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Todos los días, sagradamente, antes de las 6:00 a.m. Luis Jaramillo llega a la Universidad, a más tardar a las 6:30 ya ha servido el primer tinto del día y en adelante deja de contar porque es imposible llevar esa cuenta. Tal vez ese nombre no identifica un rostro en específico; la palabra Lucho, en cambio, hace un llamado a la memoria en el que tendrá que dibujarse uno de los personajes más queridos de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.

  • Luis Jaramillo, (Lucho) llegó a la Sede en octubre de 1984.

    Luis Jaramillo, (Lucho) llegó a la Sede en octubre de 1984.

  • Acá nació la chaza de Lucho. Foto: cortesía Luis jaramillo

    Acá nació la chaza de Lucho. Foto: cortesía Luis jaramillo

  • Para Lucho la U.N. Sede Medellín es un segundo hogar en el que ha encontrado familia.

    Para Lucho la U.N. Sede Medellín es un segundo hogar en el que ha encontrado familia.

  • Lucho y Camilo, el heredero.

    Lucho y Camilo, el heredero.

    Pues sí, Luis Jaramillo, el del Donde Lucho Café, el punto de encuentro más famoso de la Facultad de Arquitectura, ese hombre carismático que nunca niega una sonrisa, llegó a la Sede en octubre de 1984, para remplazar a su abuelo, Antonio, que por entonces no podía hacerse cargo del negocio.

    “Mi tío Desiderio trabajaba en la Universidad y a raíz del fallecimiento de mi abuela él consiguió un permiso para que a mi abuelo le abrieran un espacio acá vendiendo dulces y tinto y que se le pasara un poco la pena. Como a los dos o tres años el abuelo se enfermó y para no perder el puesto le dijeron a mi tío que trajera a otra persona. Ahí llegó Lucho a la U.N. y desde entonces estoy acá y no me quiero ir”, cuenta.

    Al abuelo lo ubicaron en el segundo piso del Bloque 24, Facultad de Arquitectura, y la chaza de Toño, como originalmente se conoció, se fue volviendo un lugar icónico en el campus; esa fue la herencia que su nieto Luis recibió y potenció. “Yo me quedé esperando que el abuelo se recuperara pero eso no sucedió, incluso me salí de la empresa en la que estaba y el remplazo lleva más de 30 años. De ahí han sucedido muchas cosas buenas para la vida: el trabajo, sobre todo, que es lo más importante”.

    De la chaza con la que empezó el abuelo Antonio y que recibió Lucho, ya no quedan más que los buenos recuerdos. Hace poco más de 10 años, a raíz de la reingeniería del Bloque 24, Lucho fue reubicado en el primer piso y del cajón de madera pasó a un local bien dotado que le permitió, entre otras cosas, diversificar su oferta de productos.

    Sobre el nombre de su negocio recuerda una historia curiosa. “Inicialmente, cuando llegué y le decía a la gente que mi nombre era Luis, ellos como que se sentían en tanta confianza que me decían ‘Ah, entonces Lucho’. Aquí en la Universidad fue donde me bautizaron”. Y continúa contando que cuando se dio el cambio del segundo al primer piso y buscaba un nombre para local, el profesor Julio César Sánchez, quien entonces era el director de Bienestar de Arquitectura, le dijo: “Cómo se va a llamar, pues Donde Lucho Café, cómo más”, y, en efecto, así se quedó.

    Lucho lleva más de media vida en la Universidad y dice con firmeza que no se arrepiente ni por casualidad de ese remplazo que se hizo permanente. “Para mí la Universidad ha sido una escuela: he aprendido de la gente, de culturas, del valor del trabajo duro y en términos generales, acá me hice como persona”.

    Hace unos ocho años otro personaje, igual de representativo que Lucho, se vinculó al negoció: Camilo Jaramillo, el sobrino y futuro heredero al trono, quien se destaca, como su tío, por la amabilidad para atender al público y el buen sentido del humor. Y ambos han construido una bonita familiaridad con la comunidad universitaria que le da cierto toque encantador al devenir en la Institución.

    A propósito, comenta Lucho: “la magia se la ponen las personas a las cosas. Acá la gente viene y nos pregunta qué es lo que tiene este café que en ninguna parte sabe tan bueno. Nosotros lo que decimos es que le ponemos mucho cariño; es que no es lo mismo recibir un servicio donde lo atienden a uno de mal genio a que lo hagan con gusto, con una broma, un buen comentario, tal cosa. Esa es la magia del café donde Lucho”. Y tiene que ser puesto que desde las seis de la mañana hasta pasadas 7:00 p.m., cuando cierra, en su local hay quien le haga fila.

    Tanto Lucho como Camilo saben lo que es ganarse las cosas con dedicación y esfuerzo, quizás por eso se sienten parte del universo de la U.N. y recuerdan con nostalgia los años bien vividos, aunque también miran con esperanza el futuro que, de algún modo, sabe que seguirá estando en la Institución.

    “Yo me siento muy feliz y espero estar muchos años más en la Universidad. Es más de acá que me saquen, como dicen, con los pies por delante porque no me quisiera ir”, comenta, y entre risas le dice a Camilo que se prepare porque él será el próximo Lucho. “Claro, pero tranquilo tío que el nombre no va a cambiar”, advierte el sobrino.

    Muchas veces los sábados, pasado el mediodía cuando se va por fin a descansar, Lucho se sienta en medio de los árboles a disfrutar del viento y de los pájaros, vuelve la mirada a lo vivido y se siente complacido. “Sagrado”, es la palabra con la que nombra su trasegar por la U.N., y al respecto, destaca el apoyo que siempre ha recibido de la Institución. Ya perdió la cuenta de los tintos que ha servido, pero lleva bien la de las sonrisas compartidas con sus clientes, que siempre se vuelven conocidos, y a muchos de los cuales se permite llamar amigos.  

    (FIN/CST)

    9 de marzo del 2018