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Un concierto de periquitos, siriríes, canarios y loras rompen la paz de la madrugada y le dan paso al día en la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín cada mañana. Desde hace 23 años ese espectáculo, que solo unos pocos tienen el honor de apreciar, ha sido testificado por Liliana Castro Aguirre, uno de esos ejemplos, muchas veces invisibles, de mujer trabajadora y comprometida.

  • Liliana Castro Aguirre llegó a la U.N. en 1995.

    Liliana Castro Aguirre llegó a la U.N. en 1995.

  • Es una mujer responsable, comprometida y que ama su trabajo.

    Es una mujer responsable, comprometida y que ama su trabajo.

  • El atletismo es una pasión que se ha potenciado durante sus años en la Universidad. Foto cortesía.

    El atletismo es una pasión que se ha potenciado durante sus años en la Universidad. Foto cortesía.

  • Liliana concibe su futuro y el de su familia en la U.N.

    Liliana concibe su futuro y el de su familia en la U.N.

  • En el 2017 recibió la Medalla Manuel Ancízar.

    En el 2017 recibió la Medalla Manuel Ancízar.

    Estaba casi estrenando cédula cuando ingresó a la Escuela del Hábitat de la Facultad de Arquitectura de la Sede, en 1995, y no precisamente como estudiante. En 23 años, Liliana no sabe lo que es llegar tarde a trabajar, es más, usualmente está una hora antes en su puesto preparando todo para iniciar las labores sin afanes.

    “Me gusta llegar temprano porque este es un lugar tranquilo y de mucha paz; antes de empezar la jornada admiro el verde del campus y los colores, eso me genera armonía”, confiesa.

    Durante sus primeros años en la Facultad de Arquitectura, y gracias al apoyo de algunos profesores y compañeros, decidió que quería estudiar, así que hizo Contaduría en la Universidad Remington. Unisalud, la Oficina de Nómina y la Sección Financiera, donde está fija hace nueve años, también han sido escuela para esta mujer que, desde el inicio de su vida laboral, se ha dedicado a cultivar el conocimiento en todas sus formas.

    “Mis funciones siempre han estado relacionadas con mi profesión por eso me gusta tanto mi trabajo; me encanta lo que tiene que ver con la parte tributaria, con las normas y siempre he sido muy abierta a conocer y a estudiar”, asegura. Además, a Liliana le place compartir con otros lo que aprende, por eso no se limita a aplicar los saberes en su puesto de trabajo, sino que los socializa con sus compañeros a quienes reconoce como una familia.

    Además de su quehacer en la Sección de Finanzas, Liliana tiene otro compromiso asumido con la Universidad hace unos 15 años, más o menos.

    “Para mí son muy importantes los escenarios deportivos porque yo soy atleta, pertenezco al grupo de atletismo con el que he viajado a diferentes ciudades representando a la Sede, para fortuna siempre he obtenido medallas o reconocimientos”, cuenta y suma esto a sus orgullos.

    Liliana corre las pruebas 100, 400 y 4*400 metros planos. Sobre el deporte asegura que no es una atleta de alto rendimiento sino que lo hace de manera recreativa y que, por eso, no tiene marcas; no obstante, le gusta ganar y cada que corre, lo hace desde los 15 años, mantiene fija la idea del primer lugar en su cabeza.

    “Mi historia con el atletismo es muy curiosa; a mí mamá también le gustaba correr y recuerdo que ella iba a trotar al estadio y para no irse sola me levantaba muy temprano a que la acompañara, así que esta afición se la agradezco ella”, señala.

    Cuando llegó a la U.N. ya era una apasionada por correr, pero no lo hacía competitivamente sino por llevar un estilo de vida saludable: “yo corría sola alrededor de la Universidad y así conocí el grupo de atletismo porque tenía un compañero, Ángel López, y Angelito me decía ‘amiga, ven, entrena con nosotros’, y finalmente me convenció y desde entonces no me separo de ellos”, cuenta.

    Además de una empleada intachable y de una corredora consumada, Liliana es una madre y esposa comprometida con su hogar; la responsabilidad y el sentido de pertenencia por todo lo que hace son dos virtudes que la caracterizan. Ese amor que le imprime a la vida lo han visto sus compañeros durante años y, por ello, la han postulado varias veces a la Medalla Manuel Ancízar, máxima distinción que el Consejo Superior Universitario concede a los funcionarios de la U.N. el año pasado, finalmente, obtuvo el reconocimiento.

    “A la Universidad le debo mi educación, la calidad de vida de mi familia, la vivienda, mis amigos, así que para mí fue un honor recibir la medalla”, dice tímidamente sobre el reconocimiento que valoró su trabajo destacado y responsabilidad en el cumplimento de sus funciones por más de 20 años.  

    Liliana agradece cada mañana su posibilidad, única entre muchas, de poder levantarse para venir a trabajar a la U.N., la institución en la que comenzó su vida laboral, donde espera terminarla y donde anhela que, algún día, su hija Tania Ramírez también encuentre un hogar.

    (FIN/CST)

    7 de septiembre del 2018