.

  • José Vicente Delgado Gómez, ingeniero agrónomo y estudiante de Maestría en Ciencias de Alimentos.

    José Vicente Delgado Gómez, ingeniero agrónomo y estudiante de Maestría en Ciencias de Alimentos.

  • Francisco Cristóbal Yepes Rodríguez, del Departamento de Ciencias Agronómicas de la Facultad de Ciencias Agrarias

    Francisco Cristóbal Yepes Rodríguez, del Departamento de Ciencias Agronómicas de la Facultad de Ciencias Agrarias

  • Gloria Patricia Arango Gutiérrez, magíster en Entomología.

    Gloria Patricia Arango Gutiérrez, magíster en Entomología.

    Así ilustra el profesor Francisco Cristóbal Yepes Rodríguez, del Departamento de Ciencias Agronómicas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, la variación de una costumbre que puede representar beneficios en el presente y en el futuro.

    Entre las ventajas, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) ha destacado que la ingesta de insectos puede ayudar en la reducción de gases de efecto invernadero, pues sus emisiones son probablemente inferiores a las generadas por la ganadería convencional. Además, para su cultivo se necesita menos área de suelo y agua.

    También según la FAO, hay beneficios en la salud, dado que los insectos proporcionan nutrientes de alta calidad como fibra y micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y zinc.

    No obstante, en Colombia queda poco de la costumbre de la entomofagia si se compara con Bolivia, México y Perú, lamenta el profesor Yepes Rodríguez, quien a su vez recuerda que las hormigas culonas que se consumen en Santander y los gusanos mojojoy, en el Amazonas, son quizás los únicos casos que quedan en el país.

    Por estar ubicada en el Trópico, la Nación tiene “un territorio con gran cantidad de población insectil que puede permitir producción en masa a nivel de cautiverio”, dice Gloria Patricia Arango Gutiérrez, magíster en Entomología y docente de la Universidad Pontifica Bolivariana.

    Hay unos insectos más promisorios, agrega; entre ellos están los cucarrones y gorgojos, dada su diversidad y alta producción de huevos, su tamaño y gran contenido nutricional por aportar grasas insaturadas. Sin embargo, en el país no se ha investigado lo suficiente acerca del uso de los insectos en la alimentación; la mayoría de los estudios existentes se han abordado desde la taxonomía y la sistemática.

    Los grillos y las libélulas son otros insectos con potencial alimenticio, además de las cucarachas por las que es común que las personas sientan aversión. Al respecto, José Vicente Delgado Gómez, ingeniero agrónomo y estudiante de Maestría en Ciencias de Alimentos de la Universidad de Córdoba, aclara que, en general, para que sean aptos para el consumo deben ser cultivados. “Se deben tener muy claras las condiciones de calidad e inocuidad”, afirma.

    Adicionalmente, complementa que las especies usadas para alimentación deben ser aquellas que se consideren plagas, no insectos que estén amenazados o que sean benéficos.

    Hasta el momento, expresa Delgado Gómez, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) no tiene una legislación en torno al consumo de insectos, lo cual puede representar una barrera para impulsar la alimentación a base de estos animales, como también lo puede ser el asco o la fobia hacia ellos.

    Teniendo esto en cuenta, “el reto no es solo comunicar sino también educar, porque no tenemos la cultura del consumo de insectos. Si los entregan como son, nadie se los come, pero si los transformamos probablemente sí pueden ser aceptados”, explica la profesora Arango Gutiérrez.

    La entomofagia fue el tema de discusión de la reciente sesión de la Cátedra Agraria como preámbulo a la versión número 46 del Congreso de Entomología que se realizará entre el 17 y 19 de julio en la Sede.

    (FIN/KGG)

    10 de junio del 2019