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Hace ya nueve años que Beatriz Muñoz Arboleda dejó las faldas, los tacones y las camisas elegantes propias de una secretaria para portar, con honor, las botas, la riata, la gorra, las insignias y el radioteléfono que la identifican como guarda de seguridad. Aunque trabaja para la empresa de vigilancia y seguridad VISE, la Universidad Nacional de Colombia en Medellín ha sido la casa donde ha desempeñado su oficio como vigilante.

  • Beatriz hace nueve años ejerce su oficio en la U.N. en Medellín.

    Beatriz hace nueve años ejerce su oficio en la U.N. en Medellín.

  • Beatriz era secretaria, pero se inclinó a cambiar su oficio por el deseo de servir.

    Beatriz era secretaria, pero se inclinó a cambiar su oficio por el deseo de servir.

  • Día del guarda de seguridad. Foto cortesía.

    Día del guarda de seguridad. Foto cortesía.

  • Beatriz se siente orgullosa de portar el uniforme y de ser la responsable de la seguridad de otros.

    Beatriz se siente orgullosa de portar el uniforme y de ser la responsable de la seguridad de otros.

  • A la U.N., asegura, tiene todo que agradecerle.

    A la U.N., asegura, tiene todo que agradecerle.

    “Yo era secretaria de una empresa de vigilancia, allá hice mis prácticas secretariales y me quedé trabajando, pero a mí me llamaba la atención el oficio de guarda de seguridad y en un momento expresé mi deseo de hacer el curso para ser vigilante”, cuenta Beatriz. También recuerda la sorpresa que causó su deseo entre sus superiores y compañeros de trabajo: “pero si usted es secretaria, cómo va a pasar de ese puesto a la vigilancia”.

    Su determinación fue tal que le dijeron “listo, si eso es lo que usted quiere, hágale”. Beatriz hizo un curso que duró 15 días, durante los cuales aprendió los conocimientos básicos del que sería su nuevo oficio, como defensa personal, manejo de armas y de equipos de comunicación, normas, primeros auxilios y otros detalles que son reserva del sumario.

    “Entonces pasé de ser secretaria a vigilante y desde ese momento me asignaron a la Universidad Nacional de Colombia. Acá me dieron la oportunidad de ejercer sin experiencia y por eso me siento muy agradecida”, comenta.

    Su primer puesto fue en la portería peatonal por el sector de Coca-Cola, ahí estuvo alrededor de seis meses, después empezó a rotar por las otras porterías de la Sede más o menos por un año y medio; tiempo suficiente para que, haciendo gala de valores como responsabilidad, honestidad y lealtad, Beatriz lograra demostrar que era digna de un cargo de mayor confianza y compromiso. “Así me gané este puesto en el que estoy hace siete años y medio: el turno 12 horas en el Bloque 19A”.

    A pesar de permanecer parada durante casi todo su turno, a Beatriz nunca le falta una sonrisa amable para saludar, orientar a un usuario o, simplemente para estar en servicio. La sonrisa la caracteriza tanto como su amabilidad.

    “En nueve años en la Universidad no tengo nada malo que sentir. De pronto lo más maluco es que a veces hay que tratar con gente que se altera fácilmente, pero ahí entra en juego el carácter propio y la capacidad para mantenerse tranquilo”, dice. Es experta en guardar la calma, apaciguar ánimos exaltados y en evitar conflictos innecesarios.  

    Y es que el puesto de Beatriz tiene una condición especial: es un bloque de acceso restringido debido a condiciones de seguridad. Ella se sabe de memoria los nombres y rostros de las personas que tienen autorización para entrar y salir del 19A y con delicadeza maternal les solicita a quienes carecen de él que le enseñen el radicado de ingreso.

    Sus 12 horas diarias de lunes a sábado custodiando la entrada del Bloque 19A las siente como un ejercicio de resistencia y de mucho amor. Hablar con su compañero del Bloque 19, al frente, o con las personas que pasan y la reconocen o con las que llegan, así como tomarse unos minutos para hacer la pausa activa estirando sus extremidades, hacen que el cansancio no se le note; a ello se suma, por supuesto, su sonrisa permanente.

    Más allá del gris y el azul oscuro de su uniforme, Beatriz es una mujer dulce y sensible; entre sus cualidades nombra con orgullo, el respeto por el otro, la responsabilidad, la sinceridad, el compañerismo y la lealtad, virtudes que aplica en su día a día laboral.

    El trabajo de Beatriz ha sido tan destacado que hace unos cuatro años, cuando la empresa de vigilancia para la que laboraba perdió la licitación para continuar prestándole servicios de seguridad a la U.N., las directivas de la Universidad le solicitaron a la nueva compañía mantener a ciertos empleados en sus cargos, ella entre pocos, fue una de las que logró aquel empalme. “Contar eso me hace muy feliz porque fue algo que gané por mérito”.

    Su gran satisfacción, admite, es la de tener un empleo que le gusta y la hace feliz: “a mí me llena el corazón saber que con mi trabajo estoy sirviéndole a otros, que atiendo personas, que protejo bienes preciados y que porto un uniforme que conlleva una gran responsabilidad”.

    En ese mismo orden, manifiesta que su agradecimiento con la Universidad Nacional de Colombia en Medellín por todo lo vivido y aprendido en nueve años a su servicio, no tiene medida. “Aunque no trabaje directamente para la Institución, yo siento que ella me ha dado experiencias muy bonitas, y es un honor sentir que la represento”, declara.

    Siempre atenta, siempre amable y siempre lista para servir y proteger, Beatriz resalta que “al que le gusta le sabe” y a ella, quizás como a pocos, su trabajo no podría saberle mejor.

    (FIN/CST)

    7 de junio del 2019