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Movilidades espaciales, territorios y hábitats, Movilidades sociales y memorias de la violencia, Violencia institucional política y normativa, y Actores sociales y estrategias de la violencia; con base en esos cuatro ejes temáticos se llevó a cabo en Medellín, con la Universidad Nacional de Colombia como anfitriona, la segunda versión del seminario internacional Escuela Primavera: violencias en la ciudad y acción pública en América Latina y Francia.

“Esta estrategia comenzó el año pasado en la ciudad de Bondy (Francia) y se planteó como un ciclo de encuentros académicos internacionales con la presencia de actores operacionales, es decir, gente que viene de la institución y que trabaja con las comunidades”, explicó Tiphaine Duriez, profesora de antropología en la Universidad Lumière Lyon II.

Y agregó que la idea es cruzar las miradas en torno a la pregunta por la violencia en las ciudades, un asunto de alcance mundial que tiene que ver con la forma de cohabitar la urbe.

La vereda Granizal, que administrativamente hace parte de Bello pero está en el sistema territorial de Medellín, el centro de la ciudad, Moravia y la Ciudadela Nuevo Occidente, fueron los escenarios en los cuales se desarrolló el trabajo de campo para analizar la vivencia de la violencia. “La Escuela Primavera se trata de ir a campo, de salir de la academia, de romper con las metodologías tradicionales y, sobre todo, de poner en la misma mesa a líderes comunitarios, actores institucionales, académicos, víctimas y victimarios”, destacó Cristian Londoño, estudiante de Maestría en Hábitat y uno de los organizadores del Seminario.

Aunque en Medellín el análisis de la violencia parte de categorías tradicionales como extorsión, tortura, robo, asesinato, feminicidio, y demás, los investigadores hablan de otras formas que surgen de manera solapada como invisibilización, desatención de situaciones y falta de voluntad política.

“En esta ciudad, las dinámicas de violencia que se dan, por ejemplo, en términos de controles territoriales que modifican la forma en la que las personas se relacionan con su entorno. En ese orden, hemos encontrado lugares en los que el uso que tradicionalmente le daba la comunidad, cambió drásticamente debido a esas violencias”, apuntó el estudiante de Maestría en Hábitat, Daniel Vallejo.

Miradas cruzadas

“La violencia es complicada de definir porque es una categoría de la percepción, entonces lo que yo veo como algo violento tal vez otro no lo mira así; en ese sentido, hay que estar mucho tiempo en un lugar para descubrir que un aviso de alquiler de lavadoras es en realidad un truco para reclutamiento”, resalta la profesora Duriez.

De ahí que lo que se plantea la Escuela es mirar la violencia desde un panorama amplio que tiene que ver con la economía, con lo físico, con la jerarquía, con los institucional, etcétera. Y los retos están en cómo armar dinámicas colaborativas alrededor del tema.

La idea de miradas cruzadas pretende tejer redes de conocimiento para intentar abordar las problemáticas de violencia explícitas o latentes desde diferentes perspectivas que implican necesariamente el intercambio de experiencias.

“En Francia, por ejemplo, muchas de las violencias responden al fenómeno migratorio desde África y se desarrollan políticas para atender esa población. Medellín, en cambio, tiene el fenómeno de la diáspora venezolana, así como el de migración interna por desplazamiento forzado, aunque son situaciones similares, no son iguales porque las realidades son muy distintas, así como las estrategias para responder a ello; pero, desde ese reconocimiento podemos plantear experiencias que nos permitan construir soluciones comunes”, expresó el estudiante Daniel Vallejo.

Algo similar ocurre con México que hoy por hoy tiene en su territorio las dos ciudades más violentas del mundo: Tijuana, en primer lugar, y Acapulco en segundo.

“La declaratoria de guerra a las organizaciones criminales por parte del Estado ha generado que se descabece a grandes bandas delincuenciales, lo cual ocasionó un fenómeno de pulverización que las convirtió en una hiedra de mil cabezas y, si antes se podía llegar a pactos con la delincuencia, ahora esto es imposible; así que todos los días hay una disputa por el territorio que implica una violencia diaria”, contó el profesor Salvador Rogelio Ortega Martínez, investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero.

A comienzos de la década de 1990, a raíz de las dinámicas del narcotráfico, Medellín ostentó ese penoso primer puesto, en esa medida, añadió el investigador, “sentimos que al respecto ustedes tiene mucho que enseñarnos desde metodologías y técnicas de investigación, así como casos de éxito o fracaso para el estudio de este fenómeno que puedan sernos útiles para el diseño de políticas públicas que permitan abatir la violencia con un impacto positivo sobre la sociedad en la conquista espacios de paz”.

Internacionalización de la violencia

Si bien la violencia es diferente en todas partes en tanto responde a realidades particulares, para el investigador Francisco García, jefe de proyectos socioculturales y educativos en Bondy (Francia), hay puntos en común que obligan a plantear preguntas en procura de soluciones conjuntas; es el caso de “¿cómo explicar la internacionalización de la violencia, y que lo que se vive en el centro de Medellín pueda vivirse también en muchos países de África?”.

Por tanto, para el investigador es crucial que, así como en el mundo de hoy se habla abiertamente de problemas de guerra, hambre o polución, debería ponerse sobre la mesa con el mismo afán el asunto de la violencia cotidiana organizada y creciente. “Porque este es un problema mundial que nos convoca a todos y explicarlo y trabajar en una solución mundial es una obligación moral e intelectual”.

Para Ricardo Andrés Ruiz Palacio, profesional especializado Defensoría del Pueblo, el ejercicio de la Escuela de Primavera es valioso en la medida que posibilita la búsqueda estrategias “que se nos pueden ocurrir colectivamente para mitigar de alguna forma esas situaciones que impactan directamente a la población, eventualmente esas alternativas pueden traducirse en proyectos realizables mediante cooperación internacional o en cuanto a recomendaciones dirigidas a gobiernos locales para que se piensen las soluciones desde el territorio y con la concertación y la participación de las comunidades”.

19 estudiantes, 12 profesores investigadores y 10 actores operacionales de Francia, Colombia, México, Brasil y Perú, participaron del encuentro organizado por la Escuela del Hábitat de la Facultad de Arquitectura y por la Facultad Minas de la U.N. Sede Medellín con el apoyo del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo (IRD), la Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD) y la Universidad Lumière Lyon II.

(FIN/CST)

17 de abril del 2019