Escudo de la República de Colombia
A- A A+

Dibujo arquitectónico, dibujo estructural, topografía y dibujo artístico. Esas fueron las cuatro pruebas técnicas que Gloria Delfina Báez Vásquez tuvo que pasar para entrar a engrosar las filas de funcionarios de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín. En una de ellas, quizás la más importante por lo que le representó, tuvo que dibujar el escudo de la U.N. “Y creo que lo plasmé más que en el papel en mi corazón porque desde ese día amé la Universidad absolutamente”, afirma.

  • Gloria Báez consagró más de 36 años de su vida a la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.

    Gloria Báez consagró más de 36 años de su vida a la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.

  • El deporte siempre ha sido parte importante de su vida.

    El deporte siempre ha sido parte importante de su vida.

  • En los últimos años dictó clases de caligrafía a algunos compañeros de la Universidad. Foto cortesía.

    En los últimos años dictó clases de caligrafía a algunos compañeros de la Universidad. Foto cortesía.

  • Su oficia estuvo ubicada en el Bloque 14 durante 33 años.

    Su oficia estuvo ubicada en el Bloque 14 durante 33 años.

  • La acuarela es otra de sus pasiones. Reproducción de una foto propia, Punta Larga (Boyacá). Foto cortesía.

    La acuarela es otra de sus pasiones. Reproducción de una foto propia, Punta Larga (Boyacá). Foto cortesía.

  • El último día en la Dirección de Ordenamiento y Desarrollo Físico fue una mezcla de nostalgia y felicidad. Foto cortesía.

    El último día en la Dirección de Ordenamiento y Desarrollo Físico fue una mezcla de nostalgia y felicidad. Foto cortesía.

    Se vinculó pues, en 1982, a la entonces oficina de Planeación donde ofició como dibujante hasta el pasado 31 de enero. Durante casi 37 años levantó, copió y transcribió, primero a mano y después mediante herramientas de cómputo, los planos de los edificios de la Sede, tanto de los predios urbanos como rurales. Con su puño y letra –con pluma-, marcó los diplomas de los estudiantes por casi una década; fue la disc-jockey y la animadora de las integraciones de su oficina; recibió y dictó clases de caligrafía; se consagró al deporte y, tal vez lo más importante, se declaró feliz.

    Gracias a su trabajo como dibujante, que le permitió administrar la planimetría de la Sede, conoció al maestro Pedro Nel Gómez; más aún, dice, tuvo el honor de reproducir uno de sus planos y de hacerlo firmar, como el original, por el maestro poco antes de su muerte. A propósito, recuerda que en aquella época de los años 80, “todo se hacía a mano. Trabajamos con herramientas que ni las menciono porque ese vocabulario ya pasó a la historia. Los planos de nosotros eran casi obras de arte”, comenta risueña y sus memorias dan un salto a otra banda de sus años en la Universidad: el deporte.

    “Yo toda la vida he sido deportista y el ingreso a la U.N. potenció ese aspecto en mí. Al principio de mis años acá yo jugaba softbol con el equipo de Peldar, era cuarto bate y primera base, hasta que tuve una lesión en la columna”. Entonces el voleibol, que practicaba en el parqueadero del Bloque 14, y el tenis de mesa fueron su refugio; el primero lo abandonó para cuidar sus rodillas, el segundo se convirtió en su deporte de cabecera, no obstante, ambos le dieron galardones y satisfacciones valiosas, como los amigos.  

    “Mi última medalla fue de plata, la recibí el año pasado en unos juegos nacionales de empleados, fue un partido maravilloso con una contrincante de Bogotá: iba perdiendo 2 - 0 y remonté 3 - 2”, cuenta orgullosa y declara que seguirá vistiendo con honor la camiseta de la U.N., como lo ha hecho desde el 82.

    Entre los matices de esa historia con el deporte recuerda con especial cariño la fiesta de cada cuatro año con motivo del Mundial de Fútbol, con la Selección Colombia o sin ella en contienda, desde España 1982 hasta Rusia 2018, la fiebre por el balompié la unió más a la Institución y a los compañeros que se volvieron familia, quizás por eso desapegarse al que llama “segundo hogar” le tomó más de un año.

    “Yo comencé a prepararme para la jubilación más o menos desde diciembre de 2017, empecé limpiando el computador y botando cosas viejas, y eso me sirvió mucho”. Asegura con la voz quebrada que la idea de salir de la oficina de un día para otro y de dejar el espacio, la gente y todo lo que representa, hubiera sido terrorífico.

    “Fueron 36 felices años disfrutando de todo lo que hacía, pero ya debo salir”, era la sentencia que se repetía casi todos los días de mañana, tarde y noche. Así llegó su último jueves y un adiós con cara de hasta pronto porque “acá me dejaron las puertas abiertas y porque yo a la Universidad nunca la abandonaré”.

    De sus casi cuatro décadas laborando le quedaron hábitos como madrugar, caminar y aprovechar al máximo el tiempo de ocio que, contrario a lo que parezca, con la jubilación en lugar de maximizarse se redujo, “porque siento que ahora tengo más cosas pendientes que antes, y eso que solo llevo una semana jubilada”, entre ellas ocuparse de pasiones como la lectura, la pintura, el dibujo, la caligrafía y, por supuesto, el deporte.

    Va a extrañar que le digan “Gloria, habla bajito”, poner la música en la oficina, los entrenamientos de tenis de mesa los lunes y los miércoles, las caminatas mañaneras con el profesor José Tovar, la complicidad con los árboles y todo lo que significa para ella la Universidad Nacional de Colombia; pero, repite, “fueron 36 felices años y ya debía de salir".

    (FIN/CST)

    8 de febrero del 2019