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Este programa, que se ha convertido en algo tradicional para la comunidad universitaria, se ha expandido por tres sectores más de Medellín y beneficia a niños entre 0 y 14 años, para lo cual previamente se realizó una campaña al interior de la Sede. En esta se convocó la donación de ropa, juguetes didácticos, dinero para alcancías e ingredientes para preparar natilla y buñuelos; además se desarrolló jornada de recreación, cultura y solidaridad.

 

Estas donaciones tienen como destino, además de la Nueva Villa de La Iguaná, los sectores Pinares de Oriente y Moravia, donde habitan familias desplazadas y con difíciles condiciones socioeconómicas

Una vez más el encargado de liderar esta campaña, denominada en esta ocasión “En navidad regala una sonrisa con el corazón”, fue el docente de la Facultad de Arquitectura, Rafael Rueda, junto con estudiantes del voluntariado universitario y social del campus.

“En este proyecto estamos materializando seis años continuos, desde el 2009 hasta el 2014. Durante estos años, en las épocas de diciembre, el compromiso ético se materializa en los valores de la solidaridad, el respeto, la equidad, el diálogo y la responsabilidad social de la universidad con comunidades altamente vulnerables”, resalta el docente.

La comunidad de Nueva Villa de La Iguaná participó masivamente de la jornada denominada “Carrusel de la alegría y la fantasía”, en la que los niños, según su edad, disfrutaron de actividades deportivas, concursos, manualidades, juegos de calle y espectáculos culturales a cargo de la orquesta Salsa U.N., bailarinas de danza árabe y grupos de baile del barrio.

“He sido fiel veedora de lo que la Universidad Nacional, los jóvenes y el profesor Rafael han hecho con nuestra comunidad; toda esa labor social y la culminación de hoy es lo mejor. Con todo su voluntariado y con el apoyo que nos brindan, nos traen diversión y alimentos, estamos muy agradecidos”, expresó Gladys Carmona, presidenta de la Junta de Acción Comunal del sector.

El voluntariado universitario y social, conformado por estudiantes y egresados de la Sede, trabajó en esta jornada de la mano de otros grupos de instituciones como la Universidad Pontificia Bolivariana y la Fundación Universitaria Luis Amigó. Varios miembros han acompañado esta labor desde hace unos cuantos años y resaltan el valor de la experiencia con las comunidades.

 “Llevo tres años participando en el voluntariado de la Universidad y lo que más rescato es aprender a crecer como persona y a trabajar con la gente, pues más allá de lo académico, la vida tiene otras cosas mucho más importantes que alimentan. Es venir a compartir aquí con los niños, darles una sonrisa, conocer sus historias de vida y saber que uno puede ayudar en algo”, expresa Alejandra López, estudiante de Ingeniería Administrativa.

Los voluntarios esperan que se fortalezca la participación de la comunidad universitaria en este tipo de actividades y mantener su labor de extensión solidaria con las poblaciones más vulnerables de la ciudad.