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Ciclista, jugador de balonmano, cultivador de café, lector, pensador, historiador. Esas son algunas de las pinceladas que, a grandes rasgos, dibujan al profesor Juan Felipe Gutiérrez Flórez de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la U.N. Sede Medellín. 

  • El profesor Juan Felipe encontró su vocación en la Historia.

    El profesor Juan Felipe encontró su vocación en la Historia.

  • El café se ha convertido en los últimos años en un interés tan apasionante como la academia. Foto cortesía.

    El café se ha convertido en los últimos años en un interés tan apasionante como la academia. Foto cortesía.

  • Juan Felipe Gutiérrez Flórez es hijo de la U.N. desde el pregrado hasta el ejercicio de su profesión.

    Juan Felipe Gutiérrez Flórez es hijo de la U.N. desde el pregrado hasta el ejercicio de su profesión.

  • Rodando en su bicicleta a recorrido Antioquia. Foto cortesía.

    Rodando en su bicicleta a recorrido Antioquia. Foto cortesía.

  • Finca La Mesa en Jardín, Antioquia. Foto cortesía.

    Finca La Mesa en Jardín, Antioquia. Foto cortesía.

    A su profesión, la Historia, llegó por azar: después de una breve incursión en la Ingeniería Química sus pulsiones intelectuales empezaron a tomar fuerza, impulsadas también por los intereses en común con su grupo de amigos. En 1982, cuando aún no llegaba a los 20 años, empezó su formación profesional en la U.N.

    Juan Felipe recuerda que para esa época la mayoría de sus compañeros eran mucho mayores, “algunos, incluso, ya habían recorrido otros caminos en el conocimiento”, y cuenta que él y sus amigos fueron de esas primeras generaciones que entraron jóvenes a Historia y que la eligieron como primera opción. Aunque al principio su vocación no estaba completamente definida, los años, las experiencias y, de nuevo, el azar, le fueron dando, poco a poco, las certezas necesarias, al punto que terminó estudiando maestría, doctorado y convirtiéndose en docente universitario de cursos como Teoría de la Historia e Historiografía, es decir, el componente filosófico y teórico de su profesión.

    “Cuando arranqué la primera cosa que me apasionó fuertemente fue el mundo de la paleografía y la diplomática porque eso me puso en contacto con una parte de la historia nuestra de la cual no tenía ni idea. Pero, en el camino aparecieron otros amores animados desde el gusto personal como el mundo de la filosofía; y eso terminó marcando mi formación y mi desempeño”, destaca el profesor.

    De sus años de estudiante recuerda con especial cariño la disposición de los universitarios con el conocimiento; “eso permitía que la gente se agrupara en torno a problemas, cursos y temáticas más allá del mero cumplimiento de requisitos, había un gusto por el saber; es más, a veces armábamos sesiones de discusión gruesas en los espacios de la Universidad con participación muy activa. Por otro lado, los profesores fueron una generación e intelectuales muy importantes”, de esta manera, afirma, el mundo de la lectura se le convirtió en natural, cotidiano y necesario, aunque no niega que había también espacios y momentos para el ocio.

    Se graduó como historiador con una tesis relacionada con el mundo de las neurociencias, entonces, inquieto por el conocimiento, se dio a buscar temas de estudio en los terrenos de la geografía e hizo una Maestría en Hábitat en la Facultad de Arquitectura también de la U.N. “Pensando en problemas de ese estilo me encontré con un asunto relativo a la forma de configuración territorial colombiana y ahí hice mi investigación: algo sobre las correspondencias e implicaciones entre la formación del arquitecto y la ciudad que se construye”, señala. De la mano de su formación en posgrado vino la docencia, ámbito para el cual, nunca se imaginó.

    “Nunca pensé que pudiera tener la oportunidad de dedicarme a la docencia porque reconocerse con vocación para ello es complejo y esa posibilidad se me apareció de manera inesperada: yo estaba trabajando en la maestría y un amigo que ahora también es docente, el profesor Jorge William Montoya, me ofreció ser su remplazo en la Luis Amigó, donde dictaba clases en la Facultad de Educación, porque iba para Francia a hacer su doctorado y acepté aunque no tenía experiencia docente”, eso, cuenta fue a comienzos de la década de 1990 y fue una experiencia que terminó sorprendiéndolo y conquistándolo.

    Ya con título de maestría y cierta experiencia como profesor, se metió de lleno al Doctorado en Historia, tiempo durante el cual le ofrecieron encargarse del curso de Etnología. Mientras lo preparaba se abrió la convocatoria a través dela cual ingresó como docente en la Universidad. “Yo tampoco tenía pensado presentarme a la Universidad como docente, no creo que tuviera gruesos pergaminos para tal, sin embrago, lo hice”, rememora. Con una propuesta académica, una conferencia publica y su hoja de vida quedó como segundo elegible, no obstante, quien se ganó el puesto decidió tomar otro rumbo; “y, entonces, como la reina no quiso la corona, llamaron a la virreina y por eso estoy yo acá”, apunta risueño.  

    La experiencia docente, comenta, ha sido muy importante, por un lado, debido al contacto permanente con los jóvenes, situación que le permite mantenerse actualizado con la realidad, “algo que en historia es muy importante por esa correlación entre el presente y el pasado, entonces conocer el presente pensando en la gente joven que tiene preguntas nuevas moviliza mucho”. Y, por otra parte, le ha permitido el entendimiento de su disciplina, tema sobre el cual está terminando un libro de reflexiones.

    Al respecto, subraya que uno de los problemas en los que ha estado concentrado últimamente tiene que ver con la materia y los objetos de estudio; “el cual tengo como núcleo de observación para pensar el problema de la historia hoy”. Esto se complementa con los temas de lectura que le apasionan: la difusión científica y los problemas de la filosofía y la teoría; “me interesa mucho lo que pasa en el mundo de las neurociencias, de la física cuántica y otros temas que son formas de conocimiento que aportan ideas muy concretas sobre la configuración del mundo de lo real y de uno como sujeto”, acentúa.

    A la Universidad Nacional de Colombia, no solo le debe su formación y quehacer profesional, también le agradece otras pasiones inesperadas como haberse convertido en cultivador de café.

    “Esa es una parte de la historia que tiene que ver con las cosas que brinda la Universidad, acá he tenido la oportunidad de conocer muchas personas con las que he caminado y recorrido los territorios físicos del país y muchos del conocimiento”. Simpatizante de los esfuerzos, ha recorrido en bicicleta muchos lugares del país; caminos que, cuenta, lo llevaron en compañía de su esposa y de quien es su socio, a explorar el mundo cafetero. Así llegaron a la vereda La Linda del Municipio de Jardín (Antioquia), específicamente, a la finca La Mesa a 1.850 msnm; allí se les reveló el universo de la caficultura y nació Solofra, un café de altura que hace referencia “al sol entre las montañas”.

    La bicicleta, así como caminar, dice, “es expandir el mundo, es una buena forma para conocer el territorio, es el reto personal, y es, sobre todo, una manera de pensar, es más, yo la tesis de doctorado la hice montado en la bicicleta; es una maravilla” asegura emocionado.

    Para el profesor Juan Felipe Gutiérrez Flórez, vivir es recorrer caminos cuyos propósitos solo se hacen reales o tangibles cuando se llega al destino; “así mismo es el conocimiento y mi tránsito por ahí ha sido un continuo enfrentamiento entre lo científico y lo humanístico, siempre desde el gusto”, manifiesta. Su trasegar particular lo ha formado en una ética para él importante como estrategia política y de sujeto.

    (FIN/CST)

    22 de abril del 2019